Conocimiento y realidad en Platón

1. La percepción sensible

De las varias clases de conocimiento, el más fiable, el auténtico, tendrá que ser aquél que no pueda ser puesto en duda razonablemente por nadie. Para ello deberá ser infalible. Pero no sería suficiente: podría tratarse de un conocimiento infalible pero vacío, lo que le impediría ser auténtico. Luego el conocimiento debe ser infalible y tener por objeto lo que es, no lo que no es.

¿Puede la percepción sensible ser esta clase de conocimiento? Para contestar es preciso ver antes si cumple las dos condiciones mencionadas. En primer lugar, si fueran lo mismo la percepción y el conocimiento, de tal manera que no hubiera ningún conocimiento que no fuera percepción, habría otras actividades mentales que no podrían ser utilizadas para conocer. Tal la memoria: debería admitirse que quien ha conocido y recuerda, pero sin percibir en ese instante, no conoce de verdad. Si, por el contrario, se defiende que recordar algo es conocerlo, será porque percepción sensible y conocimiento no son exactamente equivalentes. Luego parece claro que la percepción no es todo el conocimiento.

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El materialismo filosófico

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La esencia en las sustancias separadas

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Género y especie

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Pulchrum transcendentale

Creen algunos que la belleza es, junto a la unidad, la verdad o la bondad, una propiedad trascendental del ente. Para otros esta creencia carece de fundamento. Aquellos tienen a suprimir toda referencia al placer en la definición de lo bello, por lo que ponen en duda o trata de modificar la referencia de Tomas en Summa theologiae, I, 95, 9, 5, ad 1: “se llaman bellas las cosas que una vez vistas producen agrado”. Estos, por el contrario, no toleran tal supresión y deducen que lo mismo que la verdad se da en la relación de lo real al entendimiento, así se da el agrado en relación a la voluntad, por lo que éste es nota esencial de la belleza. Dado que todo bien ya es de suyo deleitable, concluyen, no es oportuno añadir la belleza a la serie de los trascendentales una vez que entre éstos se cuenta ya el bien.

Ideas de Viernes Santo

Un hombre es un ser que nunca se completa y nunca llega a ser total, dice el existencialista. Rodeado de otras muchas cosas que constituyen el mundo y constituyen incluso su mundo, comprende que todas ellas son seres enteros y verdaderos, pero que a él le falta lo importante. Él no es como ellas. Él siempre tiene alguna reserva de lo que todavía no es, por lo que siempre tiene algo que hacer. Ellas no. Y esa reserva de posibilidades no se habrá de agotar antes de que cese en la existencia, cuando todas las cosas sigan siendo y también siga siendo la cosa por la que él se habrá trocado. Seguirán siendo sin él.
Dejar de existir no es la nada, sino la nada de él y en cuanto que se encuentre en ese estado, la muerte no es nada, pues no puede sentirla ni conocerla. Entiéndase bien: lo de “encontrarse en ese estado” es una mera combinación de palabras sin sentido alguno. ¿Habrá que recordar aquí los argumentos de Epicuro contra la realidad de la muerte? Más o menos dicen así:

Analogía del ser

Algunas cosas son lo mismo en número. Si se pregunta quién es este hombre y se responde que Sócrates, entonces este hombre y Sócrates son la misma cosa. Otras son distintas en número, pero son lo mismo en especie. Si se dice que Sócrates es hombre y que Protágoras también lo es, está claro que … Leer más

División de las causas II

Una causa puede ser también simple o compuesta. Puede ser simple tanto si es causa por sí como si lo es por accidente. Cobrar impuestos es algo que puede hacer un funcionario de la hacienda pública o el poeta y ambos hacerlo como causa única, a pesar de que uno es por sí y el otro por accidente. En ambas situaciones se da la causa sin adición de otra cosa, como hizo notar Avicena. La causa será compuesta cuando sea necesario que concurran varias cosas en ella, como los bueyes cuando tiran del arado o de la carreta.
Por último, unas causas están en acto y otras en potencia. Lo primero sucede cuando el poeta ha escrito un soneto o del mármol se ha hecho una estatua, pues el soneto y la estatua están en acto. Lo segundo cuando todavía no existe el efecto, pero puede existir, como en el caso del poeta que no ha acabado aún su soneto o del bloque de mármol del que todavía no se ha extraído la estatua.

División de las causas I

Cada una de las causas puede dividirse de varias maneras. Una es la división según lo próximo y lo remoto y otra según lo principal y lo secundario. El arte del médico es causa principal de la salud y el médico que lo aplica es causa secundaria de lo mismo, pero el médico es causa anterior y el arte posterior. Viene a se lo mismo entonces decir causa próxima que posterior y remota que anterior. Estas dos divisiones significan, pues, lo mismo.
Por otro lado, se llama causa remota a la que es más universal y próxima a la más específica y así se dice que la forma de la definición de hombre, que es animal racional mortal, es más próxima que animal, y que el ser sustancia es más remota. Es así porque las formas superiores lo son de las inferiores. Con respecto a la materia sucede algo similar, pues la materia próxima de la estatua es el mármol y la remota el cuerpo.

Unión de las causas

El fuego es causa eficiente porque produce fuego, formal porque al hacer que algo arda lo que hace es que pase de potencia a acto y final porque el agente actuó con la intención de tener fuego. Las tres causas se unen en una sola.
La última de éstas, el fin, puede ser fin de la operación o de la cosa operada, pues el fuego es por un lado el fin que se propuso el agente, pero dar calor es el fin del fuego. Por otro lado, el fin de la operación puede ser a veces lo mismo que la causa eficiente y la formal cuando lo que se produce es algo de igual especie, como cuando el grado de trigo produce una espiga.