Obras completas de Platón

Platón
Obras completas de Platón. I. Diálogos socráticos

“Dícese, que habiendo oído Sócrates a Platón la lectura del Lisis, exclamó:
-¡Oh Dios!, cuántos préstamos me ha hecho este joven”.
He aquí otra tradición que confirma la precedente y que es de forma más agradable o ingeniosa:
“Vio Sócrates en sueños un cisne joven, acostado en sus rodillas, que, soltando sus alas, voló al momento, haciendo oír armoniosos cantos. Al día siguiente, Platón se presentó a Sócrates y dijo éste:
-He aquí el cisne que yo he visto”.
Diógenes de Laercio nos dice también, que se aseguraba haber sido el Fedro el primer diálogo compuesto por Platón, y a ser verdadera esta tradición de escuela, se explicaría perfectamente la exclamación de Sócrates y la narración simbólica de su visión. Pero sea de esto lo que quiera, es un hecho cierto, plenamente confirmado por el examen intrínseco de los Diálogos, que durante los años de su juventud, pasados bajo la disciplina de Sócrates, Platón compuso cierto número de diálogos, en los que, queriendo quizá limitarse a reproducir la doctrina de su maestro, su genio naciente se marchaba hacia regiones superiores. El Lisis y el Fedro pertenecen a este grupo, y una vez adquirido este resultado, ¿cómo no ha de colocarse en la misma categoría toda la serie de diálogos en que el arte es menos delicado y mucho menos profundo, y cuya doctrina, sobre todo, está mucho más severamente contenida en los límites de la enseñanza socrática, tales como el Eutifrón, el Critón, el Cármides, el Laques, el Protágoras, y el Primer Alcibíades y el gran Hipias, suponiendo que estos dos sean verdaderamente obra de Platón? He aquí por lo tanto un primer grupo de diálogos, a los que no se puede fijar seguramente con precisión su fecha respectiva, pero que tomados en masa, puede ponérseles perfectamente aparte bajo el nombre de diálogos socráticos, en concepto de ser obras de la juventud y de la primera manera de Platón.

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Obras completas de Platón. II. Diálogos polémicos

Estos dos grupos (el de los “Diálogos socráticos” y el de los “Diálogos dogmáticos”), una vez aceptados, el tercero (“Diálogos polémicos”) se forma por sí mismo, porque comprende todos los diálogos colocados entre la juventud y la ancianidad. Observad que las obras de este tercer grupo intermedio presentan caracteres sensiblemente análogos. Todos son polémicos y refutatorios; como el “Teeteto” en que aparecen discutidas y sucesivamente destruidas todas las definiciones de la ciencia; el “Parménides”, que nos patentiza las diferentes tesis que se pueden sentar sobre el ser y sobre la unidad, para mostrarlas sucesivamente como insuficientes y erróneas; el “Sofista”, cuyo objeto principal es batir en brecha las doctrinas de las escuelas de Elea y de Megara. En ninguno de estos diálogos veréis que la discusión conduzca a ninguna conclusión dogmática. Por este carácter, esencialmente negativo, los diálogos de que hablamos se separan completamente de las grandes composiciones dogmáticas por donde Platón ha terminado su carrera filosófica. Y por otra parte, ¿qué línea profunda de demarcación no se nota entre los diálogos, tales como el “Sofista”, el “Teeteto”, el “Parménides”, el “Filebo”, en los que se desenvuelven los más grandes problemas de la metafísica en todas sus profundidades, y estas composiciones encantadoras, pero evidentemente más modestas, en que el joven discípulo de Sócrates se esfuerza ante todo, como en el “Eutifrón”, el “Protágoras”, el “Critón”, en hacer revivir la persona, el método y la enseñanza de su maestro?

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Obras completas de Platón. III. Diálogos dogmáticos

Considerad ahora el carácter dominante de estas grandes composiciones (“La República”, “Las leyes”, “Timeo”, etc.) de la lozana ancianidad de Platón. Son dogmáticas a diferencia de todas las demás, en las que Platón busca la verdad, pero sin llegar a descubrirla, disertando mucho, refutando sin cesar y no concluyendo nunca. ¿Y cuáles son estos raros diálogos que participan del carácter dogmático del Timeo, de la República y de las Leyes? Justamente son aquellos que por la grandeza y armonía de las proporciones, por la firmeza de la mano, por la sobriedad de los ornamentos, por la delicadeza de los matices, por la tranquila luz que ilumina y embellece las partes, muestran al autor, hecho dueño y poseedor de todos los secretos de su arte; son el “Fedón”, el “Gorgias”, el “Banquete”.
En esta forma nos vemos conducidos naturalmente a formar una serie de diálogos, que pueden llamarse “Diálogos dogmáticos”, y que nos representan la última manera de Platón y los resultados definitivos de sus vastas especulaciones.

