Gabriel Miró. Los pies y los zapatos de Enriqueta

Gabriel Miró Ferrer (1879 – 1930) cultiva la prosa impresionista. No hace uso de los sonidos para lo que quiere sugerir, como sus iguales de Francia, sino de las estampas pictóricas. Se solaza en los paisajes, abunda en epítetos, utiliza palabras llenas de color local. Su realismo se evapora en un idealismo de campos, veredas, montes, sol y luna. Pertenece a una escuela, si es que él mismo no es su propia escuela, que gusta de adornar sus argumentos con ribetes de misterio, sin importar lo que pierda de descripción de lo real. Su prosa es delicada, a veces rebuscada, y siempre exquisita, demasiado exquisita. No pronuncia frases. Las cincela. Las inunda de musicalidad. Lo suyo es lírica en prosa que busca dirigirse al alma del lector desde el alma propia.


Gabriel Miró
Los pies y los zapatos de Enriqueta
Gabriel Miró escribió muchas novelas decadentes, pero Los pies y los zapatos de Enriqueta no es una de ellas. No se trata aquí solo el fracaso amoroso, ni hallará el lector el tono sensual de otras composiciones del autor. El fracaso amoroso es un punto más en el sentido de la vida que alienta en un pequeño pueblo levantino, que padece la sequía y la autoridad de la cacique, la “Señora” que dicta con cariño y caridad las normas por las que ha de regirse su grey. Apunta en esta obra un Miró realista, capaz de escribir novelas que hablen de la realidad y la pongan en tela de juicio. Según algunos críticos, en ella se muestra el novelista que no llegó a ser. Pero es un juicio erróneo. Miró creó una técnica novelística propia y sutil con la que consiguió presentar una visión original de la realidad. No puede aplicársele un metro realista, como tampoco a otros autores del momento, como Unamuno, Azorín, etc.

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