Un tirano se distingue de un rey, según el P. Juan de Mariana, en que el primero “todo lo atropella y todo lo tiene por suyo”, mientras el segundo sabe que nadie, ni siquiera él, es dueño de los bienes de sus vasallos. Dado que los impuestos son una apropiación de dichos bienes, deben contar por este motivo con el consentimiento de sus propietarios.
Mariana padeció un año y medio de cárcel por orden del Duque de Lerma (“el mayor ladrón de España para no morir ahorcado se vistió de colorado”), por las alusiones que hizo a varios ministros que habían cambiado el peso de la moneda. Es sabido que la inflación hace que disminuya el patrimonio de que uno es dueño, porque hay que comprar las cosas más caras. ¿Dónde ha ido la diferencia entre lo que se tenía antes y lo que se tiene después? Al Ministerio de Hacienda, porque es un impuesto. Su nombre antiguo es “señoreaje”, pues consistía en la ganancia que obtenía el señor de la manipulación de la moneda, rebajando su contenido metálico. Después fue práctica extendida la de recurrir a la máquina de imprimir billetes. Pero hay otros procedimientos más sutiles y no menos efectivos. Uno es el referido por Bernanke y Abel –Macroeconomics– y se aplica como sigue. Sigue leyendo