Rousseau

Rousseau, J. J.
El contrato social, o sea Principios de derecho politico

El motivo dominante de la obra de Rousseau es el contraste entre el hombre natural y el hombre artificial. “Todo es bueno, dice en el comienzo del Emilio, cuando sale de las manos del Autor de las cosas; todo degenera entre las manos del hombre.” De esta degeneración, Rousseau hace un análisis amargo y despiadado, que recuerda el de Pascal. Los bienes que la humanidad cree haber conquistado, los tesoros del saber, del arte, de la vida refinada no han contribuido a la felicidad ni a la virtud del hombre, sino que lo han alejado de su origen y extraviado de su naturaleza. Las ciencias y las artes deben su origen a nuestros vicios y han contribuido a reforzarlos. “La astronomía ha nacido de la superstición; la elocuencia, de la ambición, del odio, de la adulación, de la mentira; la geometría, de la avaricia; la física de una vana curiosidad; todas, aun la misma moral, nacen del orgullo humano” (Discurso sobre las ciencias, II). Además, han contribuido a establecer la desigualdad entre los hombres, desigualdad de la que nacen todos los males sociales. El lustre que la civilizaaón ha dado al hombre, es solamente apariencia y vanidad. El hombre se engaña si cree huir de su pobreza interior refugiándose en el mundo; por esto tiene miedo al reposo y no tolera estar consigo mismo. El egoísmo, la vanidad y la necesidad del dominio gobiernan las relaciones entre los hombres, de manera que la misma vida social se rige más por los vicios que por las virtudes.

El Contrato social quiere ser para la sociedad política lo que la Nueva Eloísa es para la familia: el reconocimiento de las condiciones por las que la comunidad puede volver a la naturaleza, o sea, a una norma de justicia fundamental. La obra es, de hecho, la descripción de una comunidad ético-política en la que cada individuo obedece, no a una voluntad extraña, sino a una voluntad general que reconoce como propia y, por tanto, en último análisis, a sí mismo. El orden social no es un orden natural (I, 1); nace, con todo, de una necesidad natural cuando los individuos no se ven capaces de vencer las fuerzas que se oponen a su conservación; en este punto, el género humano perecería si no cambiase su manera de vida. El problema que entonces se presenta, es el siguiente: “Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja con toda la fuerza común la persona y los bienes de cada asociado, y por la cual cada uno, uniéndose con todos, no obedezca más que a sí mismo y permanezca de este modo libre como antes” (I, 6). Este problema se resuelve con el pacto, que constituye la base de la sociedad política. La cláusula fundamental de este pacto es la enajenación total de los derechos de cada asociado, a favor de la comunidad. A cambio de su persona privada, cada contrayente recibe la nueva cualidad de miembro o parte indivisible del todo; y nace, así, un cuerpo moral y colectivo, compuesto de tantos miembros cuantos votos tiene la asamblea, cuerpo que tiene su unidad, su yo común, su vida y su voluntad (I, 6). (Abbagnano)

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