Intelectuales indignados

Para distraerme de lo que estoy escribiendo sobre política estos días he recordado hoy el magnífico retrato del intelectual que hizo Tom Wolfe, el autor de La hoguera de las vanidades. Fue hace varios años y dice así:

..Un intelectual tiene que indignarse sobre algo. Como dijo McLuhan, la indignación moral es la estrategia adecuada para revestir de dignidad al idiota, y eso es lo que hace la mayoría de los que se dicen de izquierdas: en lugar de pensar -lo cual es duro, lleva tiempo, hay que leer-, se indignan por algo, y eso les reviste de dignidad. Siempre han escogido las opciones equivocadas…

Me atrevo a decir que la definición de intelectual y la de indignado, hoy tan de moda, son recíprocas. El intelectual se indigna, el que se indigna es intelectual. ¿De qué se indigna? ¿Qué materia científica, filosófica, teológica, literaria… domina en intelectual? No importa. En realidad, ninguna en concreto. No se es intelectual de esto o lo otro. Se es indignado. Pensar es arduo. Exige disciplina, constancia y no está al alcance de cualquiera.

Además, ¿qué importa todo eso? Primero me indigno. Luego ya veremos. Un intelectual es alguien como los ciento cincuenta abajo-firmantes del manifiesto que sobrevuela la nube, un seguidor de Hessel, ese señor que impuso la extraña obligación moral de estar indignado, un estado de ánimo en que ahora han coincidido muchos jóvenes que se agrupan en la Puerta del Sol y plantan tomates desconociendo que no es la fecha, y piden democracia real sin saber que piden tiranía, y exigen libertad sin darse cuenta de que quieren un amo que seguramente tendrán, y…

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