Abel Sánchez, una historia de pasión

Unamuno, Miguel de
Abel Sánchez, una historia de pasión

Recuérdese el mandato evangélico: «Amarás a tu prójimo como a tí mismo.» Se da por supuesto que cada uno se ama a sí mismo. En su tremendo análisis de la envidia, Abel Sánchez, Unamuno hace decir a su personaje Joaquín Monegro: «¡Señor, Señor! ¡Tú me dijiste: ama a tu prójimo como a ti mismo! Y yo no amo al prójimo, no puedo amarle, porque no me amo, no sé amarme, no puedo amarme a mí mismo. ¿Qué has hecho de mí, Señor?» La falta de amor a sí mismo sería la raíz de la envidia, del odio, porque Joaquín llega a pensar que vive en una tierra en que el precepto parece ser: «Odia a tu prójimo como a ti mismo.» (J. Marías)

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