Vayan estas palabras a modo de salutación al tiempo que llega, que es también el tiempo que se va. No hay un año nuevo ni un año viejo. Ambos son convenciones arbitrarias. La cifra del que ahora ha llegado, 2022, se debe a un fraile medieval que, buscando el año exacto del nacimiento de Jesús, erró el cómputo. Las palabras de este artículo puede que sean inusuales, por mencionar la ontología, que, como todo el mundo sabe, trata de averiguar qué son las cosas y cuáles existen, y provocadoras, por llevar a la fe en Dios. La argumentación que sigue va del ser del tiempo a la divinidad.
El ente es el dato originario
No es la Idea ni el conocer lo primero, sino el ente. Todo lo pensado, sentido o imaginado se presenta como algo: una entidad, aunque solo sea en imagen. El ser, pues, es presupuesto de todo acto mental. Se conoce una cosa cuando está presente, al menos virtualmente, a los sentidos. Lo primero que se conoce son entes sensibles, concretos, determinados. La inteligencia no empieza replegándose en sí, sino abriéndose al mundo.