Krugman: el mayor robo de la historia

El día 6 de marzo pasado Paul Krugman publicó un artículo de nombre “Trump Is Planning the Biggest Heist in History”, en que lanza una crítica severa y vehemente contra un supuesto proyecto de Donald Trump: la creación de una “reserva estratégica de criptomonedas”, que Krugman ve como un fraude colosal en ciernes. El tono … Leer más

El orden económico roto

Mariana Mazzucato, en su artículo «El orden económico roto: Cómo reconfigurar el sistema internacional en la era Trump», analiza las causas y consecuencias de la reelección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, enfocándose en las deficiencias del sistema económico actual y proponiendo una reestructuración hacia un modelo más equitativo y sostenible. Pongo a … Leer más

IA y el cálculo de mercado

El problema del cálculo económico, tal como fue planteado por economistas como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, se centra en la dificultad inherente a un sistema socialista para asignar recursos eficientemente debido a la ausencia de un sistema de precios libremente determinado por el mercado. ¿Puede la inteligencia artificial resolver este problema o es … Leer más

El tirano compra voluntades

Gabriel Maureta Aracil (1832–1912): El marqués de Santillana

He sabido que una vicepresidenta del gobierno se ha propuesto comprar la afección de los jóvenes dando veinte mil euros a cada uno. Yo considero esto una grave inmoralidad. Trataré de dar unas razones explicando por qué.

Se aprenden muchas cosas observando el dinero: si se regala, se gana, se roba, se obtiene por medio de añagazas y trampas, si se da a cambio de la voluntad de los electores, etc.

Si el dinero no se obtiene por consentimiento libre entre las partes, sino por coerción, si los improductivos mandan sobre los productores de mil maneras, imponiéndoles “fines bellos, sublimes y espirituales” –también “culturales”-, si no se trafica con mercancías, sino con favores, si el soborno está a la orden del día, si la ley castiga a quien gana el dinero con su esfuerzo honrado arrebatándoselo y premiando con él al haragán, como pretende hacer la vicepresidenta (pues de hecho considera o convierte en haraganes a los receptores de su regalo), entonces la sociedad ha caído tan bajo que difícilmente podrá ya levantarse. Esto de los veinte mil euros regalados es una muestra de todo ello.

Leer más

Moralidad del dinero

Querido amigo, sigo tratando de dilucidar la esencia del dinero, de lo que hemos tratado ya tú y yo. Al hacerlo, tal vez alguien me apellide como liberal. Pero eso importa poco. Hemos convenido que lo mejor es huir de las ideologías al uso y buscar la verdad. Como mucho, yo me definiría como reaccionario en el sentido literal del vocablo, puesto que reacciono ante los errores que, a mi juicio, se cometen o se comentan, sobre todo cuando proceden de alguna mente en que habita alguna utopía, porque las utopías son idealistas y el idealismo es un error. Pero vengamos al tema de hoy, que tiene que ver con la moralidad y el dinero.

Leer más

Sobre el dinero

Querido amigo:

Tengo la intención de dejarte unas cuantas cartas aquí, en Minuto Crucial, para poner orden en algunas cosas que hablamos tú y yo cuando estamos juntos.

Denario romano

Empezaré hablando del dinero. Me parece importante hacerlo porque muchos consideran que es algo que hace malo a quien lo posee.

Lo primero es que el dinero no es una mercancía, sino un medio para el intercambio de mercancías. No es el agua que lleva los cangilones de la noria de la economía. Ni siquiera es el eje sobre el que ésta gira. Es más bien la grasa que, aplicada al eje, hace que todo ruede con desenvoltura. Y no importa que haya mucho o poco, porque el precio de las cosas se acomoda siempre a la cantidad de dinero existente. No gana más una persona que el año 2012 ve en su nómina una cifra cinco veces superior a la de 1990 si no puede cambiar ese importe por los mismos productos de entonces.

Leer más

Las feministas

Habían pasado unos pocos días desde mi última visita a la cafetería de aquel hotel. Me senté a la mesa de siempre. A través de los cristales pude ver el almendro en flor, anuncio de una pronta primavera. En la mesa contigua estaban las dos damas. La que había hablado sobre el feminismo como una forma del resentimiento seguía aduciendo razones, ahora de tipo social y económico.

«Es fácil probar, decía, que el feminismo no es causa, sino efecto, en lo social y económico, de algo que las secuaces de esta ideología desconocen, seguramente de modo voluntario.

Leer más

No tendrás nada y serás feliz

En un Foro Económico Mundial se ha hecho énfasis en esa doctrina: “En 2030 no tendrás nada y serás feliz”. Es una conjunción cuyos términos pueden ser verdaderos por separado, pero no juntos. Es posible no tener nada y también es posible ser feliz, pero no las dos cosas a la vez. Lo prueba de modo irrefutable Domingo de Soto, el teólogo dominico que fue confesor de Carlos V.

La argumentación que presenta en su De iustitia et iure sobre el dominio, la libertad y la propiedad difumina como por ensalmo la bruma de la doctrina enunciada en Davos. Empieza distinguiendo entre derecho y dominio, o propiedad, de una cosa. Si bien el segundo envuelve al primero, no sucede al revés, porque, aunque toda propiedad de cosas está contenida en el derecho, no todo derecho puede incluirse en la propiedad o dominio. Los hijos, por ejemplo, no tienen dominio alguno sobre sus padres, pero sí derechos, como el ser alimentados, cuidados y educados. El dominio sobre una cosa es poder de utilizarla a conveniencia, pero el derecho no tiene que ver con esto.

Leer más

Marx: el fetichismo de la mercancía

1. Valor de uso

Que haya oscuridad y misterio en las obras de sus manos es algo desconocido habitualmente para los propios hombres, pero es asimismo algo habitual en ellos. En su trato con la naturaleza producen cosas de una utilidad inmediata que saben apreciar sin vacilaciones. Humanizan lo natural y, así transformado, lo convierten en objeto de uso. No hay otra alternativa para ellos si pretenden satisfacer sus necesidades, cualesquiera que sean. Si solamente existiera uno de ellos, consumiría los bienes que produjera él mismo. En éstos no habría nada oculto para él. Robinson Crusoe en su isla lleva a cabo diversos trabajos: caza, pesca, construye herramientas, fabrica muebles, etc. Todos son más o menos útiles, sea para su supervivencia o sea para su distracción. Las actividades son distintas, pero Robinson es uno. Nada hay de extraño en todo ello. Algunos le cuestan más esfuerzo que otros, dependiendo de su destreza o de la resistencia que le opone la naturaleza, pero no son un obstáculo para que lleve la cuenta del trabajo que emplea en hacer cada cosa, de los bienes de uso producidos, de las funciones asignadas a cada herramienta, etc. La sola existencia de un inventario así muestra a las claras su situación. Su trabajo es privado y su consumo también lo es. La relación entre ambos es, además, directa. ¿Qué enigma podría ocultarse tras ella?

Leer más

¿Progresismo malthusiano?

La Revolución Francesa parecía una promesa de realización de los ideales utópicos que muchos hombres de letras –philosophes- habían alimentado durante el siglo XVIII: desaparición de los privilegios de la nobleza, igualdad de todos los hombres, difusión de las luces y retroceso de las tinieblas, liberación de los oprimidos, paz perpetua, pan, prosperidad, seguridad, etc. El fervor revolucionario llevó a algunos a creer que a la familia y a la propiedad les había llegado también su hora.
El resultado buscado no coincidió exactamente con el logrado, pues la nueva etapa se abrió con guerras mucho más sangrientas que las anteriores, el poder político culminó la concentración y la potencia que había comenzado a adquirir con Luis XIV, apareció la nación política, la época del terror, etc. Fueron luces y sombras, aunque al principio predominaron las segundas. Los partidarios de la Revolución, muy numerosos hasta que cayeron las primeras gotas de sangre, se escindieron en partidarios y adversarios.

John Stuart Mill

John Stuart Mill fue un niño prodigio. Fue educado por su padre, que estaba convencido de que la mente es como una tabla rasa en la que no hay nada escrito(tanquam tabula rasa in qua nihil scriptum est) Esta falsa convicción fue aparentemente corroborada sin embargo por su puesta en práctica en la educación de Mill. Sin ir a ningún colegio ni universidad, aprendió griego a los tres años, aritmética poco tiempo después, latín a los ocho, lógica a los doce, economía a los trece. A todo ello se iban juntando largas lecturas de historia. A los trece años había culminado su instrucción según los planes de su progenitor.
Las disparatadas concepciones pedagógicas del padre no surtieron el efecto deseado, al menos en teoría económica. Había enseñado a su retoño las teorías clásicas, que no establecían una neta distinción entre los sistemas productivos y las instituciones de distribución basadas en la propiedad privada. Contra esa idea se acabaría rebelando Stuart Mill. Así fue cuando se convenció de que los sistemas de producción obedecen a leyes estrictas, como las de la física o la química, sin depender por tanto de los hombres, y de que la distribución de los productos es efecto exclusivo de las instituciones humanas. Lo primero venía a ser natural e inmutable, lo segundo cultural y sujeto a la voluntad política. Era posible entonces dejar que la producción siguiera su ritmo propio y diseñar planes de "justicia social" para la distribución.

