Episodios nacionales

Novelista, dramaturgo y cronista español, Benito Pérez Galdós es uno de los principales representantes de la novela realista del siglo XIX y uno de los más importantes escritores en lengua española. Su estancia en Madrid, donde estudió Derecho, le permitió comenzar a realizar colaboraciones en revistas y frecuentar los ambientes literarios de la época. Sus obras, de un nítido realismo, fueron un reflejo de su preocupación por los problemas políticos y sociales del momento. Gran observador, su genial intuición le permitió plasmar fielmente las atmósferas de los ambientes y los retratos de lugares y de personajes. De su «producción literaria destacan La Fontana de OroEl audaz, los Episodios nacionales (serie de 46 libros empezada en 1873 con Trafalgar), Doña Perfecta, Fortunata y Jacinta, Tristana, Realidad (su primera obra de teatro), La loca de la casa, Casandra, Electra y El caballero encantado. Galdós fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1889 y candidato al Premio Nobel de Literatura en 1912.

Valor histórico de los Episodios nacionales

Los Episodios, como dijo Menéndez Pelayo en el discurso de contestación al de ingreso del Sr. Pérez Galdós en la Academia Española, han enseñado verdadera historia a muchos que no la sabían. A mi parecer es exacto este juicio, y el testimonio no puede ser más autorizado, no sólo por la calidad de quien lo aporta, sino por la radical diferencia de ideas entre el autor de los Heterodoxos y el de los Episodios Nacionales. Estos libros han realizado, en efecto, una labor de divulgación histórica. Son una especie de historia poética de los orígenes de la España contemporánea, que ha hecho ver el espíritu de los sucesos, mostrando el interior de las almas, lo que sentían, pensaban y querían los españoles en los dos primeros tercios del siglo XIX, y al mismo tiempo ha acertado a dar un alto y dramático relieve a los principales acontecimientos, consiguiendo que hieran vivamente las imaginaciones.

No puede la novela histórica, aun siendo tan imparcial y exacta en sus referencias como son por lo general las de Galdós, competir con la fidelidad de la historia y lo riguroso y certero de los métodos de ésta. La novela de esta clase, aunque se aproveche lícitamente de los frutos de la investigación histórica, tiene que conceder una amplia parte a la imaginación, y en tal obra, cuando está bien trabada la parte imaginativa con la real, llega a no saberse qué es lo histórico y qué lo inventa do. Pero en cambio, para la tarea de divulgación histórica tiene la novela la superior eficacia de la sugestión que ejerce sobre la fantasía. Viene a ser algo así como las estampas y cuadros murales que se usan en las escuelas. Una seca narración histórica se olvida rápidamente y deja una impresión abstracta y superficial. Los pormenores que leímos en una novela histórica bien escrita, duran mucho en el espíritu y nos hacen ver por modo plástico lo que era una época. En este sentido, Galdós ha enseñado historia, principalmente historia interna, historia de las costumbres, que es el cimiento de la historia externa, pública y solemne.

Hay que aplaudir al novelista por la circunspección con que ha tratado el asunto histórico, muchas veces escabroso, en el transcurso del período que abarcan los Episodios, lleno de murmuraciones de historia libelesca y clandestina. Galdós ha apuntado con delicadeza lo que convenía apuntar, para que no quedasen claros y lagunas en el cuadro de las costumbres y en la psicología de los personajes; pero jamás traspasa los límites de una moderación benévola, muy conveniente cuando se trata de juzgar a personajes que o son todavía de este mundo o acaban de llegar a la historia y aún no han tomado en ella clara y definitiva postura. Si se comparan en este particular los Episodios con algunos libros escritos con intención histórica, como los de D. Miguel Villalba Hervás, que no carecen ciertamente de atractivo e interés, se advertirá que en punto a serenidad y templanza lleva el novelista toda la ventaja sobre el historiador, al revés de lo que sería natural que ocurriese. Esta moderación y este buen uso del respeto a las personas, junto con la habilidad de decir en términos decorosos lo conveniente, ha ayudado mucho al buen éxito de los Episodios, que no han agraviado a nadie, hablando de sucesos propicios a todo género de agravios. (Andrenio, Novelas y novelistas)


