Ayatolás, mujeres y Satán

Vas paseando a tu cita diaria con el periódico y el café. La gran luminaria brilla en lo alto, prometiendo una jornada gozosa. La brisa matinal colabora en esa promesa. Ves a cierta distancia una silueta de mujer bella; al aproximarte compruebas que sus ojos son verdes, que son grises, que son zarcos; te sonríe cuando te acercas porque le has cedido el paso. Te preguntas si puede haber una mujer de ojos verdes, de ojos grises, de ojos zarcos, que no sea bella. Te respondes tú mismo que no. Que no hay mujer alguna que carezca de toda gracia, que sin ellas no habría dicha en este mundo. ¿Qué sería de nosotros sin nuestras madres, esposas, hermanas, hijas…?

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