El impuesto de la inflación

Es creencia común que la inflación, o encarecimiento de los bienes y servicios, se debe al flujo normal de la economía, pero no es así. La inflación es en realidad un impuesto que antiguamente recibía el nombre de señoreaje, porque consistía en la ganancia que el príncipe obtenía de la manipulación de la moneda. Seguiré a Bernanke y Abel –Macroeconomics- para ilustrarlo.
Supóngase que un presidente de gobierno desea gastar 5.000 millones de euros en la financiación de un cierto proyecto -ponga aquí cada lector el que mejor le cuadre. Como las arcas del Estado están vacías y él no puede gravar con más tributos a la población, porque teme una reacción que le restaría votos en las próximas elecciones, recurre a la vieja solución de imprimir billetes.

El sueldo del legionario

En sus Discursos políticos (1), “Discurso tercero. Sobre el dinero”, Hume se apoya en el libro IV de los Annales de Tácito para traer a colación que un soldado de Roma cobraba un dinero al día, lo que equivale a algo menos de ocho sueldos de su tiempo en Inglaterra. Un emperador mantenía normalmente unas veinte y cinco legiones, que a cinco mil hombre por legión suman un total de ciento veinticinco mil. Había también legiones auxiliares, pero, siendo variables su número y la paga de de sus legionarios, no es preciso tenerlas en cuenta aquí. Si se cuentan solo los soldados rasos, la paga de las veinticinco legiones no iban más allá de 1.600.000 libras esterlinas de la época de Hume, lo que es bien poco en verdad, pues, como él dice, el Parlamento Inglés había concedido para la última guerra 2.500.000 libras. Hay 900.000 de diferencia, que podrían haber bastado para pagar a los oficiales y atender otros gastos de las legiones de Roma. Y habría sobrado a buen seguro, pues en estas legiones había muy pocos oficiales en comparación con los que hay en los ejércitos modernos. Además la paga de aquéllos era muy exigua. Un centurión, por ejemplo, solo cobraba el doble que un solado, según dice Tácito en el libro I de sus Annales. A esas soldadas hay que descontar además el coste de la tienda, las armas y la ropa, que el emperador se cobraba del sueldo del legionario. Luego resultó muy barato mantener un ejército tan poderoso como el de Roma y extender los dominios del Imperio a todo el mundo conocido. Roma no dispuso de grandes cantidades de dinero ni siquiera después de la conquista de Egipto.

Newton y la bolsa

Newton se sabía capaz, según él mismo dijo, de calcular los movimientos de los astros en el cielo, pero no la locura de la gente en la tierra. Confiado en que las trayectorias de la insania tienen alguna regularidad, el año 1720 vendió sus acciones en la Compañía de los Mares del Sur y ganó 7.000 libras, el 100% de lo que había invertido, pero, yendo en pos de su buena estrella, volvió a tentar su suerte en un momento posterior de máxima efervescencia de la bolsa, lo que le llevó a perder unas 20.000, que equivalen a más de tres millones de dólares actuales. Después de aquel descalabro prohibió que se nombrara en su presencia la Compañía de los Mares del Sur.
El coeficiente intelectual de Sir Isaac Newton ha debido ser uno de los más elevados de la especie. Sin embargo, al dejarse contagiar del entusiasmo bursátil de la gente se portó como un estúpido. Entre la sabiduría y la necedad hay un corto paso que muy pocos son capaces de no dar.

Salvemos el euro

Los bancos centrales, tanto en Europa como en Estados Unidos, se dedican en gran parte a permitir y fomentar la expansión ilimitada del crédito sin respaldo en el ahorro real, lo cual, alentado por grupos de interés, como los partidos políticos, los sindicatos y las entidades financieras dedicadas a la especulación, tiene que conducir de forma recurrente a que la institución financiera en su conjunto se halle al borde del colapso, a que quiebren muchos bancos y cajas de ahorro y a que se desplome la producción económica. Ésta es la dolorosa lección que estamos aprendiendo en estas fechas. Un sistema financiero así es fuente constante de inestabilidad económica.
Es, por otra parte, un grave atentado contra el derecho de propiedad el hecho de que los bancos no estén obligados por la ley a mantener el cien por cien del coeficiente de caja, lo cual entra en el terreno de la ética. Esto se evitaría volviendo al patrón oro, pues entonces habría una base monetaria que los poderes públicos no podrían manipular y sometería a una disciplina estricta a muchos agentes sociales y sus tendencias inflacionistas. También disciplinaría a los ciudadanos particulares, que no encontrarían el medio de endeudarse y dejar pender su futuro y el de sus hijos del hilo del crédito fácil.