Primera serie

Que abarca desde Trafalgar hasta La batalla de los Arapiles, es decir, desde la batalla naval que enfrentó a la armada franco-española y la inglesa frente al cabo de Trafalgar,  hasta la que tuvo lugar en las proximidades de Salamanca, en las cercanías de dos montículos, el Arapil Chico y el Arapil Grande. La extensa documentación que tuvo en cuenta Galdós para dar cuenta de los preliminares, el transcurso y el resultado de la primera, le permitió ceñirse en todas sus páginas a la realidad. La segunda fue quizá la más importante batalla de la Guerra de la Independencia. Se enfrentaron un ejército formado por españoles e ingleses a las órdenes de Arthur Wellesley, primer Duque de Wellington, y otro francés, comandado por el Mariscal Auguste Marmont, de lo que resultó una gran victoria y el comienzo de la derrota definitiva de Napoleón en España. En el intermedio hay otros Episodios de muy variada índole, pero todos cumplen el objetivo del autor: mostrar el espíritu nacional español en aquellas fechas. Se trata de libros sobre las primeras cortes constitucionalistas (Cádiz), sobre las ciudades sitiadas por el invasor francés (Gerona, Zaragoza), de batallas que se le ganaron (Bailén), de héroes que lucharon contra él (Juan Martín el Empecinado), etc.

1. Trafalgar

Comienza sus andanzas el personaje principal de esta serie, Gabriel de Araceli. Hace su aparición como un jovenzuelo pícaro de Cádiz que sirve a un viejo oficial de la Armada Española y así se ve envuelto en la batalla de Trafalgar a bordo del Santísima Trinidad, el buque insignia de la flota española.

Esta primera novela de la obra magna de Galdós es una muestra de su portentoso genio narrativo. Alrededor de un mozalbete pillastre de 14 años, el autor va tejiendo una trama que convierte al muchacho, después de su paso por las importantes sacudidas que trastornaron la patria durante la Guerra de la Independencia contra Napoleón, en un hombre de honor, caballeroso y valiente.

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2. La Corte de Carlos IV

Gabriel de Araceli es el narrador de esta segunda novela de los Episodios Nacionales. Se ven por dentro en ella los entresijos del llamado «Proceso del Escorial» y se examinan las causas de la traición del infante, que luego fue el rey Fernando VII, contra su padre, el rey Carlos IV.

Después de haber sobrevivido a Trafalgar, nuestro protagonista se traslada a Madrid como criado de Pepita González. Conoce a Inés, una chica de catorce años, de la que se enamora. Entra luego al servicio de la condesa Amaranta, lo que la abre las puertas a la corte madrileña y a sus intrigas y conspiraciones, entre ellas a la mencionada traición del príncipe, que se cerró con el Real Decreto de noviembre de 1807. No fue la única traición cometida por quien ha pasado a la historia con el mote de «Rey Felón».

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3. El 19 de marzo y el 2 de mayo

Todo sucede ahora entre Madrid y Aranjuez. Galdós desentraña los avatares que condujeron a la caída en desgracia del valido Godoy y narra desde la primera fila los sucesos de la heroica revuelta del pueblo madrileño contra las tropas de Napoleón, pues Gabriel de Araceli, su prometida Inés, el tío de ésta, un revolucionario de nombre Juan de Dios, además del párroco de Aranjuez, participan activamente en ella. El heroísmo del pueblo de Madrid tiene como contraste un juego de villanos, tanto de la nobleza como del pueblo llano. Los años pasan, dice el autor, las revoluciones van discurriendo unas detrás de otras y en ellas participan los de arriba y los de abajo, pero entre ambos hay un medio que no se hace notar.

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4. Bailén

El choque de las fuerzas napoleónicas y las españolas tiene un testigo de excepción: Gabriel de Araceli, que estuvo presente en la batalla de Bailén, que fue el episodio bélico más popular de la Guerra de Independencia. Al mando del General Castaños, un militar de avanzada edad que supo poner en orden los dispersos contingentes españoles, se ganó aquella batalla al general Dupont, un experimentado y hasta entonces victorioso militar francés.

