Jusepe Martínez. Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura

De Jusepe Martínez
Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura

Discursos practicablesJusepe Martinez debió ejercer bastante influencia en la pintura de Aragon retardando la total decadencia del arte: primero, por su larga vida de ochenta años, que le permitió amaestrar á la juventud artista de su tiempo con su ejemplo y doctrina, pues si sus escritos no vieron la luz pública, la viva voz del hombre religioso y lleno de celo, suplira en gran parte; segundo, por el prestigio que debió tener, ya por las altas distinciones que logró como pintor del Rey, ya por la predileccion que le dispensó D. Juan de Austria, y con él las primeras autoridades eclesiásticas y civiles, con otros personajes nacionales y extranjeros.

Tal es el cuadro grandioso, lleno de provechosas lecciones para el historiador y el artista, que nos ofreceria el desarrollo sucesivo de la pintura en el antiguo reino de Aragon, si otra mano más ejercitada que la nuestra le trazase. Allí santificado el arte por el sentimiento religioso, protegido á porfía por los insignes varones que ilustraron su nombre en las letras y las armas, fiel expresion de la cultura de un pueblo siempre grande en la próspera y adversa fortuna, á cuya enseñanza consagraba la imágen venerable de sus hijos predilectos, y el recuerdo de sus glorias, y sus merecimientos, y la fiel representacion de los santos objetos de su amor y sus creencias, debió sin duda influir poderosamente en la educacion artística de Martinez, determinar su vocacion y su destino, é inspirarle las nobles concepciones que respiran en sus lienzos y en sus escritos. ¿Por qué el arte encantador que hoy honra su memoria, no encontrará ya entre nosotros las nobles simpatías, la generosa proteccion que le dispensaron nuestros padres, consagrándole como ellos al esplendor del culto, al ornato de los palacios, á la ilustracion y solaz de la familia? Bien merece ciertamente su mision civilizadora esta muestra de aprecio y deferencia; pues suya es la gloria y suyo el poder de eternizar la memoria de cuanto hay de grande y venerable sobre la tierra; de ofrecernos como dechado y grato recreo los altos ejemplos de todas las edades, conciliando siempre la enseñanza con el deleite, y la belleza y buen gusto con los rígidos principios de la moral, que engrandece á la vez los hombres y los pueblos.

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