Larra

Larra, Mariano José de
Artículos (1828 – 1837)

Larra sirvió a la literatura más que con sus novelas y comedias con sus artículos críticos, clasificables en tres grupos: políticos, literarios y sociales.
Los primeros son, a nuestro juicio, los inferiores, no en cuanto a la forma que es irreprochable y muchas veces genial, sino en cuanto al fondo repleto de injusticias y de ligerezas como su apasionada oposición a Martínez de la Rosa; siendo un periodista liberal-conservador que conocía perfectamente la doctrina de la evolución política y la necesidad de que ésta no sea sólo en la mente de los gobernantes, sino en la del pueblo todo, combatió sañudamente a Martínez de la Rosa, que ofrecía en el Estatuto Real la única base posible para una evolución fecunda. En los artículos sociales hay que distinguir la parte descriptiva de las costumbres de la propiamente satírica: no es injusto Menéndez Pelayo, como dice Azorín, al juzgar que como costumbrista es inferior a Estébanez Calderón y Mesonero; en lo que los superó, y a todos sus contemporáneos y venideros, es en la sátira, esto es, no en la descripción o reflejo, sino en la flagelación y execración de las costumbres. Era un enemigo del medio social en que le tocó vivir. Perfectamente lo dice Azorín: “El fondo, la esencia de Larra, es un espíritu de rebeldía. Educado fuera de España, siente violentamente el choque con las cosas de España. Quiere siempre otra cosa; se halla siempre en pugna con la realidad”. Y lo mismo vino a decir Menéndez Pelayo: “… Larra es grande artista. . . No sólo tuvo más ideas que ningún español de su tiempo, sino que acertó a dar forma, en cierto modo poética, a su concepción pesimista del mundo, a su interpretación siniestra, pero transcendental, de la vida.”
En cuanto a los artículos literarios nada hay que decir, sino que son de todo punto admirables. “Cuando uno los repasa hoy — escribió también Menéndez Pelayo — se asombra de encontrar tantas ideas de que su propio autor no se daba cuenta, verdaderas germinaciones espontáneas, y aforismos inconcusos para la estética futura” No comprendemos la frase de que no se daba cuenta; porque precisamente lo que, a nosotros por lo menos, más nos asombra en Fígaro es la plena conciencia que revela de lo que dice y de lo que calla. (Salcedo)

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