Aristóteles. Metafísica

Aristóteles No fue griego de nacimiento, pues nació en Estagira, una ciudad del reino de Macedonia, el año 384 a. C. Fue hijo de Nicómaco, que era amigo y médico de Amintas II, el predecesor de Filipo en el trono macedón. El padre lo envió a la academia platónica a estudiar a los 18 años y permaneció en ella hasta la muerte del maestro, cuando contaba 37. Platón llegó a decir de él que mientros otros necesitaban espuelas, Aristóteles necesitaba frenos. Al hacerse cargo Espeusipo de la dirección de la Academia atendió la llamada de Hermias, el gobernante de Assos, para que acudiera a su ciudad, donde se casó con su sobrina e hija adoptiva, Pythia, de la que tuvo un hijo, al que puso el nombre de Nicómaco. Tres años más tarde, el año 343, Filipo II de Macedonia le encargó la educación de su hijo, el que luego sería llamado Alejandro Magno. Esta tarea le tuvo ocupado durante ocho años. Volvió a Atenas el 335 ó 334, donde fundó su propia escuela, el Liceo, que fue más una institución dedicada al estudio y la investigación por parte de pensadores maduros que una escuela dedicada a la instrucción o la enseñanza. Cuando murió Alejandro, el año 323 a. C., hubo una reacción antimacedónica en Atenas y Aristóteles fue acusado de asébeia (impiedad), lo que le hizo retirarse a Eubea, donde vivió hasta su muerte, el 322 ó 321 a. C.


Aristóteles
Metafísica

Este universo animado, dotado de movimiento propio, es lo único existente. En él no hay almas espirituales ni ideas platónicas. Su centro está ocupado por la Tierra inmóvil y su periferia por las estrellas fijas. Entre el centro y la periferia están las esferas cristalinas invisibles, esferas de éter, quinta esencia más pura que el fuego. Estas esferas concéntricas arrastran en su rotación a las estrellas, tachonadas en ellas como clavos de luz. Las inferiores son movidas por las superiores en giros perfectamente regulares que, combinados entre sí, son susceptibles de explicar los movimientos irregulares de los planetas. Por debajo de las esferas de éter, que viven y sienten, se sitúan las regiones sublunares de la tierra, el agua, el aire y el fuego hacia abajo o hacia arriba. Hechos de fuego y éter, los astros y las esferas son divinos. Pero no basta con esto para entender el universo. Hace falta alguna razón, orden u organización de la que todo él dependa. Ya se ha advertido repetidamente que nada puede ser causa de su propio movimiento, porque mientras un cambio tiene lugar la potencia está incompletamente actualizada y porque el agente del cambio debe estar en posesión de la forma. Lo que fuera capaz de moverse a sí mismo debería ser potencial a la vez que actual, lo que es absurdo. Lo mismo vale para el universo entero; también para él debe haber una causa formal exterior, que debe ser eterna, porque él es eterno. Lo mismo que el embrión acaba realizando la forma de su progenitor, el universo tiende a realizar una forma; sólo que él nunca la alcanza, porque es una forma desprovista de materia, forma perfecta, acabada e inmóvil.

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