Gabriel Miró. La mujer de Ojeda

Gabriel Miró Ferrer (1879 – 1930) cultiva la prosa impresionista. No hace uso de los sonidos para lo que quiere sugerir, como sus iguales de Francia, sino de las estampas pictóricas. Se solaza en los paisajes, abunda en epítetos, utiliza palabras llenas de color local. Su realismo se evapora en un idealismo de campos, veredas, montes, sol y luna. Pertenece a una escuela, si es que él mismo no es su propia escuela, que gusta de adornar sus argumentos con ribetes de misterio, sin importar lo que pierda de descripción de lo real. Su prosa es delicada, a veces rebuscada, y siempre exquisita, demasiado exquisita. No pronuncia frases. Las cincela. Las inunda de musicalidad. Lo suyo es lírica en prosa que busca dirigirse al alma del lector desde el alma propia.


Gabriel Miró
La mujer de Ojeda: Ensayo de novela
La mujer de Ojeda es para el propio autor una novela de escasa calidad. Tal vez no carezca de razón, pues se trata de un primer ensayo de juventud. Pero ya se observa en él la gran sensibilidad de Gabriel Miró con la amistad, el amor y el paisaje. Por eso puede ser considerada como la novela con la que se abre la vía a las técnicas que habría de perfeccionar en las novelas siguientes.
La obra se compone de tres partes. La primera pertenece al género epistolar: veinte cartas en que Osorio cuenta a su amigo Andrés su amor por Clara, una mujer casada cuyo marido, Tomás de Ojeda, fallece al poco. La segunda muestra la sucesión de hechos que siguen a éste: la viuda mostrará inclinación por Andrés, lo que hará que en Osorio aparezcan los celos, que darán lugar a la ruptura de la amistad entre los dos amigos. La tercera hace entrar en escena a otro personaje, el criado de Clara, que la viola. El argumento se complica a continuación hasta el punto de que al final brota en Osorio la ilusión de conseguir el amor de Clara.

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