Shakespeare. Enrique IV

William Shakespeare
Enrique IV

Enrique_IV_Cover_for_KindleNo creo que la historia literaria presente un museo de caracteres más curiosos que el “Enrique IV”, especialmente la primera parte. En primer lugar, ese maravilloso futuro Enrique V, que desde las primeras escenas y aun en los sitios más vulgares o innobles, aparece con la cabeza circundada de la aureola de Azincourt. Tal así en las telas de los primitivos, el nimbo luminoso rodea las sienes de los predestinados a la vida eterna, aun en los pasos menos místicos de su existencia terrestre. Es que Enrique V personifica la patria, sus glorias, sus nobles virtudes, rescate supremo de sus vicios ligeros. Todo va a él, en una corriente insensible que acumula luz sobre su figura; el poeta agiganta aquellos contra quienes Enrique debe medirse, le da la sencillez, le da el buen humor que Michelet reconocía como el rasgo fundamental y característico del héroe verdadero, la extrema juventud, que es la adorable sonrisa del tiempo y el alma levantada y generosa del que marcha en la historia encarnando el ideal de un gran pueblo. (M. Cané, Introducción)

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