Izquierda en sentido propio

Un movimiento es de izquierdas o de derechas en sentido político si tiene que ver con el Estado, con su fortalecimiento y debilitamiento. Si no tiene nada que ver con él, entonces no es una cosa ni la otra. G. Bueno llama a los primeros definidos e indefinidos a los segundos. Estos últimos, queriendo acogerse al prestigio que da el poderse llamar “de izquierdas”, se tienen por tal, pero están lejos de serlo. Se trata de las vanguardias artísticas, de algunos movimientos rebeldes, los perroflautas, las ONGs que se sitúan contra la globalización, algunos movimientos anticulturales, religiosos etc., que en muchas ocasiones se sostienen sobre las subvenciones que los propios Estados les otorgan. Si acaso son izquierdas en un sentido impropio. Se parecen a las izquierdas en sentido propio en que, lo mismo que éstas se oponen a la derecha conservadora, ellas se oponen a la tradición o a lo que juzgan como tal. En todo caso, lo que hacen casi nunca tiene nada que ver con la acción política, sin perjuicio de que algún partido político lo aproveche para sus fines. ¿O habrá que aceptar que la música de Stravinski y la pintura de Dalí, que eran ambos de derechas, ha contribuido en algo a los objetivos de la izquierda porque se trate de actividades artísticas de vanguardia?

Puesto que aquí se toman en consideración las izquierdas en sentido propio y no figurado o impropio, se dejarán por ahora de lado esas agrupaciones que se dan a sí mismas un nombre que no las designa para, una vez establecidos los límites de las primeras, señalar el terreno que resta para las segundas. No serán pertinentes, en consecuencia, aquellos casos en que a alguna izquierda se le quieran añadir rasgos como la tolerancia, la mirada hacia el futuro, el pacifismo, la salud, la preferencia por unas fechas históricas, la manera de vestir, los modismos del habla, las preferencias culinarias, etc.

Hay que empezar mostrando la primera izquierda, la que se configuró a la par que se formó la primera idea filosófica de Nación política y en referencia inexcusable con ella, de paso que por oposición y contraste se formó la primera derecha. De ahí surgió la segunda generación de izquierda. Es lo que habrá de mostrarse a continuación. El proceso es, pues, histórico, hasta llegar a la sexta y última generación.

También son históricos los estilos musicales y artísticos, lo que hace que solamente puede comprender un cuadro o una sinfonía quien tiene una idea adecuada del proceso que ha conducido hasta ellos. Del mismo modo, solamente comprende adecuadamente una generación de izquierda quien conoce el proceso que ha llevado hasta ella.

Debe advertirse además que el hecho de que una generación proceda de otra no significa que la anterior sea aniquilada por la posterior. Varias generaciones pueden coexistir, formar seres híbridos, etc. Esta coexistencia de varias generaciones, a la que se puede añadir la hibridación entre ellas y con otras izquierdas indefinidas, es lo que ha dado lugar a la permanente confusión mental de la que son incapaces de salir muchas personas en nuestro tiempo.

Es una confusión a la que contribuye el hecho de que mientras algunas o todas las izquierdas indefinidas reclaman para sí el nombre de izquierda, algunas definidas no se lo quieren aplicar, como fue el caso de Lenin. A la derecha le pasa lo mismmo, pues, por ejemplo, los fascistas y los nacional-socialistas no querían ser llamados de derechas e incluso en bastantes ocasiones se llamaban de izquierdas. Hoy sigue ocurriendo que la derecha rechaza el nombre, a veces porque en algunos asuntos ha rebasado por la izquierda a sus adversarios. En todo caso, prefieren el nombre de “centro derecha” o simplemente “centro”.

Estas denominaciones pueden tener más importancia en países de tradición católica, como Francia, España, Italia y Portugal. En Estados Unidos e Inglaterra no las utilizan.

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