Archivo de la categoría: Moral

Solidaridad humana

Por resolución número 60/209 de fecha 22 de diciembre de 2005, la Asamblea General de la ONU, decidió “proclamar el 20 de diciembre de cada año Día Internacional de la Solidaridad Humana” por ser la “la solidaridad … uno de los valores fundamentales y universales” en que deben basarse “las relaciones entre los pueblos en el siglo XXI”.
El nombre “solidaridad” parece nuevo y solo a duras penas consigue disfrazar el viejo concepto significado por él. Se trata de un nombre que no debía existir en el idioma español del Siglo de Oro, pues no aparece en autores como Cervantes o Quevedo. Ni siquiera se encuentra en filósofos como Kant o Hegel. Sí se halla, aunque una sola vez en el Diccionario filosófico de Voltaire, bajo el rubro de “Médicos”. Aparece con profusión solo a principios del siglo XX. Mises dedica muchas páginas a hablar de los solidaristas, refiriéndose a los socialistas.
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Tolerancia

Ser tolerante hoy es ser moralmente bueno y, sobre todo, un demócrata. El intolerante, por el contrario, es malo y antidemócrata. La tolerancia es la virtud moral y politica suprema. Se relaciona con la libertad de opinión, de palabra, prensa, etc., entendida como la obligación de respetar la opinión de toda persona, sea quien sea.
Pero esto es indefendible, pues equivale a creer que todos los individuos tienen pleno uso de su razón y por tanto tienen el derecho a ser oídos.
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Entre la ley y el crimen

Algunos de los simpatizantes que tiene el terrorismo etarra se han hecho la ilusión de haber hallado el término medio entre el Estado y esa banda que se llama a sí misma socialista e independentista, para lo cual tienen que otorgar a ésta la autoridad que solo corresponde al Estado y a los secuaces de la misma que han muerto por causa propia o ajena la dignidad moral que solo corresponde a sus víctimas. Al querer ponerlas en pie de igualdad no se dan cuenta de que no existe un punto medio entre la ley y el crimen.
A uno de ellos, que ha encontrado un centro de resonancia en cierta organización que pretende cosas tales como la pacificación y la resolución del conflicto y en un periódico autodenominado independiente, se le ha ocurrido que el asesinato de Lasa y Zabala tiene que producir en cualquier persona de bien el mismo sentimiento de pena y dolor que produce el de una víctima cualquiera de la banda.
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Multiculturalismo

Hace poco daba alguna receta para no ser facha. Pero no dije lo más importante. Y lo más importante es que hay ser contracultural y también multicultural.
Lo primero va de suyo con el victimismo y no añadiré nada por ahora. Lo segundo es la clave de todo, lo que todo buen izquierdista y progresista no tiene más remedio que ser. El multiculturalismo es la fuerza motriz del izquierdismo postmoderno. No es más que la transmisión del individualismo romántico, de aquel sentimentalismo que puso en el yo el centro generador de la vida intelectual y espiritual de la especie, a la vida política, de donde resulta el engrandecimiento de todo lo particular sobre lo general.
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La maldad

He visto en la red varios textos de Ayn Rand sobre el expolio de los impuestos, pero ninguno como el siguiente, que versa sobre la maldad humana. Se trata de algo que muy pocos esperarían, pues hay socialistas en todos los partidos, como dijo Hayek. Se trata de un pasaje en que Dagny, una empresaria animosa y valiente, se encuentra con Ivy Starnes, una rica heredera que junto con su hermano había emprendido un experimento socialista. La novela de Rand, La rebelión de Atlas, presenta a esta última “sentada sobre un almohadón, igual que un Buda panzón”, quejándose de la avaricia humana, que ha arruinado su noble propósito de favorecer a los desheredados de la fortuna aprovechando las habilidades de los más capacidades. Se trata del lema del socialismo del siglo XIX, presente en Proudhon, Marx, etc.: “a cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus capacidades”. Así expone el Buda panzón el fracaso de este noble propósito:
-No me es posible contestar sus preguntas, jovencita. ¿El laboratorio de investigación? ¿Los ingenieros? ¿Por qué debería recordar todo eso? Era mi padre quien se encargaba de esas cosas, no yo; pero mi padre era un malvado que no se preocupó de nada, excepto de sus negocios. No tuvo tiempo para el amor; sólo para el dinero. Mis hermanos y yo vivíamos en un plano diferente. Nuestro propósito no era producir beneficios, sino hacer el bien. Hace once años elaboramos un novedoso e importante plan, pero fuimos derrotados por la codicia, el egoísmo y la bajeza animal de las personas. Era el eterno conflicto entre espíritu y materia; entre alma y cuerpo. No quisieron renunciar a sus cuerpos, que era todo lo que queríamos de ellos. No me acuerdo de ninguna de esas personas, ni me importa. ¿Los ingenieros? Creo que fueron ellos los que provocaron la hemofilia. Sí, digo bien, la hemofilia, esa paulatina hemorragia, esa pérdida de jugo vital imposible de detener. Fueron los primeros en huir, desertaron unos tras otro. ¿Nuestro plan? Pusimos en práctica el noble precepto histórico: de los más capaces a los más necesitados. Todos los trabajadores de la fábrica, desde el personal de limpieza hasta el presidente, recibían el mismo salario, el mínimo que cubriera sus necesidades diarias. Dos veces al año nos reuníamos en asamblea, y cada uno de nosotros presentaba sus reclamos. El voto de la mayoría determinaba las necesidades y las capacidades de cada uno, y las utilidades de la fábrica eran distribuidas según esa modalidad. Las recompensas se basaban en la necesidad, y los castigos, en la habilidad. Quienes, según la votación, tenían mayores necesidades, recibían las cantidades más elevadas, y quienes no habían producido lo señalado por nuestras normas, eran obligados a pagar una multa, trabajando horas extra. Tal fue nuestro plan, basado en el principio del altruismo; requería hombres que actuaran no por la ambición de beneficios, sino por amor a sus hermanos.
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El códice de Samarcanda

