Valdés. Diálogo de las cosas acaecidas en Roma

Valdés, Alfonso
Diálogo de las cosas acaecidas en Roma

Alfonso de Valdés nació en Cuenca hacia el 1490 y murió en Viena el 1532. Tal vez su hermano Juan y él eran gemelos. Ambos fueron eximios erasmistas. Entró pronto a trabajar en la corte de Carlos V, donde desempeñó cargos importantes bajo la protección del gran canciller Mercurino Gattinara. Admiró y divulgó en España las doctrinas de Erasmo de Rotterdam con quien mantuvo una fluida correspondencia. Formó parte de las negociaciones entre luteranos y representantes del Papa en la Dieta de Augsburgo, sin que su temple de buen conciliador fuera bastante a evitar la ruptura y posterior cisma protestante. Murió a una edad temprana, lo que truncó una vida que prometía ser fructífera para su patria y su rey. En su “Diálogo de las cosas acaecidas en Roma” presentó el saqueo de Roma por las tropas de Carlos V el 6 de mayo de 1527 como una acción debida a la voluntad de Dios por la corrupción de la jerarquía eclesiástica y la mala conducta del Papa Clemente VII. El saqueo fue terrible, a juzgar por las noticias de la época. Pero Alfonso de Valdés no pareció lamentarlo demasiado: “Cuenta Valdés con recóndita y malévola fruición -dice Menéndez Pelayo- la entrada de los imperiales en Roma, «que no han dejado iglesias…, ni monesterios…, ni sagrarios…, todo lo han violado, todo lo han robado, todo lo han profanado… ¡Tantos altares… y aun la misma Iglesia del Príncipe de los Apóstoles ensangrentados! ¡Tantas reliquias robadas y con sacrílegas manos maltratadas! ¿Para esto juntaron sus predecesores tanta santidad en aquella ciudad? ¿Para esto honraron las iglesias con tantas reliquias?» (1362) «Los cardenales…, presos y rescatados, y sus personas muy maltractadas y traídas por la calle de Roma a pie, descabellados, entre aquellos alemanes, que era la mayor lástima del mundo verlos, especialmente cuando hombre se acordaba de la pompa con que iban a palacio y de los ministriles que les tañían cuando pasaban por el castillo.» (1363) Y tras esto, «las irrisiones que allí se hacían: un alemán que se vestía como cardenal y andaba cabalgando por Roma de pontifical… con una cortesana en las ancas» El “Diálogo” hubo de traer disgustos a Alfonso, pese a las precauciones que tomó, entre las que se contaba el no darlo a la imprenta. Fue delatado como sospechoso de luteranismo al nuncio papal, Baltasar de Castiglione, por Juan Alemán, primer secretario de Carlos V. El nuncio presentó el escrito al Emperador, que alegó no haberlo leído ni saber nada de él, que tenía a Valdés por buen cristiano y que, con todo, llevaría la cuestión al Consejo, como así hizo. Los consejeros se inclinaron en su mayoría contra el parecer de Alemán. Éste y el nuncio recurrieron más tarde al inquisidor Manrique, el cual declaró, tras leer el libro, que no hallaba en él doctrina sospechosa alguna. Finalmente fue remitido el escrito al arzobispo de Santiago, presidente a la sazón del Consejo de Castilla, el cual absolvió a Valdés no solo de los cargos de herejía de que se había querido hacerle responsable, sino también de los de injuria y calumnia.

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