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Archivo de la categoría: Filosofía práctica
La venganza
Hablan de venganza y no saben lo que dicen. Más les valdría callar. Ese nombre le viene bien a lo que se llamó “venganza catalana”: el asesinato de Roger de Flor y de cien de sus almogávares de la Gran Compañía Catalana el cinco de abril de 1305 a manos de Miguel IX desencadenó un feroz ataque contra los bizantinos y el saqueo de toda Grecia a los gritos de “Aragó, Aragó”.
Grandes debieron ser la mortandad y las calamidades infligidas por los almogávares para que todavía hoy persista en algunos países balcánicos un monstruo imaginario sediento de sangre llamado Katalan y para que cuando un griego maldice a otro haga uso de un proverbio de su lengua: “así te alcance la venganza de los catalanes”.
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Publicado en Filosofía práctica, Política
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La maldad
He visto en la red varios textos de Ayn Rand sobre el expolio de los impuestos, pero ninguno como el siguiente, que versa sobre la maldad humana. Se trata de algo que muy pocos esperarían, pues hay socialistas en todos los partidos, como dijo Hayek. Se trata de un pasaje en que Dagny, una empresaria animosa y valiente, se encuentra con Ivy Starnes, una rica heredera que junto con su hermano había emprendido un experimento socialista. La novela de Rand, La rebelión de Atlas, presenta a esta última “sentada sobre un almohadón, igual que un Buda panzón”, quejándose de la avaricia humana, que ha arruinado su noble propósito de favorecer a los desheredados de la fortuna aprovechando las habilidades de los más capacidades. Se trata del lema del socialismo del siglo XIX, presente en Proudhon, Marx, etc.: “a cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus capacidades”. Así expone el Buda panzón el fracaso de este noble propósito:
-No me es posible contestar sus preguntas, jovencita. ¿El laboratorio de investigación? ¿Los ingenieros? ¿Por qué debería recordar todo eso? Era mi padre quien se encargaba de esas cosas, no yo; pero mi padre era un malvado que no se preocupó de nada, excepto de sus negocios. No tuvo tiempo para el amor; sólo para el dinero. Mis hermanos y yo vivíamos en un plano diferente. Nuestro propósito no era producir beneficios, sino hacer el bien. Hace once años elaboramos un novedoso e importante plan, pero fuimos derrotados por la codicia, el egoísmo y la bajeza animal de las personas. Era el eterno conflicto entre espíritu y materia; entre alma y cuerpo. No quisieron renunciar a sus cuerpos, que era todo lo que queríamos de ellos. No me acuerdo de ninguna de esas personas, ni me importa. ¿Los ingenieros? Creo que fueron ellos los que provocaron la hemofilia. Sí, digo bien, la hemofilia, esa paulatina hemorragia, esa pérdida de jugo vital imposible de detener. Fueron los primeros en huir, desertaron unos tras otro. ¿Nuestro plan? Pusimos en práctica el noble precepto histórico: de los más capaces a los más necesitados. Todos los trabajadores de la fábrica, desde el personal de limpieza hasta el presidente, recibían el mismo salario, el mínimo que cubriera sus necesidades diarias. Dos veces al año nos reuníamos en asamblea, y cada uno de nosotros presentaba sus reclamos. El voto de la mayoría determinaba las necesidades y las capacidades de cada uno, y las utilidades de la fábrica eran distribuidas según esa modalidad. Las recompensas se basaban en la necesidad, y los castigos, en la habilidad. Quienes, según la votación, tenían mayores necesidades, recibían las cantidades más elevadas, y quienes no habían producido lo señalado por nuestras normas, eran obligados a pagar una multa, trabajando horas extra. Tal fue nuestro plan, basado en el principio del altruismo; requería hombres que actuaran no por la ambición de beneficios, sino por amor a sus hermanos.
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Terrorismo etarra
El año 2002 la Conferencia Episcopal Española publicó una Instrucción Pastoral en que daba una valoración moral del terrorismo de ETA. En ella se argumentaba que la maldad del terrorismo es en sí mayor y más profunda que sus propios actos criminales, pese a ser éstos horrendos. Lo peor, pues, no es lo que hace el etarra, aun siendo horrible. Lo peor es el hecho de ser etarra, terrorista.
