Constitutivo formal del ente finito

El rasgo más radical del ente finito reside en su estructura interna de esencia y existencia. Frente a esta tesis, tanto el esencialismo como el existencialismo han pretendido disolver o unilateralizar dicha dualidad, mientras que otras corrientes han cuestionado su forma concreta. Examinadas ya estas objeciones, se impone ahora determinar con rigor si el ente natural y finito es, en efecto, una composición real de lo que es y de su acto de ser (cf. González Álvarez).

Conviene precisar desde el inicio que tal composición no debe entenderse como agregación de partes. El ente no resulta de la yuxtaposición de dos realidades —una esencia y una existencia— que, al unirse, produjeran una tercera. No se trata de una estructura aditiva, ni de una distribución espacial o funcional de componentes. La cosa no es parcialmente esencia y parcialmente existencia: es enteramente esencia y enteramente existente. Ambos principios se dan en ella de modo total, aunque no idéntico.

Por ello, esta composición no puede asimilarse ni al modelo orgánico —en el que las partes se suceden y se distinguen realmente— ni al de una estratificación en capas, como si la existencia recubriera externamente a la esencia. Tampoco es análoga a la relación entre el alma y sus facultades, donde, aun estando el alma presente en todas, no se manifiesta de igual modo en cada una. La estructura del ente finito es más radical: se trata de una correlación de potencia y acto, donde la esencia es principio determinable y la existencia principio determinante. Ambos no son cosas, sino co-principios de una única realidad.

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Singularidad de la sustancia primera

Proseguimos el examen de la sustancia finita deteniéndonos, una vez más, en la sustancia primera. Lo primero que de ella debe afirmarse es su carácter individual; pero esta afirmación, lejos de ser inmediata, exige esclarecimiento. Sabemos ya que sustancia es aquello a lo que compete existir en sí, esto es, aquello cuyo ser no es en otro ni por otro como en sujeto.

Desde el punto de vista de su esencia, la sustancia puede ser simple o compuesta. En este último caso, sus principios constitutivos son la materia y la forma; en el primero, se trata de sustancias separadas de la materia, como las inteligencias puras. La sustancia completa constituye un en-sí perfecto, mientras que la incompleta, en cuanto naturaleza, se halla ordenada a la materia para realizar su operación propia. Así ocurre, por ejemplo, con el alma humana, que, aun siendo en sí singular, no agota su realidad sino en unión con la materia.

Cuando la sustancia completa existe, recibe el nombre de sustancia primera: es aquello que es en sí y existe en sí. Por el contrario, considerada en razón de especie, puede aparecer como incompleta, en cuanto ordenada a su actualización en el compuesto. Ahora bien, toda sustancia completa, en cuanto tal, es necesariamente singular e individual: su modo de ser excluye no sólo el existir en otro, sino incluso el comunicarse como tal a otro. Esta incomunicabilidad del “en-sí” es lo que la tradición designa como suppositum.

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