Dios y Alá

La idea de Dios como razón empieza a perfilarse en Jenófanes, uno de los primeros en demoler el panteón griego, continuó en Platón, que pensó acertadamente que la existencia del dios único no podía revelarse a las gentes so pena de destruir los cimientos de la pólis, y culminó en Aristóteles.
Según esta idea, Dios no está por encima de la razón, pues él mismo es razón. En esto hay una neta diferencia con el islam, pese a los esfuerzos de algunos filósofos, como Averrores (1126-1198), que fue condenado a prisión en Lucena y Marrakesh por causa de su sistema filosófico y teológico después de quemar sus libros en Córdoba. En el islam triunfó la idea que pone a Dios por encima del hombre, de su razón, su voluntad y su acción, por encima de todo.

Dios

¿En qué piensa el Papa cuando habla de Dios? ¿Qué clase de ser es Dios?
El ateo dirá tal vez que no tiene por qué preguntarse una cosa semejante, pero está en un error. Justamente por ser ateo tiene que saber qué es lo que niega. Si yo digo que no existen los gamusinos es porque sé qué es un gamusino: un animal imaginario que se utiliza en muchos pueblos de España para gastar bromas a niños y cazadores novatos. El ateo tendría que ser el primero en saber qué es lo que él dice que no existe, pues en caso contrario estaría corriendo el riesgo de no negar nada.

El alma

La expresión «alma humana» que utiliza el Papa suena a algo arcaico y en desuso. Pero cuando se entiende que el alma es, entre otras cosas, sentir y pensar, se ve que lo de menos son los vocablos. Sentir es lo que hacemos al tocar, oler, gustar o ver y pensar lo que hacemos al discurrir sobre la cuenta del supermercado o sobre el tiempo que habré de tardar en leer esta entrada.
Una diferencia entre ambas actividades es que cuando se está en la primera no hay seguridad completa de estar todos  en lo mismo. Yo puedo ver las cosas borrosas, como en los cuadros impresionistas, porque soy miope, y otro ver las cosas claras porque no lo es. Al razonar, por el contrario, es fácil que todos estén en lo mismo. Sea un teorema sencillo de geometría, el que dice que por un punto cualquiera de una recta solo puede trazarse una perpendicular a dicha recta. Se demuestra definiendo la perpendicular como la línea recta que deja dos ángulos de noventa grados, uno a cada lado de sí misma, sobre otra línea, y haciendo ver que si se traza un línea oblicua, que deja, por ejemplo, ciento setenta grados a un lado y diez a otro, y se la va levantando hasta el extremo opuesto, se comprobará que solo hay una posición en que deje un ángulo recto a cada lado, que es lo que quería demostrarse.