Del origen de la duda ontológica, y de cómo nace de ella la filosofía

No hay en el común de los hombres perplejidad sobre el ser de las cosas, ni agitación del ánimo al oír decir que hay números reales, partículas elementales, almas espirituales o naciones soberanas. Cada cual discurre por su arte y profesión, y si sabe mucho o poco, lo tiene por suficiente. Mas cuando un espíritu … Leer más

El ente en la filosofía de Aristóteles

Aristóteles, nacido en Estagira el año 384 antes de la venida de Cristo, de profesión médico por ascendencia paterna y por formación filósofo, floreció en la escuela del divino Platón, de quien fue discípulo aventajado y, no obstante, renovador audaz. Criado entre las ciencias naturales y los cuerpos vivientes, no tardó en inclinar su ingenio … Leer más

Del ser y del no ser, y de cómo Parménides impugnó a Heráclito y a la común opinión de los hombres

Parménides, varón de agudo ingenio y no menor severidad en el juzgar, contradijo a los sabios que le precedieron, y entre todos a Heráclito, que afirmaba que todo cuanto es, muda y se transforma. Mas Parménides, buscando asentarse sobre principios firmes e inconcusos, no consintió tal sentencia, pues vio que en ella se encerraba contradicción … Leer más

Conocimiento y realidad en Platón

1. La percepción sensible

De las varias clases de conocimiento, el más fiable, el auténtico, tendrá que ser aquél que no pueda ser puesto en duda razonablemente por nadie. Para ello deberá ser infalible. Pero no sería suficiente: podría tratarse de un conocimiento infalible pero vacío, lo que le impediría ser auténtico. Luego el conocimiento debe ser infalible y tener por objeto lo que es, no lo que no es.

¿Puede la percepción sensible ser esta clase de conocimiento? Para contestar es preciso ver antes si cumple las dos condiciones mencionadas. En primer lugar, si fueran lo mismo la percepción y el conocimiento, de tal manera que no hubiera ningún conocimiento que no fuera percepción, habría otras actividades mentales que no podrían ser utilizadas para conocer. Tal la memoria: debería admitirse que quien ha conocido y recuerda, pero sin percibir en ese instante, no conoce de verdad. Si, por el contrario, se defiende que recordar algo es conocerlo, será porque percepción sensible y conocimiento no son exactamente equivalentes. Luego parece claro que la percepción no es todo el conocimiento.

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El materialismo filosófico

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La esencia en las sustancias separadas

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Género y especie

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Pulchrum transcendentale

Creen algunos que la belleza es, junto a la unidad, la verdad o la bondad, una propiedad trascendental del ente. Para otros esta creencia carece de fundamento. Aquellos tienen a suprimir toda referencia al placer en la definición de lo bello, por lo que ponen en duda o trata de modificar la referencia de Tomas en Summa theologiae, I, 95, 9, 5, ad 1: “se llaman bellas las cosas que una vez vistas producen agrado”. Estos, por el contrario, no toleran tal supresión y deducen que lo mismo que la verdad se da en la relación de lo real al entendimiento, así se da el agrado en relación a la voluntad, por lo que éste es nota esencial de la belleza. Dado que todo bien ya es de suyo deleitable, concluyen, no es oportuno añadir la belleza a la serie de los trascendentales una vez que entre éstos se cuenta ya el bien.

Ideas de Viernes Santo

Un hombre es un ser que nunca se completa y nunca llega a ser total, dice el existencialista. Rodeado de otras muchas cosas que constituyen el mundo y constituyen incluso su mundo, comprende que todas ellas son seres enteros y verdaderos, pero que a él le falta lo importante. Él no es como ellas. Él siempre tiene alguna reserva de lo que todavía no es, por lo que siempre tiene algo que hacer. Ellas no. Y esa reserva de posibilidades no se habrá de agotar antes de que cese en la existencia, cuando todas las cosas sigan siendo y también siga siendo la cosa por la que él se habrá trocado. Seguirán siendo sin él.
Dejar de existir no es la nada, sino la nada de él y en cuanto que se encuentre en ese estado, la muerte no es nada, pues no puede sentirla ni conocerla. Entiéndase bien: lo de “encontrarse en ese estado” es una mera combinación de palabras sin sentido alguno. ¿Habrá que recordar aquí los argumentos de Epicuro contra la realidad de la muerte? Más o menos dicen así: