Proseguimos el examen de la sustancia finita deteniéndonos, una vez más, en la sustancia primera. Lo primero que de ella debe afirmarse es su carácter individual; pero esta afirmación, lejos de ser inmediata, exige esclarecimiento. Sabemos ya que sustancia es aquello a lo que compete existir en sí, esto es, aquello cuyo ser no es en otro ni por otro como en sujeto.
Desde el punto de vista de su esencia, la sustancia puede ser simple o compuesta. En este último caso, sus principios constitutivos son la materia y la forma; en el primero, se trata de sustancias separadas de la materia, como las inteligencias puras. La sustancia completa constituye un en-sí perfecto, mientras que la incompleta, en cuanto naturaleza, se halla ordenada a la materia para realizar su operación propia. Así ocurre, por ejemplo, con el alma humana, que, aun siendo en sí singular, no agota su realidad sino en unión con la materia.
Cuando la sustancia completa existe, recibe el nombre de sustancia primera: es aquello que es en sí y existe en sí. Por el contrario, considerada en razón de especie, puede aparecer como incompleta, en cuanto ordenada a su actualización en el compuesto. Ahora bien, toda sustancia completa, en cuanto tal, es necesariamente singular e individual: su modo de ser excluye no sólo el existir en otro, sino incluso el comunicarse como tal a otro. Esta incomunicabilidad del “en-sí” es lo que la tradición designa como suppositum. Sigue leyendo






