El ente en la filosofía de Aristóteles

Aristóteles, nacido en Estagira el año 384 antes de la venida de Cristo, de profesión médico por ascendencia paterna y por formación filósofo, floreció en la escuela del divino Platón, de quien fue discípulo aventajado y, no obstante, renovador audaz. Criado entre las ciencias naturales y los cuerpos vivientes, no tardó en inclinar su ingenio … Leer más

Moneda y filosofía

En consecuencia, la filosofía repite en lo esencial la religión de los dioses olímpicos. Pero hay más. Algunos sucesos que se estaban produciendo en la sociedad griega al mismo tiempo que tenían lugar en lo religioso y lo filosófico los cambios mencionados fuerzan a ampliar considerablemente el horizonte de lo que estamos tratando, pues aportan unos elementos de juicio que, junto a lo dicho sobre la mitología, proporcionan una perspectiva imprescindible para comprender adecuadamente la posición de la filosofía en relación con las demás partes de la cultura griega.

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El destino de la Moira

Resta solamente decir algunas palabras acerca del destino que a la misma Moira tocó cumplir en la evolución de la mentalidad griega. Su significado originario era el de lote o parte que se asigna a alguien o algo. En la religión olímpica dio lugar a la existencia de tres compartimentos en el universo, cada uno de los cuales había sido por igual entregado a alguno de los tres grandes dioses, con la obligación expresa de que ninguno de ellos podía usurpar el territorio asignado a otro. Como se ha advertido, era una exigencia implícita en el sistema politeísta, y no era desconocida de las gentes, como puede comprobarse en el canto XV de la Ilíada, donde Poseidón se declara humillado por haber recibido una orden de Zeus en la que le manda dejar de luchar a favor de los aqueos. Su humillación no es otra que la de recibir un mandato de un dios igual a él:

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El rey, el sabio y el filósofo

Veamos ahora con más detenimiento los dos factores que Thomson aduce, a saber, los políticos, con especial referencia a la monarquía, y los sociales, por haber accedido a una sociedad comercial, pues en ambos terrenos se produjeron cambios que ilustran sobremanera los cambios que a su vez tuvieron lugar en lo intelectual.

La transformación de las formas políticas griegas tuvo una importancia decisiva. Con anterioridad a la democracia y a la sociedad comercial había existido la monarquía, que, por su papel de relación privilegiada con la divinidad, era el centro de explicación del orden natural. Era un tipo de rey al que se atribuía la responsabilidad del transcurso del tiempo y de la sucesión de los meteoros naturales. Cuando este rey mago hacedor del tiempo desapareció, arrastró tras de sí el orden que regulaba todo lo natural.

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La Moira y la filosofía

Es difícil exagerar la importancia de la Moira, una categoría de pensamiento de la que brotaron grandes ideas que pervivieron en distintos campos de la actividad intelectual cuando ella misma ya había desaparecido. Puede decirse incluso que su influencia no se ha apagado, por más que creamos hoy habernos librado de ella. La Moira era por derecho propio el tema central del politeísmo griego.

Por exigencias lógicas, cualquier politeísmo riguroso, si ha de permanecer tal, debe concebir un universo carente de propósito definido que pueda proceder de alguna inteligencia. Menester sería que fuera una inteligencia divina, omnipotente, para ser capaz de dotar de finalidad al universo entero y al resto de los mismos dioses, pero entonces no sería un estricto politeísmo, pues esa personalidad todopoderosa estaría a un paso de eliminar al resto de las divinidades y engendrar así un monoteísmo. Pero entre los griegos no ocurrió tal cosa. Los dioses tenían repartidas las esferas de poder del mundo y a ninguno de ellos le era permitido apoderarse del plan general. Zeus, el dios que más derechos podría haber alegado para declararse único, no pasaba de ser uno más, a pesar de su título de padre de los dioses y los hombres. No podía irrumpir en la parcela de poder que sus hermanos Poseidón, el dios de las aguas, y Hades, el dios de abajo, tenían asignada y, en última instancia, se le podía si acaso reconocer como el poder máximo del momento presente del universo, pero las gentes sabían de la existencia de otros dioses, oscuros pero tan poderosos como ellos (los Titanes, Cronos. . .), a quienes pertenecía el gobierno de otros mundos futuros y había ya pertenecido el de otros áureos tiempos pretéritos.

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Mito y razón en la antigua Grecia

La filosofía no nació en Grecia como negación o abandono de la mitología, sino como especulación sobre temas tradicionales presentes en la mitología, desde otra perspectiva. La relación entre ambas no fue de oposición, como tantas veces se ha dicho. No hubo enfrentamiento entre la religión y el pensamiento racional, ni se abandonó la primera y se entró en el segundo, como si la razón fuera una entidad envolvente, a la manera del alma del mundo de que habló Plotino, en la que se puede entrar o de la que se puede salir.

Esa supuesta oposición ha sido del todo negada después de crítica de la tesis de Lévy-Bruhl, el autor que postuló la existencia de una mentalidad que llamó prelógica, aunque no irracional, anterior al pensamiento racional y diferente de él, una mentalidad que, en lugar de seguir el principio de contradicción, seguía el de participación. El empeño de Lévy-Bruhl fue el que mejor diseñó un supuesto pensamiento no racional o científico, pero fue un empeño inútil, como él mismo reconoció, dando muestras de una honradez intelectual nada común. Lévy-Bruhl fue el mejor crítico de Lévy-Bruhl. Encontró que su teoría era inadmisible y que, en consecuencia, no puede trazarse una línea que ponga el pensamiento científico racional a un lado y al otro el religioso o mítico.