El relato de Galdós se ajusta casi milimétricamente al desarrollo de la batalla real, que tuvo lugar el día 18 de julio de 1808 cerca de la ciudad de Bailén. A ello suma el autor una pormenorizada descripción de la psicología de los personajes, reales y ficticios, que participaron en aquella efeméride, llevada al lienzo por Casado del Alisal.

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5. Napoleón en Chamartín

Escrito en un solo mes, enero de 1874, este episodio describe el asedio de Madrid por el ejército francés a las órdenes del mismo Napoleón, incapaz de soportar la humillación de la derrota de Bailén. Es una campaña que cuenta nuevamente Gabriel de Araceli, cuya personalidad se va dibujando ya como la propia de un patriota y caballero español.

La trama transcurre a medio camino entre lo épico y el argumento novelesco ideado por Galdós. A un lado el pueblo de Madrid, heroico casi hasta el suicidio, pues se atrevió a plantar cara a un gran ejército bien disciplinado. Al otro los desvelos de Inés, la amada de Gabriel, la cual, tras encontrarse con su madre en la corte, no acaba de adaptarse a su nueva vida. Además de ello, cree que Gabriel ha muerto.

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6. Zaragoza

Gabriel, que ha conseguido escapar a la carnicería de los franceses en Madrid, se enrola en el ejército español que se está forjando a las órdenes de Palafox y asiste al segundo de los asedios que sufrió la ciudad de Zaragoza en la Guerra de la Independencia. En la sucesión propia de una pesadilla se turnan las escaramuzas de los combatientes, el hambre, una epidemia de fiebre amarilla que siembra las calles de muertos, el número superior de armas y hombres del ejército invasor, la heroicidad de los zaragozanos, hasta desembocar en la ruina y el saqueo final por parte del francés.

Y todo cantado en un grandioso tono épico, en particular cuanto tiene que ver con el general Palafox, luego nombrado Duque de Zaragoza por su gesta.

Como uno más de los entresijos de este episodio se presentan los amores de Agustín Montoria y Mariquilla, hija de Candiola, un individuo que la ciudad detesta por su avaricia y falta total de patriotismo.

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7. Gerona

Este episodio deja a Gabriel a un lado y pone al frente de la escena a un amigo suyo, de nombre Andresillo Marijuán, que sirve a las órdenes del general Álvarez de Castro en la defensa de Gerona, otra ciudad española que defendió la patria heroicamente de los ataques de Napoleón. El asedio se prolongó siete meses porque Álvarez de Castro se negó a entregar la ciudad al francés a pesar de los escasos efectivos con que contaba.

Como el de Zaragoza, el episodio de Gerona es desgarrador. También aquí hubieron de sufrir los asediados el hambre, la enfermedad, la muerte y finalmente, cuando ya estaban diezmados y exhaustos, la derrota y la ruina, pero no el deshonor ni la vergüenza. Zaragoza y Gerona fueron la respuesta de la furia ante la derrota de Bailén.

Cundió el desánimo ante un enemigo tan poderoso que de ese modo se entregaba a la devastación. A Gabriel de Araceli, que se encaminaba al Puerto de Santa María con el Ejército del Centro, le transmitió los sucesos de Gerona su amigo, y él a nosotros.

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8. Cádiz

En este episodio toma el protagonismo otra ciudad: Cádiz. Se trata del momento en que se constituyó la nación española por obra de la Constitución de 1812, que fue el modelo de otras cuarenta naciones. El mundo giró sobre sus goznes y comenzó otra era. No obstante, el Antiguo Régimen se resistió a morir durante todo el siglo recién comenzado. Gentes de la nobleza, del clero, mujeres, hombres, jóvenes, comerciantes, periodistas, todos, llenos de alegría por un motivo que desconocían, querían saber qué pasaba y era que el pasado alumbraba el futuro.

Las omnipresentes tropas de Napoleón, cómo no, habían sitiado la ciudad y situado sus cañones contra ella: “Con las bombas que tiran los fanfarrones…”

Sobre ese fondo se siguen deslizando las vidas de Gabriel de Araceli y su amada Inés. Irrumpe en la trama un inglés, lord Gray, con el que el protagonista de esta serie se batirá en duelo.

