Thaúmata

 


Thaúmata es el nombre que da Platón en su mito de la caverna a los embelecos fabricados por unos individuos que mantienen engañados a los hombres durante toda su vida. Los engaños son placenteros, sobre todo cuando vienen acompañados de lisonja y vanidad. Hoy quizá es más eficaz la mampara -medios de comunicación de masas, publicidad, ideologías políticas, etc.- tras la cual nos embelesan los titiriteros. Mayor será entonces el esfuerzo necesario para hacer la luz que disuelva las sombras. Pero el que quiera ser hombre de pleno derecho tiene que intentarlo. Os dejo un texto de Platón que inaugura la historia de Europa, de una inquietud de la que siempre ha hecho gala: la de escudriñar todo lo que hay alrededor.


 

– Y a continuación – seguí –, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza. Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual supónte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquéllos sus maravillas.

 

– Ya lo veo – dijo.– Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.

– ¡Qué extraña escena describes dijo y qué extraños prisioneros!

 

– Iguales que nosotros – dije –, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos? (Platón, República, (514, a-c)"


 

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