Gabriel y Galán

Gabriel y Galán, José María
Obras completas

“Lector: He aquí un libro de poesía.

“Y no sería menester más prólogo que estas seis palabras si los que solemos llamamos poetas o críticos no profanáramos cien veces al día el santo nombre de Poesía y no te hubiéramos hecho perder con ello el sentido de esta palabra tan grande. Te ofrecemos a cada paso el jugo de unas cuantas palabras muertas, arregladas con artificio de embalsamadores de cadáveres, en un determinado ritmo de sonoridad exterior, y te decimos: — Ahí tienes poesía — . ¡Mentira! Y tú, por esa funesta docilidad con que aceptas cuanto se te dice en letras de molde, acoges nuestra mentira como verdad, y crees que es poesía mejor o peor, según exteriormente suena, pero poesía al fin, todo lo que se te da bajo tal título, ¿Y quién padece más por ello sino aquel nombre santo? Porque, piénsalo bien, lector: tú lees u oyes recitar juegos de palabras que halagan más o menos tu sentido musical, y hasta a veces tu sentido ideal; este superficial halago te entretiene un rato y, si no dura demasiado, te hace prorrumpir en exclamaciones de aplauso. Pero en seguida que ha cesado la cantilena, sientes como una liberación, te parece que has recobrado la libertad de tu vida, y vuelves a tus pensamientos, al hilo de tus preocupaciones, a tus quehaceres ordinarios, sin que aquella cantilena haya dejado en ellos ni en tí mismo otro rastro que el de un vago entretenimiento o gusto de los sentidos, como si hubieras tomado un helado. De modo que si al poco tiempo te invitan a leer o escuchar más versos, y esto se repite mucho o dura demasiado, acabas por exclamar: — ¡Bueno!, basta ya de poesías, no puedo perder más tiempo — . Y si eres hombre muy metido en los negocios del mundo o en tus propios pensamientos, al primer anuncio de un poeta o de un libro de poesías sonríes ya desdeñosamente, o, a lo más, indulgentemente. Y tienes razón, porque, en general, lo que has oído o vas a oír cuando a eso se te invita, no es poesía. ”

Mira; poesía es esto:
¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
si alguno de esos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s’a muerto,
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos,
la camita ondi yo la he cuidiao,
la camita ondi estuvo su cuerpo
cuatro mesis vivo
y una noche muerto . . .

“¡Ah!, esto es otra cosa, ¿verdad? Esto no es un vano halago; esto te remueve las entrañas, y cuando vuelvas a tu vida ordinaria lo llevas dentro, y actúa en tí; y cuando miras a tu mujer y la cama en que duermes, y tu pobreza — o también tu riqueza — , lo ves todo mejor, de una manera más fuerte; y tú mismo te sientes más fuertemente, eres más hombre, parece que vives más, ¿verdad? Es que esto es poesía. ¿Comprendes ahora la diferencia? Cuando te he dicho al principio: “He aquí un libro de poesía”, quería decir esto. (Juan Maragall)

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