Calderón de la Barca. El alcalde de Zalamea

Calderón de la Barca, Pedro
El alcalde de Zalamea

El_alcalde_de_Zalame_Cover_for_KindleSe dice que Calderón, nacido en Madrid el año 1600, lloró tres veces en el seno materno, “por entrar en el mundo con la sombra de la tristeza, quien como nuevo sol, le había de llenar de inmensas alegrías “. Diéronle sus padres buena educación: estudio de la gramática en el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús siendo todavía un niño, traslado a la Universidad Salmantina a los quince años, donde aprendió todo lo que en ella se enseñaba, de tal manera que a los veinte ya estaba dando lustre y brillo a los teatros de España con sus obras. Luego vivió en Madrid, en donde vio por sí mismo la sociedad y sus tramas, llevándola a sus dramas con elevada maestría. No debió pasar por alto los amores propios de la juventud y sus azares, según se desprende del romance que compuso a una dama que “deseaba saber su estado, persona y vida”. En 1725, al servicio del rey, pasó por Milán y por Flandes, donde comprendió que las armas y las letras no son contrarias, sino hermanas. Nombrado poeta cortesano o cesáreo por Felipe IV, sucediendo a Lope de Vega, recibió el hábito de Santiago por la estima en que el monarca le tenía. Mas, aunque su señor no era partidario de que saliera a campaña con su orden, a él no le pareció digno componer versos mientras sus compañeros esgrimían la espada, así que les siguió a donde sus dotes militares le requerían. En 1651 se hizo sacerdote, siendo agraciado en poco tiempo con la capellanía de “los tres reyes nuevos de Toledo”, entre otros honores que se le concedieron. Calderón dejó de existir el 25 de mayo de 1681. Su muerte se anunció como una gran desgracia en España, Nápoles, Roma, Milán y Roma. “El Alcalde de Zalamea” pertenece a la clase de los dramas novelescos. Participa algo de la tragedia (por lo que algunos lo han calificado de drama trágico), en cuanto que se distingue por el grande y terrible efecto trágico que en él hay. Distínguese además esta obra porque no sólo se funda en el honor con todos los rigores que éste impone, sino que es como una síntesis perfecta de los sentimientos predominantemente característicos del pueblo español de la época a que se refiere, según puede observarse por su argumento. Sobresale esta obra, dejando a un lado la buena traza de la fábula y lo magistralmente que se halla conducida la acción, por la pintura de los caracteres. Acerca de este punto dice Schack: “Por sus caracteres marcados y vivos no hay drama de Calderón que aventaje a éste. El anciano D. Lope de Figueroa, endurecido y áspero por sus largas campañas, pero humano en el fondo; el honrado Pedro Crespo después, representante legítimo del labrador español en su figura más noble, fiel a su rey y a su obligación, y con un ánimo de fortaleza invencible; el disoluto y altanero capitán, la alegre vivandera Chispa, las gallardas y graciosas fisonomías de Juan e Isabel, y en fin, los diversos soldados, inmorales y crueles, pero valientes, he aquí una galería de las figuras más varias y con más viva verdad trazadas, que pueden mencionarse “. Gran originalidad hay en todo este drama así en los caracteres como en la manera de presentar las situaciones, siendo el desenlace de un sabor trágico bastante subido, con la circunstancia de que el castigo no repugna a pesar de ser tan terrible, tanto porque corresponde a la magnitud de la culpa, por lo que resulta justificado, cuanto porque lo impone un pobre labrador contra la voluntad de un hombre de posición, poder y prestigio, circunstancia que cuadra perfectamente a los sentimientos de nuestro pueblo. El carácter del alcalde Crespo es uno de los más nobles y simpáticos de nuestro teatro, por la firmeza, valor y energía, y a veces por la razonable moderación con que este personaje se conduce. El sentimiento del honor, juntamente con el respeto al monarca, se revelan en este drama de una manera admirable, reflejando además el sentido democrático de que más de una vez dieron prueba los españoles al encontrarse frente a frente de los reyes y los poderosos. (Revilla)

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