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Francisco Suárez

Nacido en 1548 y fallecido en 1617, Francisco Suárez, llamado el Doctor Eximio, guarda una gran semejanza con santo Tomás en cuanto que tiene ante sí una inmensa cantidad de fuentes cada vez que pone su pluma sobre el papel. Conoce a fondo a Platón, Aristóteles, a los comentadores de ambos, a los neoplatónicos (Plotino, Plutarco, Proclo), a los escolásticos, sean dominicos, franciscanos o jesuitas, a los nominalistas, los árabes, los renacentistas, los averroístas latinos, etc. A todos cita profusamente y los trata con respeto, de todos acepta ideas después de hacerlas pasar por el tamiz de su propio pensamiento. Su sistema filosófico, bien trabado, es un compendio o resumen de todo cuanto había llegado hasta él.

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Edad Contemporánea

1. Tiempo de revoluciones

Los nuevos tiempos, que son los nuestros, tuvieron en Hegel su heraldo, porque, según él, los motivos centrales de la Revolución Francesa y su expansión a toda Europa por los ejércitos y la obra jurídica de Napoleón anunciaban la realización de la razón en la historia. Más tarde, ya vencido Napoleón y deshecha aparentemente su obra, Hegel fijó su mirada en Prusia, una de las potencias vencedoras. Estaba convencido de que su filosofía unificaba el mundo por el pensamiento mientras las fuerzas políticas y militares lo unificaban por la acción. No era la primera vez que sucedía algo parecido. Aristóteles, con quien tanto gustaba Hegel compararse, también se había esforzado por integrar en un sistema coherente todo el saber anterior con el fin de comprender el mundo mientras su discípulo Alejandro lo conquistaba por los armas y las leyes y extendía a todos sus confines la cultura helénica. Como Aristóteles también, Hegel cierra un ciclo histórico y abre otro. Él mismo creyó que era así.

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Francisco de Vitoria

A Francisco de Vitoria, nacido entre los años 1483 y 1483 y fallecido el 1546, se debe el impulso principal por la restauración de la Escolástica. Mientras vivió no publicó una sola obra. Las que hoy conocemos son apuntes que sus alumnos tomaban en clase. Se llaman “relecciones”, un nombre que equivale a “relecturas”. Destacan las denominadas De indis, sobre la conquista de las Indias, De potestate civili, sobre el derecho público, y De potestate Papae et Concilii, sobre la relación entre el Papa y los Concilios. A estas tres principales relecciones se debe el que la fama de Vitoria fuera más allá de nuestras fronteras.

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Protágoras

Amigo de Péneles y Eurípides, el florecer de Protágoras de Abdera se sitúa en el 444 ó 440 a. C. y se sabe que murió a los 70 años. Fue acusado de impiedad por causa de una obra titulada Acerca de los dioses y tuvo que huir a Siracusa, pereciendo en el camino. Fue el primero en llamarse maestro de virtud y sofista a sí mismo. Enseñó en casi todas las ciudades griegas y estuvo en Atenas en repetidas ocasiones.

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Mito y razón

  1. El milagro griego

La explicación usual de la historia de la filosofía da por sentado que ésta nació en Grecia hacia el siglo VI antes de nuestra era, concretamente en las ciudades jónicas del Asia Menor. Destaca además un acontecimiento y una fecha como indicadores de la aparición de esta nueva forma de pensar: la correcta predicción, en el año 585 a. C., de un eclipse de sol por el filósofo Tales de Mileto, a la sazón el primer representante de la más primitiva escuela griega de ciencia. La razón del hecho no habría estado en que Tales hubiera hecho una buena predicción, sino en que fue un hombre que había adoptado una nueva actitud intelectual: en lugar de consultar al oráculo, observó y calculó las trayectorias de los cuerpos celestes[1]. Tal actitud, se concluye, obedecía a una diferente concepción del universo, a una aceptación de la existencia de leyes por las que éste se rige. Esta novedad, este gran acontecimiento con que se inicia la historia de la filosofía y la ciencia de la tradición europea, no puede ser explicado si no es aludiendo al «milagro griego».

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Esplendor de la escolástica

// < ![CDATA[ (function(i,s,o,g,r,a,m){i['GoogleAnalyticsObject']=r;i[r]=i[r]||function(){ (i[r].q=i[r].q||[]).push(arguments)},i[r].l=1*new Date();a=s.createElement(o), m=s.getElementsByTagName(o)[0];a.async=1;a.src=g;m.parentNode.insertBefore(a,m) })(window,document,'script','//www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-25183444-1', 'auto'); ga('send', 'pageview'); // ]]>La filosofía de los árabes y los judíos fue cercenada cuando la cristiandad estaba originando organizaciones sociales y métodos docentes capaces de recibirla y perfeccionarla: las universidades y las órdenes religiosas planificaron, sistematizaron y protegieron el trabajo de los sabios, las escuelas de traductores proporcionaron un abundante material de estudio y el método escolástico impuso orden en la creación y transmisión del conocimiento.
La universidad como centro organizado de estudios regulares, integrado por profesores y alumnos obligados a cumplir los reglamentos y con capacidad para expender las titulaciones de bachiller, licenciado, maestro y doctor, titulaciones que dotaban a sus poseedores del derecho exclusivo a ejercerlas en cualquier lugar, es una creación de la Edad Media. Su origen no hay que buscarlo en las antiguas escuelas de saber. La Academia de Platón, el Liceo de Aristóteles, las bibliotecas de Alejandría y Pérgamo, las medersas persas, las madrazas árabes, las midraschot judías, etc., no originaron las universidades medievales ni fueron similares a ellas en funciones y contenido.