Desmesuras ideológicas

Era una época de ideas con patas largas y cabezas sin rostro, donde los pensamientos no nacían, sino que eran lanzados como fuegos artificiales a un cielo saturado de chispas intelectuales. A cada chispa le correspondía un grito, una proclama, un “yo también existo” en el gran mercado de las ideas, donde lo que no tenía silueta aguda moría antes de haber respirado. Era el tiempo de los pensamientos esculpidos con cuchilla, de los perfiles tan afilados que podían cortar incluso a quien los pensaba.

Porque nadie quería moldear ideas, eso llevaba mucho tiempo, calor, esfuerzo, sino perfilarlas con bisturí, como se perfila un cadáver antes de embalsamarlo. No era el amor por la verdad lo que movía al autor, sino el horror al olvido. Y así, cada pensamiento debía llevar sombrero, bigote y pancarta. Si no lo hacía, quedaba como un náufrago sin isla. Si el autor no se perfilaba, el editor lo haría, o sus fieles, o sus enemigos. Era el arte de brillar en un océano donde cada ola ya estaba iluminada por mil luces que reclamaban ser sol.

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El cartel de Semana Santa

Si es cierto, dice, que la humanidad sigue la senda que tú has empezado a recorrer, entonces tienes motivos para estar satisfecho de tu función en esta vida, pues eres un nuevo Galileo. En lugar de escribir en tu celda un libro contra Lord Alfred Douglas, lo has escrito para presentar tu acción como la de un profeta que se sitúa por encima de sus contemporáneos. Con él dices que estás por encima de todos nosotros. Tu castigo es tu justificación.

Volverán otra vez las lluvias

Yo me empeño a menudo en que los credos actuales, que castigan el ser más que la acción, no hagan mella en mí. A veces lo consigo y a veces no. He abandonado hace mucho la intención y la necesidad de incluirme en el marxismo y sus especies: el comunismo, el socialismo, el progresismo, el feminismo y otras. También me veo ajeno al ecologismo, al animalismo, al homosexualismo, etc. ¿Soy acaso un conservador? No, pues hay cosas que creo que no se deben conservar, pero otras sí. ¿Soy un retrógrado? Imposible. Eso es algo que puede ser un planeta en su ecuante, pero las sociedades no retroceden ni avanzan. Sólo están en el tiempo.

Soy más bien un reaccionario, porque a veces reacciono ante algunos hechos. El penúltimo ha sido un sello que, por orden del gobierno, quiere festejar el comunismo. Me pregunto: ¿qué es el comunismo? ¿Pronunciaré dictámenes sesudos e intrincados para expresarlo? No. Atenderé sólo a un rasgo. Juzgue el lector si es importante.

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