Aristóteles. El arte poética

Aristóteles No fue griego de nacimiento, pues nació en Estagira, una ciudad del reino de Macedonia, el año 384 a. C. Fue hijo de Nicómaco, que era amigo y médico de Amintas II, el predecesor de Filipo en el trono macedón. El padre lo envió a la academia platónica a estudiar a los 18 años y permaneció en ella hasta la muerte del maestro, cuando contaba 37. Platón llegó a decir de él que mientros otros necesitaban espuelas, Aristóteles necesitaba frenos. Al hacerse cargo Espeusipo de la dirección de la Academia atendió la llamada de Hermias, el gobernante de Assos, para que acudiera a su ciudad, donde se casó con su sobrina e hija adoptiva, Pythia, de la que tuvo un hijo, al que puso el nombre de Nicómaco. Tres años más tarde, el año 343, Filipo II de Macedonia le encargó la educación de su hijo, el que luego sería llamado Alejandro Magno. Esta tarea le tuvo ocupado durante ocho años. Volvió a Atenas el 335 ó 334, donde fundó su propia escuela, el Liceo, que fue más una institución dedicada al estudio y la investigación por parte de pensadores maduros que una escuela dedicada a la instrucción o la enseñanza. Cuando murió Alejandro, el año 323 a. C., hubo una reacción antimacedónica en Atenas y Aristóteles fue acusado de asébeia (impiedad), lo que le hizo retirarse a Eubea, donde vivió hasta su muerte, el 322 ó 321 a. C.


Aristóteles
El arte poética
Traducción, prólogo y notas de José Goya y Muniaín

El_arte_potica_Cover_for_Kindle“El arte poética” de Aristóteles fue un escrito esotérico, destinado a ser conocido solo por los alumnos del Liceo. Ese hecho lo ha convertido en un texto incompleto y oscuro, sobre cuya composición no ha habido acuerdo universal entre editores y estudiosos desde que fue conocido. Lo cual no ha restado un ápice a la enorme importancia que siempre se le ha otorgado. Se ha llegado a decir, no sin razón que las teoría estéticas actuales están hechas a imagen de las contenidas en esta vieja obra. Las de Francia, España y otros países a lo largo de los siglos XVII y XVIII son herencia aristotélica sin duda alguna. A ello se han debido las múltiples traducciones que se han hecho en todos ellos. Las más importantes de las vertidas a nuestro idioma también tuvieron lugar en esas fechas ilustradas. Fue la primera de de Alonso Ordóñez das Seijas, en el año 1626, que vio una reimpresión corregida y anotada el 1778, bajo la pluma de Casimiro Flórez Canseco, hasta que José Goya y Muniaín, que tuvo ante sí las dos anteriores y alguna otra de la que ahora hay escasa constancia, sacó a la luz una tercera versión el año 1798. Esta es la que aquí se ofrece. La presente edición se abre con una dedicatoria del traductor a Jovellanos, un prólogo llamado “Al que leyere”, el contenido de la obra de Aristóteles (la primera edición era bilingüe, para que hubiera la oportunidad de confrontar el original griego con la traducción de Goya) y unas notas que acompañan a cada uno de los seis capítulos para ayudar a la comprensión de las ideas aristotélicas. Dichas ideas, verdaderamente preciosas, según Goya, puesto que ninguna nación culta las ha dejado sin verter a su propia lengua, cobran especial importancia en un momento en que el universo de la estética está siendo invadido por el Romanticismo. El traductor hace frente a este movimiento tomando armas junto a Aristóteles, modelo del clasicismo que estaba siendo amenazado. Pero no se trata solo de eso, sino también de su deseo de poner a España junto a las naciones cultas de Europa, pues, a su juicio, los españoles no han descuidado nunca las ideas del mejor de los filósofos a la hora de dar cuerpo a sus obras estéticas. Por ello alude a la cumbre artística del siglo XVI español, cuando se estudiaban los mejores originales de las antiguas Grecia y Roma.

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