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ETA: el miedo y el odio
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Etarras y mediadores
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El etarra
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El vil metal
Los que dicen odiar el dinero están casi siempre dispuestos a apoderarse de él por medios inmorales en vez de hacerlo con su propio esfuerzo y contando con las demás personas. Para el que ha logrado acumularlo porque ha pensado en sus hijos o en su vejez es algo honroso, casi sagrado. Si el gobernante mete sus manos en ese capital, como pretende hacer en estas fechas, con el fin de salir de una crisis económica, se comporta como el ladrón que penetra en la morada de un hombre honrado con violencia. Es incluso una canallada superior, pues, aparte de no dejar posibilidad alguna de defenderse, carga sobre la personalidad de su víctima los peores insultos. Es el colmo del cinismo: te roban y además te acusan de no ser solidario.
Para conseguir dinero y guardarlo hace falta ser virtuoso. Para apoderarse de él sin merecerlo o para despilfarrarlo es necesario no tener valentía ni sentido moral. Este tipo de sujetos son los que están obligados a pedir perdón por sus acciones, no el otro. Conviene apartarse de ellos. Llevan piel moralizante, pero son lobos depredadores. Hace muchos siglos que han aprendido a tender trampas para cazar a los buenos ciudadanos que estiman su dinero y a los que piden perdón por tenerlo. A unos les aligeran el bolsillo, a los otros les alivian de su culpa.
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La corrupción política
El 13 de junio de 1918 dio Max Weber una conferencia sobre el significado del socialismo al círculo de oficiales del real e imperial ejército de Austria-Hungría. En ella desgranó las siguientes palabras sobre las preferencias políticas de un americano medio:
Sobre esto he hablado muchas veces con obreros americanos. El verdadero obrero americano yanqui ocupa un nivel muy alto en la escala de salarios y de capacitación. El salario de un obrero americano supera el de más de un profesor supernumerario de universidad. Son personas que han asimilado por completo las formas de la sociedad burguesa, que se presentan en público con chistera y acompañados de sus esposas —que quizá no tienen tantos modales o tanta elegancia como una «lady», pero que, por lo demás, se comportan exactamente igual que ella —, mientras que los emigrantes venidos de Europa fluyen hacia las capas inferiores de la sociedad. Cuando se me presentaba la ocasión de hablar con alguno de tales obreros yo solía decirle: no comprendo cómo os dejáis gobernar por la gente que os han puesto en esos cargos, pues como del sueldo que cobran tienen que entregar una parte en concepto de cuota al partido, y, como al cabo de cuatro años han de abandonar su cargo sin derecho a pensión, es lógico que procuren sacarle todo el jugo posible: ¿cómo, pues, os dejáis gobernar por ese grupo corrompido que os roba a ojos vistas centenares de millones? La respuesta típica que se me solía dar, y que con el permiso de ustedes quiero repetir ahora literalmente en toda su crudeza, era ésta: «Da lo mismo. Hay bastante dinero para ser robado y siempre quedará algo de sobra para que otros puedan ganar su parte —también nosotros —. Nosotros escupimos a esos professionals, a ecos funcionarios; los despreciamos. Pero si ocupara los cargos una clase con estudios y títulos, como ocurre entre vosotros, serían ellos entonces los que nos escupirían a nosotros.»
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Corrupción política
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Si el euro se rompe
Según un informe de UBS Investment Research, es muy poco probable que se expulse a un país de la zona euro. Aunque dicha zona no debería existir, pues se está viendo que no funciona con los parámetros actuales, ahora no hay más remedio que tomar una de las dos decisiones siguientes: o bien se consigue una mayor integración fiscal de los países miembros de la zona euro, sin expulsar a ninguno, o bien se expulsa a los más peligrosos, lo que llevaría seguramente aparejada la ruptura de la moneda común.
Ahora bien, las consecuencias de la segunda opción de este dilema pueden ser desastrosas. La primera sería que la creación de una nueva divisa o el retorno a la anterior, lo que viene a ser lo mismo, tendría un coste elevadísimo y provocaría ataques en cascada de los mercados contra otras economías débiles que permanecieran en el euro. El país que volviera a su antigua divisa tendría que denominar su deuda en euros, lo que la duplicaría o en su nueva divisa, lo que le conduciría a una quita estatal y corporativa. Es muy probable además que ese país tuviera que bloquear sus bancos para evitar la retirada masiva del dinero depositado en ellos.
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