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Obras completas de Platón. IV. La República

Platón se propuso en “La República” el estudio de lo justo y de lo injusto. Su objeto es demostrar la necesidad moral, así para el Estado como para el individuo, de regir toda su conducta según la justicia, esto es, según la virtud, es decir, según la idea del bien, principio de buen orden para las sociedades y para las almas, origen de la felicidad pública y privada; principio, que es el Dios de Platón. El plan de su demostración, si bien aparece muchas veces interrumpido a causa de la libertad con que se mueve el diálogo, es muy sencillo. Considerando desde luego el Estado como una persona moral en todo semejante, excepto en las proporciones, a una persona humana, Platón hace ver a grandes rasgos la naturaleza propia y los efectos inmediatos de la justicia. Para él el ideal de una sociedad perfecta y dichosa consiste en que la política esté subordinada a la moral. En seguida emprende, con relación al alma, especie de gobierno individual, la misma indagación que le conduce al mismo resultado, esto es, al ideal de un alma perfectamente regida y completamente dichosa, porque es justa. De aquí, como consecuencia, que el Estado y el individuo, que al obrar se inspiran en un principio contrario a la justicia, son tanto más desarreglados, a la vez que desgraciados, cuanto son más injustos. Y así es ley de las sociedades y de las almas, que a su virtud vaya unida la felicidad, como la desgracia a sus vicios. Esta ley tiene su sanción suprema en una vida futura, sanción, cuya idea conduce a Platón a probar en el último libro de la “República”, que nuestra alma es inmortal.

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Obras completas de Platón. V. Las leyes

El diálogo de las “Leyes” es el monumento más vasto de la filosofía platoniana, pero no el más acabado; sobre todo, si se le compara con las demás grandes composiciones del maestro. Debe tenerse presente, que corresponde a la ancianidad de Platón; y que, según el testimonio de Diógenes Laercio, la muerte no le permitió dar a esta obra la última mano. Es preciso no sorprenderse de su aparente confusión, que al pronto produce algún desconcierto, y menos dejarse engañar por ella. Cualesquiera que sean los rodeos, las digresiones, amplificaciones y marcha interrumpida de esta composición, sigue, sin embargo, un orden, y está concebida conforme a un plan determinado. Para reconocerlo, se puede, sin sujetarse a una precisión rigurosa, dividir en tres partes los doce libros de que se compone. Los cuatro primeros son una especie de introducción general, en que Platón se propone dar a conocer el espíritu de su legislación. En los cuatro libros siguientes da al Estado sus instituciones políticas y sus leyes. Los cuatro últimos contienen la sanción penal de las leyes, es decir, el conjunto de castigos y de recompensas de que dispone el gobierno del Estado. En uno de estos, que es el sexto, es donde se encuentra la exposición de la Teodicea de Platón con sus pruebas fundamentales de la existencia y de la providencia de Dios.

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Obras completas de Platón. VI. Obras varias

“¿Queréis clasificar los diálogos de Platón, como pueden clasificarse las tragedias de Racine o las comedias de Molière? ¿Queréis saber, respecto de cada diálogo, en qué época precisa ha sido compuesto, si antes o después de tal otro, y todo esto de una manera cierta e irrefragable? Sentado el problema de esta manera es insoluble, porque excede las fuerzas de la crítica, y aun cuando se hicieran los mayores progresos en el conocimiento de la antigüedad, y aun cuando se descubrieran nuevos orígenes de informaciones, lo que no es probable, jamás podría llegarse a un resultado tan completo, tan preciso y tan cierto.
Pero si sólo se quiere saber de una manera probable, y dejando a un lado los vacíos que puedan encontrarse, cuáles son los diálogos que se refieren a la juventud de Platón, cuáles datan de su edad madura, y cuáles son, en fin, los que corresponden a su ancianidad, nos atrevemos a decir entonces, que la crítica está en posición de dar a este problema una solución satisfactoria; solución que será siempre provisional e incompleta, pero que con el progreso de la crítica y de la erudición podrá aproximarse más y más a una gran probabilidad.”
Una vez distribuidos los diálogos de Platón en tres grandes grupos, que corresponden a cada una de las etapas de su vida, solo resta dejar constancia de las obras que aquí se ofrecen, obras de dudosa autoría y de no mucho valor si se las compara con las anteriores.

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