Benito Feijoo

Feijóo era un ilustrado, pero todo lo contrario de un epígono o loro amaestrado del pensamiento foráneo; así la reforma de la enseñanza propugnada por él estaba inspirada no en la pedagogía francesa, sino en la de Vives. A pesar de ello, se le ha llamado «El Voltaire español», una interpretación que carece de todo fundamento. Menéndez y Pelayo le reprocha también su afrancesamiento y su frecuente uso de galicismos, pero ello no es óbice para que elogie su saber y escriba que «Feijóo es el hombre a quien más debió la cultura española en el siglo XVIII». El hecho de que citase a Montaigne, Fénelon, Descartes, Malebranche, Bossuet o Gassendi y leyese el Journal des Savants era, para un hombre culto de su tiempo, completamente normal y no basta para calificarle de afrancesado. Leía y admiraba también al Canciller Roger Bacon, a Isaac Newton y a Tomás Moro, pero ello no significa que fuera un admirador de todo lo inglés, como demuestran sus duros ataques a Hobbes o a Cromwell. Su devoción a los clásicos latinos no fue tampoco obstáculo para que denunciara los aspectos negativos del Imperio Romano, atacara a Savonarola o llamara «infame» a Maquiavelo. Más allá de las etiquetas que se le colgaron para desprestigiar su obra, el monje benedictino fue, ante todo y en primer lugar, un creyente español, y como tal vivió, enseñó y escribió, lo que no le impidió combatir los errores y abusos cometidos por el Cristianismo y optar por la desconfesionalización de la vida española. De la misma manera, supo armonizar su formación básicamente escolástica y tomista con la defensa de las corrientes modernas de pensamiento. (Heleno Saña)


Fr. Jerónimo Jerónimo Feijoo y Montenegro
Cartas eruditas y curiosas

En  España el exponente más claro del espíritu de la Ilustración es Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro. Nació el 8 de octubre de 1676 en Casdemiro (Orense) y murió el 26 de septiembre de 1764 en Oviedo. Después de ingresar en la orden benedictina, cursó Filosofía en Pontevedra (1693) y luego Filosofía y Teología en Salamanca (1695-1698). En 1709 obtuvo la cátedra de Teología de santo Tomás de Aquino en la Universidad de Oviedo. Desde 1773 se dedicó a redactar su amplio espectro de discursos (filosóficos, científicos, sociológicos, etcétera) contenidos en su “Teatro crítico universal” (1726-1739) y las “Cartas eruditas y curiosas” (1742-1760). La temática dominante en sus discursos se cifra en la impugnación de las supersticiones, en la divulgación de los conocimientos científicos y en los problemas filosóficos. Feijoo se halla a la cabeza entre los representantes de la Ilustración española e introduce un movimiento de transformación de la sociedad religiosa en una sociedad basada en la racionalidad y los conocimientos científicos.

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Había en su mente gérmenes positivistas (si esta palabra no se toma in malem partem ó empíricos, si queremos buscar algo menos mal sonante. Enamorábale el Gran magisterio de la experiencia. La demostración ha de buscarse en la Naturaleza… «Por ninguna doctrina filosófica es dado llegar al conocimiento, no ya de lo suprasensible, sino de la verdadera é íntima naturaleza de lo sensible» «La investigación de los principios es inaccesible al ingenio humano». Todas estas proposiciones tan discutibles (y la última falsa en sus términos literales, como que es la negación de la Metafísica), no impiden á Feijóo ser tan idealista como el que más, cuando llega el caso.
Dígalo su ensueño Sobre la posibilidad de un sexto sentido; su disertación cartesiana. Que no ven los ojos, sino el alma; su opinión Sobre la racionalidad de los brutos, que supone un medio entre espíritu, y materia; su Persuasión del amor de Dios, fundada en un principio de la más sublime Metafísica, es decir, en la aspiración al bien infinito. (M. Pelayo)

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Hombre de mucho entendimiento, y extraordinaria afición a la lectura, (Feijoo) habíase formado intelectualmente leyendo cuanto cayó en sus manos, sin ninguna prevención contra las doctrinas y teorías nuevas, antes por lo contrario, hallando en la novedad un sugestivo aliciente.
La veneración a lo antiguo y tradicional, llevada al colmo o al mayor exceso, era entonces cosa común en los estudiosos. Feijoo se apartó de esta senda, y fue, como se calificaba él mismo, un ciudadano libre de la república de las letras, dando el primer ejemplo de filosofar discursiva, libre, ligera y amenamente sobre todos los puntos que Dios ha dejado libres a las disputas de los hombres; es decir, acatando escrupulosa y fervorosamente los dogmas, pues nadie más sincero y piadoso católico que él; pero sin someter su pensamiento a ninguna tradición, escuela o autor, por acreditados que fuesen en el orden científico, diciendo sobre cada idea o sistema lo que le parecía, sin respetos humanos, y tomando por fuentes de conocimiento, no los venerables infolios de otras edades, sino cuanto se iba publicando en el extranjero, especialmente en Francia. (Salcedo)

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Nada detendrá a Feijoo, excepto su dogma católico, para conseguir lo que se proponía. Repetidas veces escribe que su intento es «sólo proponer la verdad». Reacciona violentamente contra los errores supersticiosos y contra la falsa ciencia de su época. Hay, pues, para Feijoo, un problema de educación popular y un problema científico, que resolver, que es el problema que se plantearon todos los espíritus más finos del siglo XVIII: Cadalso, Jovellanos, etc. Para Feijoo, nuestro problema estribaba en hacer progresar en las Universidades la Física, la Anatomía, la Geografía y la Historia Natural, y, al mismo tiempo, crear un ambiente, por medio de la divulgación, para que estas materias prosperasen en nuestra patria. (Blecua)

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Feijoo es un paladín de la ciencia moderna y un crítico de las ideas y costumbres de la sociedad española, así como del dogmatismo filosófico de las universidades. Presta especial atención a Francis Bacon, cuya lucha contra los prejuicios y defensa de la inducción comparte. Defiende con denuedo el estudio de los fenómenos y la explicación por causas racionales, así como el conocimiento de la naturaleza y la primacía de la experiencia frente a los presupuestos dogmáticos y la argumentación por autoridad. Feijoo asume la línea de pensamiento moderno marcada por Galileo, Descartes, Leibniz, Locke y Newton. Se queja de la aversión española contra toda novedad y del excesivo celo por la religión. Él, por su parte, tiende a una posición crítica y ecléctica. Pese a su admiración por Descartes, se opone al mecanicismo en la explicación de la vida animal. Atribuye a los animales cierto esbozo de razonamiento. Se acerca a Leibniz en el paralelismo de la acción anímica y de la corporal. Para la explicación del tiempo recurre a un sexto sentido que percibe inmediatamente el tiempo, anticipando en cierto modo el apriorismo del tiempo en Kant. Los escritos de Feijoo contienen, además, notables aportaciones a la reforma de la pedagogía y al estudio de los problemas sociales. Su amplísima obra destaca más por la crítica que por la elaboración de un sistema organizado de pensamiento. ( Hirschberger)

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