Antonio Alcalá Galiano

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Antonio Alcalá Galiano (1789-1865) es el modelo de liberal español que ha pasado por las varias etapas de la ideología, desde el radicalismo ingenuo y utópico que pone su fe en un orden nuevo, próspero y armónico para la nación española que sus correligionarios estaban construyendo, hasta el realismo de quien, pasados los años y los avatares de una parte importante del siglo XIX, comprende que los españoles no añoran esa utopía y que las instituciones tradicionales tardan demasiado tiempo en desaparecer para dar lugar a otras nuevas: gobierno representativo, constitucionalismo, etc. Por ello acabó aceptando la doctrina del justo media, si no en sentido aristotélico, sí al manos como actitud resignada de quien ve que los hombres no rigen la historia como ellos quisieran y que lo viejo se resiste a morir para dar paso a lo nuevo. En otras palabras, don Antonio se volvió pragmático y sabio, por lo que los que siguieron su estela, los jóvenes herederos de sus ideales de juventud, lo menospreciaron y se negaron a reconocer su aportación intelectual y práctica a la historia de España.

 

Alcalá Galiano, A.
Memorias

“Voy a referir los sucesos de mi vida, con los cuales están eslabonados muchos de los más importantes de mi patria. Razón esta última que me disculpará en alguna manera de la nota de presuntuoso que justamente se me podría poner por el hecho de ocupar la atención pública en negocios de mi pobre persona, pues con la grandeza de un objeto quedará compensada la pequeñez suma del otro, con él tan audazmente apareado. Bien que tampoco se debe extrañar que algo diga de mí propio, cuando tanto, y no en mi honra, han dicho y dicen varios escritores; pareciendo muy justo que, si bien de chica estatura moral o intelectual, pero levantado sobre un pedestal enorme, habiéndome dado a conocer en grado superior al de mis merecimientos, quiera manifestarme tal cual soy, o cual me creo yo mismo, y no según me pintan la malquerencia de mis contrarios o la equivocación de otros a quienes estos alucinan. Razón hay para que se defienda un hombre a quien agravian, para que se sincere un sujeto al cual hacen cargos completamente injustos muchos, abultados otros, y unos pocos, si justos, de los que admiten disculpa; y por eso procuraré refutar calumniosas acusaciones, desvanecer errados supuestos, vociferar flaquezas cuando en mí las conozca, ya se trate de lo presente, ya de lo pasado, reducir a sus verdaderas dimensiones culpas que, siendo veniales, han sido pintadas o son tenidas por gravísimas, todo ello sin darme por menos falible ahora que lo he sido antes, convencido de lo posible de ser nuevo yerro el que estimo desengaño, pero con intención sana y con lisura, no mereciendo censura severa si me engaña o descamina el celo de mi propia honra.” (Alcalá Galiano)

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