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9. Juan Martín el Empecinado

Gabriel de Araceli, después de separarse de su amada Inés y la condesa Amaranta, se incorpora a la división del segundo ejército, comandado por el conde de Montijo, en calidad de oficial. Obedeciendo las órdenes que se le han dado, se incorpora a la partida de guerrilleros de Vicente Sardina, un subalterno del Empecinado. Éste último es “un guerrillero insigne que siempre se condujo movido por nobles impulsos, y fue desinteresado, generoso, leal, y no tuvo parentela moral con facciosos, ni matuteros, ni rufianes, aunque sin quererlo, y con fin muy laudable, cual era el limpiar a España de franceses, enseñó a aquellos el oficio”.

La guerrilla fue el levantamiento de la gente de los campos, una organización militar nacida del instinto y sin ayuda del Estado, mezcla de anarquía y reglamentación, cuya eficacia en la lucha contra el invasor quedó probada una y mil veces.

Mosén Antón Trijueque, una caricatura atroz del Empecinado, es uno de los personajes de este episodio. Es un hombre fiero y despiadado que, pese a ser sacerdote, descubre en los pliegues del interior de su espíritu una irresistible vocación de estratega militar que le llevará a ejecutar hazañas asombrosas, pero también, arrastrado por su afán, a colaborar con el enemigo y, finalmente, al suicidio por ahorcamiento.

La narración de estos hechos es de Gabriel de Araceli, un hombre que ya cuenta veinte años y cuyos sentimientos se nutren del amor a su patria y a Inés.

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10. La batalla de los Arapiles

Este episodio nos lleva de la mano a contemplar la sangrienta batalla de los Arapiles, de 22 de julio de 1812, que abrió la puerta de salida a la dominación francesa en España. El jefe de las fuerzas aliadas españolas, inglesas y portuguesas contra Napoleón es lord Wellington, cuyo retrato pintó Galdós con tinta indeleble

Gabriel se había unido al ejército de Extremadura después de haber combatido en la guerrilla. Enviado por Wellington a Salamanca como espía, procurará encontrar a Inés, que está siendo retenida en la ciudad por su padre, un masón afrancesado. Después de cumplir su misión lucha heroicamente en la batalla.

Con ella se cierra esta primera serie. El protagonista, respondiendo a las preguntas de Wellington, pasa revista a los sucesos más importantes de la misma, diciendo que empezó su vida militar en Trafalgar, que en los hechos del 2 de mayo en Madrid, que combatió en Bailén, nuevamente en Madrid, en la jornada del 3 de diciembre, más tarde en Zaragoza, posteriormente en las batallas de Tamames y en Extremadura, con el ejército del Centro, que defendió el castillo de san Lorenzo de Puntales en Cádiz, cuando se reunieron las primeras Cortes constituyentes, y, por último, en la guerrilla del Empecinado.

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Segunda serie

La secuencia histórica empieza con la entronización como Rey de España de José Bonaparte, hermano de Napoleón, y termina con los comienzos de la Primera Guerra Carlista y la matanza de frailes en Madrid el año 1834.

11. El equipaje del rey José

La Guerra de la Independencia está llegando a su final. Las tropas francesas cometen abusos sin cuento. Los guerrilleros del norte de España, apoyados por la población, luchan denodadamente contra ellas. Entre esos combatientes arraigará el fanatismo político y religioso que procuró volver al estado de cosas anterior a la Constitución de 1812, al Antiguo Régimen.

La serie primera se atuvo a la narración en primera persona, puesta en boca de Gabriel de Araceli. En esta segunda Galdós vuelve a la narración libre, bien en tercera persona, bien cediendo la palabra a alguno de los personajes de la obra, componiendo un mosaico unitario de hechos ficticios y reales.

El protagonista de este episodio es Salvador Monsalud, que asiste a la última fase de la guerra, como la batalla de Vitoria, desde varios puntos de la geografía, en los que se empieza a tejer la trama de esta serie.

