Aristóteles. Ética a Nicómaco

Aristóteles No fue griego de nacimiento, pues nació en Estagira, una ciudad del reino de Macedonia, el año 384 a. C. Fue hijo de Nicómaco, que era amigo y médico de Amintas II, el predecesor de Filipo en el trono macedón. El padre lo envió a la academia platónica a estudiar a los 18 años y permaneció en ella hasta la muerte del maestro, cuando contaba 37. Platón llegó a decir de él que mientros otros necesitaban espuelas, Aristóteles necesitaba frenos. Al hacerse cargo Espeusipo de la dirección de la Academia atendió la llamada de Hermias, el gobernante de Assos, para que acudiera a su ciudad, donde se casó con su sobrina e hija adoptiva, Pythia, de la que tuvo un hijo, al que puso el nombre de Nicómaco. Tres años más tarde, el año 343, Filipo II de Macedonia le encargó la educación de su hijo, el que luego sería llamado Alejandro Magno. Esta tarea le tuvo ocupado durante ocho años. Volvió a Atenas el 335 ó 334, donde fundó su propia escuela, el Liceo, que fue más una institución dedicada al estudio y la investigación por parte de pensadores maduros que una escuela dedicada a la instrucción o la enseñanza. Cuando murió Alejandro, el año 323 a. C., hubo una reacción antimacedónica en Atenas y Aristóteles fue acusado de asébeia (impiedad), lo que le hizo retirarse a Eubea, donde vivió hasta su muerte, el 322 ó 321 a. C.


Aristóteles
Ética a Nicómaco
Traducción de Pedro Simón Abril

Trátase, pues, Aristóteles en la moral filosofía, de la misma manera que un prudente arquitecto en el hacer de un edificio. Porque el arquitecto lo primero que hace es trazar en su entendimiento la forma y traza que le ha de dar al edificio, las alturas, los repartimientos de aposentos, y todo lo demás que requiere aquella suerte de edificio que determina edificar. Hecha ya su traza, procura los medios y materiales de que lo ha de edificar: la madera, el ladrillo, la teja, la clavazón, la piedra, y las demás cosas de que se ha de hacer el edificio, las cuales procura reconocer si son tales cuales deben ser para el edificio, y así hace labrar la madera, picar la piedra, cocer bien el ladrillo, y, después, conforme a la traza de su entendimiento, echa sus cimientos, levanta sus paredes, hace sus pilares, cubre su tejado, reparte sus estancias: y así da el remate a su edificio. De esta misma manera se trata este filósofo en su moral filosofía, en la cual pone como por su último fin, dibujar una república regida bien y con prudencia, porque éste es el último fin de la felicidad humana, digo de la que se puede alcanzar en esta vida, que de la otra él poca noticia tuvo, o, por mejor decir, ninguna. Pero como los materiales de que se ha de edificar esta república son los hombres, como en el edificio las piedras y maderos, antes de hacer su edificio de república, la cual es la materia de la otra obra, procura en ésta, que a la otra precede, disponer la materia, que son los hombres y tratar de sus costumbres y obras y de las demás cosas que para alcanzar los hombres su último fin han menester. Esta es, pues, la materia o argumento de este libro: tratar de la felicidad del hombre, en qué consiste y por qué medios se alcanza; y porque los medios son los hábitos de virtud, mediante quien fácilmente los hombres en buenos actos y ejercicios se ejercitan, por esto trata de las virtudes, como de medios por donde se alcanza la felicidad. (Pedro Simón Abril, “Prólogo. Del intérprete al lector”)

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