Belmonte Bermúdez. El diablo predicador

Belmonte Bermúdez, Luis
El diablo predicador

El_diablo_predicador_Cover_for_KindleLuis Belmonte Bermúdez, de quien se sabe que nació en Sevilla y murió en Madrid cuando contaba unos sesenta y tres años, pues se ignora su fecha exacta de nacimiento y fallecimiento, fue cronista de Indias, poeta, cronista, dramaturgo, etc., en la época dorada de la literatura española. Vivió en Méjico y Perú, entre otros lugares, y en todos se dedicó a las letras, unas veces como cronista, otras como secretario del general Pedro Fernández de Quirós, a cuyo servicio redactó una historia del descubrimiento de regiones australes a cuenta del dicho general. Volvió a España el año 1616 y fijó primero su residencia en Sevilla, pasando luego pasó a Madrid para participar en las justas poéticas de San Isidro. Después dejó la poesía y se dedicó a la dramaturgia.

La acción pasa en Luca, y la intención del actor es celebrar las glorias del patriarca S. Francisco y aumentar la influencia de sus discípulos. En la larga relación que el autor pone en boca de Lucifer, y da principio al drama, se supone que aquel ha llegado al colmo de sus deseos, triunfando de sus enemigos, por cuanto ha logrado excitar el odio y mala voluntad del vecindario de Luca contra un convento de pobres frailes franciscos establecido en dicha ciudad , en términos que todos les niegan limosna y los ponen á punto de perecer de necesidad. Su triunfo empero es efímero: aparece S. Miguel con el niño Jesús en los brazos, y manda á Satanás convierta á los mismos cuyos corazones ha endurecido, construya el convento de aquellos santos varones, que casi ha arruinado, y ponga á los frailes, apedreados entonces por los muchachos en las calles, en el estado de seguridad, decoro y respeto de que han sido privados. La gracia principal del drama está en el método que el diablo adopta para poner por obra la ingrata tarea que le ha sido impuesta. Para lograrlo se viste el hábito de los frailes á quienes tanto aborrece, sale por la ciudad a hacer la excitación , dirige la construcción de un nuevo edificio mayor y mas cómodo, que les hade servir de albergue y hospedería, reza, predica, hace milagros, y todo esto lo ejecuta con el mayor fervor y devoción, con tal de salir cuanto antes de un negocio tan desapacible y amargo para él , y del cual se queja continuamente en frases equívocas y apartes llenos de rabia y encono, que le desahogan y consuelan en medio de sus disgustos. Logra por fin su objeto, da cima á su odiado proyecto, y ninguna honra ni recompensa recibe por la ejecución. Al contrario, en la última escena tiene que confesar quien es, y que no le queda otro arbitrio que marchar á las llamas del fuego eterno, en las cuales se hunde, como otro D. Juan Tenorio, en presencia de los espectadores, edificados y compungidos. La acción dura cinco meses : hay una intriga subalterna que apenas perturba el interés principal, y uno de los personajes, la heroína del drama, es una figura dulce y simpática ; el carácter del padre guardian del convento, sencillo, humilde, confiado y sumiso á la voluntad divina, está muy bien trazado, y contrasta singularmente con el del gracioso de la comedia, un lego tímido, embustero y glotón, tan ignorante como sagaz, y á quien el diablo atormenta de mil maneras siempre que puede distraerse de la grande obra que tanto desea terminar. (Ticknor)

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