¡Fuera la filosofía!

El ave de Minerva

Y fuera también la Ciencia, entrada en la Filosofía según el frontispicio de la Academia de Platón: “Nadie entre que no sepa geometría” o que no conozca cómo se hace una ciencia, un sistema de verdades demostradas.

Una ciencia es un despliegue irreal de la razón y en la razón. Las verdades demostradas hallan en ella y por ella una unidad entre elementos mentales por ella producidos, un entramado de entes de razón que, una vez logrado, no deja de modificarse. No obstante, reproducirá la estructura de la realidad fuera de la mente. Si tal realidad es la salud, será la ciencia de la medicina, si la energía, será la de la física, si el número, será la de la matemática. Así, una parcela detrás de otra, la mente va tejiendo una red que es un calco perfecto, ordenado, de lo que existe fuera de ella.

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Cosas y conceptos

Los conceptos y los razonamientos que con ellos se hacen pueden  descubrir la verdad, pero también pueden encubrirla. El conocimiento ordenado sobre una cosa cualquiera no puede evitar el recurrir a conceptos y razonamientos, pues solamente así es posible colocar en estructuras coherentes los caracteres extraídos de la realidad. No obstante, esa estructuración debida al trabajo de la razón es algo que parece añadirse a lo real. Es la razón puesta en la cosa. Por esto es preciso discernir en la ciencia construida lo que viene del sujeto y lo que  viene del objeto. Si lo agregado por la razón fuera real entonces con cada conocimiento de un ser se añadiría a ese ser algo que antes no estaba en él, lo que es inadmisible. Que el ojo agrega algo a la visión es seguro, pero no agrega nada a la cosa vista. El hombre que pretenda ver bien tendrá que distinguir lo que pone su ojo y lo que está en la cosa.

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Las falacias

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Adán y el diablo

En un hermoso libro de Germán Sánchez Espeso, de título Paraíso, se menciona el primer encuentro entre Adán y el diablo. Yo me permito rememorarlo de la siguiente manera:
Recién creado por Dios, todavía fresco, pero en plena posesión de una capacidad mental poco común -era por aquel entonces el hombre más inteligente del planeta-, Adán sentía una curiosidad insaciable hacia todo lo que le rodeaba. La verdad es que tenía muchas cosas que aprender y poco tiempo para ello: Dios lo había creado con 30 años, así que tenía que darse prisa.

La inexistencia de la lógica

He aquí una extraña afirmación de Wittgenstein hallada en Deaño, A., Introducción a la lógica formal, 2ª ed., Alianza Editorial, Madrid, 1980:
"Si de la inexistencia del mundo no se siguiera la inexistencia de la lógica, entonces la inexistencia de ésta se seguiría de la existencia de aquél".

Sofistas

Protágoras, que había acordado con Euatlo no cobrarle las clases hasta que ganara su primer juicio, lo llevó a los tribunales porque pasaba el tiempo y éste no se decidía a emprender ningún pleito. Así argumento el maestro:
-Si ganas el juicio, tendrás que pagarme, pues es lo acordado; también si lo pierdes, pues los jueces te obligarán a ello.