El tirano compra voluntades

Gabriel Maureta Aracil (1832–1912): El marqués de Santillana

He sabido que una vicepresidenta del gobierno se ha propuesto comprar la afección de los jóvenes dando veinte mil euros a cada uno. Yo considero esto una grave inmoralidad. Trataré de dar unas razones explicando por qué.

Se aprenden muchas cosas observando el dinero: si se regala, se gana, se roba, se obtiene por medio de añagazas y trampas, si se da a cambio de la voluntad de los electores, etc.

Si el dinero no se obtiene por consentimiento libre entre las partes, sino por coerción, si los improductivos mandan sobre los productores de mil maneras, imponiéndoles “fines bellos, sublimes y espirituales” –también “culturales”-, si no se trafica con mercancías, sino con favores, si el soborno está a la orden del día, si la ley castiga a quien gana el dinero con su esfuerzo honrado arrebatándoselo y premiando con él al haragán, como pretende hacer la vicepresidenta (pues de hecho considera o convierte en haraganes a los receptores de su regalo), entonces la sociedad ha caído tan bajo que difícilmente podrá ya levantarse. Esto de los veinte mil euros regalados es una muestra de todo ello.

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No tendrás nada y serás feliz

En un Foro Económico Mundial se ha hecho énfasis en esa doctrina: “En 2030 no tendrás nada y serás feliz”. Es una conjunción cuyos términos pueden ser verdaderos por separado, pero no juntos. Es posible no tener nada y también es posible ser feliz, pero no las dos cosas a la vez. Lo prueba de modo irrefutable Domingo de Soto, el teólogo dominico que fue confesor de Carlos V.

La argumentación que presenta en su De iustitia et iure sobre el dominio, la libertad y la propiedad difumina como por ensalmo la bruma de la doctrina enunciada en Davos. Empieza distinguiendo entre derecho y dominio, o propiedad, de una cosa. Si bien el segundo envuelve al primero, no sucede al revés, porque, aunque toda propiedad de cosas está contenida en el derecho, no todo derecho puede incluirse en la propiedad o dominio. Los hijos, por ejemplo, no tienen dominio alguno sobre sus padres, pero sí derechos, como el ser alimentados, cuidados y educados. El dominio sobre una cosa es poder de utilizarla a conveniencia, pero el derecho no tiene que ver con esto.

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