Calderón de la Barca. Las manos blancas no ofenden

Calderón de la Barca
Las manos blancas no ofenden

Las_manos_blancas_no_Cover_for_KindleEste drama es una de las composiciones más admirables y de mayor mérito entre las de su clase, por su enredo, hábil y dramático, en lo general, así en la traza como en el desempeño, interesándonos por lo mismo, y llevando el sello más esplendente de sublime poesía. Serafina, la joven princesa de Ursino, se ve perseguida en su corte por muchos pretendientes á su mano, siendo el más favorecido su primo Federigo, que la ha salvado recientemente de un incendio con peligro de su vida. Este Federigo, ahora enamorado de ella, es infiel por esta causa á su antigua amada Lisarda, la cual (usando del ardid, tantas veces empleado por Tirso de Molina), se disfraza de hombre, y llega á la corte bajo el nombre del príncipe César de Orbitel para oponerse á los planes de su infiel amante. Al mismo tiempo el príncipe Don César, mancebo de singular belleza, casi femenina, y con el objeto de escapar de la solícita y angustiosa ternura de su madre, se viste á su vez de mujer, y con este disfraz se pone en camino hacia Ursino, para formar también parte de la turba de pretendientes: un suceso casual le impide abandonar sus vestiduras en ocasión oportuna, y llega así á la corte de Serafina. El nuevo Aquiles de Sciros mueve entonces en la Princesa un sentimiento amoroso, que ella confunde con la amistad. Compréndese fácilmente el partido ingenioso, que el poeta obtiene de esta situación, á cuyo desarrollo contribuyen también otros hechos, que utiliza, no siendo posible exponerlo por los límites estrechos á que hemos de reducirnos. El desenlace consiste en que Serafina, cuando Don César al fin se descubre, le ofrece su mano, puesto que su corazón era ya suyo, y Federigo, curado de su olvido pasajero, vuelve apasionado á los brazos de su primera amada. (Schack)

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