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12. Memorias de un cortesano de 1815

Este episodio cuenta el ascenso del arribista Juan Bragas de Pipaón hasta la camarilla del rey Fernando, que, para ocultar el poco lustre de su nombre, lo cambió por D. Juan de Pipaón, a su juicio más seco y rotundo, propio de un “consejero de Indias, fiscal de la Rota o Asistente de Sevilla”. Él se encarga de glosar con entusiasmo los sucesos que siguieron a la noche del 10 de mayo de 1814, cuando Fernando VII derogó la Constitución del 12 y rehízo el poder absoluto de la monarquía: “¡Oh sin igual ventura! ¡Oh inolvidable regocijo del alma después de tan larga opresión!”

Es el esperpento de la política española del momento, una forma de parodia ejercida magistralmente por Galdós, haciendo buena la idea de que la tragedia de la vida española solo puede ser representada mediante una estética sistemáticamente deformada.

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13. La segunda casaca

Fernando VII, el Deseado, había vuelto a España el mes de marzo de 1814 y restablecido el Antiguo Régimen, derogando la Constitución de 1812. Un sector importante de diputados, otro no menos importante del clero y del pueblo llano lo apoyaban. Los liberales fueron perseguidos. Respondieron maquinando varias conspiraciones. Una fue la de enero de 1820, dirigida por el coronel Riego, a la que se unieron algunas fuerzas del norte. El rey tuvo que aceptar la Constitución de Cádiz: «Marchemos, y yo el primero, por la senda constitucional.» Comenzó el Trienio Liberal, que va de 1820 a 1823. La trama novelesca sigue el hilo del social de Pipaón, que ha cambiado de bando, aunque su nueva militancia le despierta tanto interés como la primera, es decir, ninguno. Salvador Monsalud vuelve de Francia para ver de librar a su madre de la Inquisición, recientemente restaurada. Aparece en escena Carlos Navarro, hermano del anterior y casado con Genara, a la que ambos aman.

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14. El Grande Oriente

En el Madrid de 1821, durante el Trienio Liberal, que va de 1820 a 1823, se dan cita las facciones de toda índole. Algunas se reunían en la Fontana de Oro. En el seno del liberalismo español se produce una división entre moderados y exaltados (luego progresistas), defendiendo éstos la eliminación de la Monarquía y abogando los otros por un rey constitucional. Faltaban los omnipresentes y oscuros masones, que Galdós presenta por primera vez en este episodio. Eran los del Grande Oriente Nacional de España. También aparecen aquí Los Comuneros, una organización española parecida a la masonería, que agrupaba a muchos liberales exaltados.El protagonista sigue siendo Salvador Monsalud, que suplica a la logia masónica su intervención para librar de su condena a los implicados en la conspiración de Vinuesa, párroco de Tamajón. Salvador no es hombre ruin, como Pipaón. Siempre elige el bando equivocado y no hace otra cosa que perjudicarse. La desventura le persigue incluso en sus amores, pues su novia Jenara le traiciona y luego padece el desengaño de Andrea.

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15. 7 de julio

Es todavía el tiempo del Trienio Liberal, tomando como centro la sublevación de la Guardia Real el día 7 de julio de 1822, que quería forzar al rey a que derogara la Constitución y volviera al Antiguo Régimen. La Milicia Nacional, un cuerpo de voluntarios que propugnaba la defensa de las libertades constitucionales y la propagación de las ideas liberales, se enfrentó a ella. La diosa de la Victoria favoreció a esta última, por lo que el rey empezó a maquinar una intervención extranjera.Salvador trabaja ahora como secretario del Duque del Parque y presta su ayuda clandestina a Soledad, hija de Urbano Gil, a cuya mujer había seducido tiempo atrás. Soledad, por su lado, espera a Anatolio, con quien pretende casarla su padre, pero el novio no llega y Urbano, que se encuentra enfermo, teme que su hija se quede sola y abandonada de la suerte.

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16. Los cien mil hijos de San Luis

El rey lleva a cabo su propósito, madurado en el episodio anterior: la llegada a suelo patrio de un ejército francés el año 1823, a las órdenes del Duque de Angulema, título otorgado por su tío, Luis XVI. La finalidad no era otra que acabar con el orden constitucional y restaurar la Monarquía Absoluta en la testa de Fernando VII. Así dio comienzo la Década Ominosa, que se extendió desde 1823 hasta 1833. Dice Galdós que él se limita a reproducir lo que había hallado en un escrito de Jenara Baraona. Este recurso literario no oculta, sin embargo, sus fuentes verdaderas, que incluyen a Alcalá Galiano, Quintana, Mesonero, el marqués de Miraflores y Chateaubriand, con quien se había entrevistado Jenara, como espía de los absolutistas.Galdós exhibe su maestría entrelazando las vidas de los personajes reales y los literarios de tal manera que se permite incluso ofrecer una semblanza personal y literaria del mismísimo Chateaubriand por boca de la espía.