 – ¿Para qué sirve un zapato? –preguntó una vez Sócrates a un zapatero.
– Para calzarse, ¿para qué si no? -respondió el otro como si hablara con un idiota.
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Drogas y aborto

Drogas Se me pregunta si debe o no legalizarse la droga y respondo que antes de responder es preciso pararse a pensar sobre la libertad y sobre la ley. Sobre la libertad Un hombre libre decide por sí mismo lo … Sigue leyendo

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Sócrates y el caballo

Que una finalidad de la educación sea la libertad es decir algo muy general. Un griego antiguo podía pensar lo mismo, pero al ponerlo en práctica se alejaba mucho de nuestras ideas. El modelo de hombre libre que quiso alcanzar la educación en la Antigua Grecia, la paideia, tiene en verdad poco que ver con el nuestro.
Según aquel modelo es libre el que no se tiene que dedicar a un trabajo productivo y no sirve a nadie. Un hombre libre es lo contrario de un esclavo, que vive para otro y no se pertenece. Ser libre es ser rico, pero la administración de la riqueza propia no debe ocupar demasiado tiempo. Además, hay que vivir en la ciudad, no en el campo, pues es preciso cultivar la filosofía, la política y otras actividades propias de su rango. Estas cosas no se aprenden entre higueras y nogales. El hombre libre tiene, por último que gobernar a los inferiores o, como mucho, puede ser temporalmente gobernado por sus iguales, porque de otro modo su vida estaría a merced de otros menos dignos que él.
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Kurosawa

Una película japonesa, de nombre “Ikiru” –“Vivir”-, de Akira Kurosawa, cuenta cómo un funcionario municipal, que ha visto pasar sus días entre papeles sin vida, descubre que tiene un cáncer agazapado en el estómago y que solo le concede seis meses. Decide aprovechar esa breve tregua y se dirige a un lugar y otro para hallar en qué. No encuentra nada digno. Luego de pensar en cómo ha consumido su tiempo concluye que lo mejor es trabajar en lo de siempre, pero con auténtica dedicación. Gracias a ello logra que se construya un parque en un barrio cuyos vecinos habían desistido ya de intentarlo ante su propia mesa de oficina.
Así pasa ahora. La enfermedad está por doquier. Es una epidemia: la degradación moral, intelectual y estética que se ha extendido por todas partes por causa de esta papilla democrática que consume la mayoría de la población. ¿No será posible ayudar en la construcción de algún parque vecinal donde corra el aire fresco y los niños nos regalen con sus risas? Sí, creo que sí. Por eso creo conveniente escribir en esta pizarra que me regala Internet, por si contribuyo en algo. Sigue leyendo

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Libertad es voluntad fuerte

Que el fruto maduro de una buena educación es formar hombres bien educados parecerá una redundancia, pero no lo es. Solo es preciso preguntarse en qué consiste un hombre bien educado. Yo respondo por mi parte que es un hombre libre. Y, como hay varias especies de libertad –política, económica, física, moral, etc.-, es forzoso decir a cuál de ellas pertenece el hombre bien educado.
No hay que buscar soluciones muy alejadas de lo que piensa la gente corriente. Un hombre libre es el que hace lo que quiere hacer. Libertad es hacer lo que se quiere. Eso piensa todo el mundo y piensa bien.
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Educación y libertad

Un alcohólico dice que ha decidido dejar la bebida, pero en la primera ocasión vuelve a ella. ¿Lo hace contra su voluntad? ¿Habrá que aceptar que quería de verdad dejar de beber? Otro alcohólico decide lo mismo, pero lo hace. Los dos hacen lo que quieren, uno seguir en su estado, otro salir de él. Los dos son libres, aunque se trata de dos casos distintos, incluso contrarios. El segundo ha pensado lo que es bueno y conveniente y ha actuado en consecuencia. El primero no. Una libertad es superior a la otra. Es más libertad. ´
Digo esto porque pienso que el fin de la educación es la libertad y porque ésta puede entenderse en un sentido débil y entonces significa, sí, hacer lo que se quiere, que no es otra cosa que seguir el deseo del momento, el que exige satisfacción inmediata, como el alimento, la protección frente al frío, la cólera, el sexo, etc. Es la libertad del primer caso.
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