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17. El terror de 1824

Detenciones, ejecuciones, persecuciones de enemigos del Régimen Absolutista, se suceden sin parar cuando Fernando VII se ve de nuevo en el trono, que lo ha recuperado para él un ejército francés. Es la Década Ominosa, durante la cual se persiguió a sangre y fuego a los liberales, comenzando por la ejecución de Riego en la Plaza de la Cebada de Madrid. El coronel, falto de valentía en el último momento, padeció una muerte acobardada que pareció decepcionar a Galdós, quien, pese a todo, la contó tal como fue. Por eso presentó la de un personaje literario que hizo frente al patíbulo con todo el honor y orgullo que puede caber en el pecho de un liberal. Riego, claro está, no estuvo solo en aquella “horrenda mezcla de bacanal, entierro y marcha de triunfo” que lo arrastró a la horca aquel 7 de noviembre de 1823. Llegó acompañado de Virgilio Vicenti, Jorge Matías, Mariano Bayo, etc.En la trama literaria que acompaña a estos sucesos históricos sigue devanándose la suerte de Salvador Monsalud, Benigno Cordero, Soledad (Solita) y Jenara. Para alguno fue poco propicia, pues les llevó a su final.

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18. Un voluntario realista

El episodio se desenvuelve casi por entero en 1827 en Solsona y otros lugares de Cataluña. El tema histórico es la Guerra de los Agraviados o Malcontents, una revuelta en realidad, que tuvo lugar entre los meses de marzo y septiembre de ese año y que provocaron contra el rey los partidarios suyos que exigían medidas propias del Antiguo Régimen. A estos efectos, Galdós pone en circulación un nuevo personaje: Pepet Argensola, voluntario realista catalán cuya vida se entreteje con la de Salvador Monsalud y la de Carlos Navarro, su medio hermano. Aparece también sor Teodora de Aransis, una bella moza, sobrina del conde de Miralcamp, que había ingresado en el convento.

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19. Los Apostólicos

Hay una secta cuyo fin es la defensa de la posición del Pretendiente, el infante Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII que disputó sus derechos a la hija de éste, Isabel II, por cuyo motivo tuvieron lugar las guerras carlistas que asolaron España. Es la secta llamada “Los Apostólicos”.Comienza el argumento con la llegada a Madrid de María Cristina de Borbón Dos Sicilias, esposa de Fernando VII y madre de Isabel. Se cuentan los sucesos de la Granja, y el bofetón que dio a Calomarde Luisa Carlota, hermana de María Cristina: “Manos blancas no ofenden, señora”.Clarín opinaba que esta novela es una de las obras mejores escritas por el Dickens español.

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20. Un faccioso más y algunos frailes menos

El faccioso es Carlos María Isidro, por encabezar una facción que trataba de apoderarse del trono español que el rey, su hermano, había cedido a Isabel. “Unos cuantos frailes menos” se refiere al asesinato de jesuitas el años 1834, a los que estúpidamente se atribuía la epidemia de cólera que entonces sufrió Madrid.Ese año se cruzaron varios sucesos de gran importancia: la muerte de Fernando VII, el comienzo de la guerra carlista y de la regencia de María Cristina de Borbón Dos Sicilias. España se parte en dos. Los personajes literarios de Galdós así lo reflejan. A un lado se halla Salvador Monsalud, un liberal, al otro Carlos Navarro, apodado “Garrote”, y su mujer, Jenara Baraona. Se agregan a la trama Solita, Benigno Cordero y Fermina Monsalud, madre de Salvador.Galdós se propuso que éste fuera el último de los Episodios Nacionales. Sin embargo, volvería a continuar más tarde, en 1898, a reanudar la tarea.

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