Mosca: las oligarquías

Entender la realidad política observando el oleaje diario es tarea imposible, porque los movimientos profundos permanecen ocultos. Entenderla con los conceptos otorgados por las ideologías de los que contienden por el poder no es otra cosa que apoyar uno mismo sus intereses sin participar de sus ganancias. Para ir tras la verdad efectiva de la … Leer más

Gustavo Petro

“Y si habla mal de España, es español”. No falla. Pocas verdades hay tan seguras como ésta desde hace varios siglos, desde que España fue un Imperio Generador. La profieren de vez en vez ciertos individuos cuyos antepasados biológicos de hace cinco siglos marcharon a las Américas y las civilizaron, dándoles lengua, religión (la religión verdadera), arte, derecho, arquitectura, universidades y moral. Individuos cuyos antepasados biológicos de hace dos siglos decidieron que era conveniente separarse de la Madre Patria y fundar sus predios propios y exclusivos, unas veces para no tener que aceptar la Constitución liberal de Cádiz, como fue el caso de Méjico, otras para entregarse al Imperio Inglés, como fue el de Colombia y los demás.

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La democracia gestionada de Putin

Boris Yelstin en 1999

La sucesión en el poder es uno de los más graves problemas que tienen todos los sistemas políticos. Ha recibido el nombre de morbo gótico por causa de la ausencia de reglas sucesorias aceptadas entre los nobles godos. De los treinta que accedieron al trono, doce fueron asesinados para ocupar su lugar. Las monarquías aceptadas por la población no suelen padecer este mal. Tampoco las modernas democracias. El poder pasa en éstas de un partido a otro sin violencia. En alguna ocasión, se hace uso de propaganda perversa para demonizar al adversario, como en España el PSOE cuando el PP contaba con todas las posibilidades de ganar unas elecciones, pero no se llega a más, al menos de momento.

En Rusia no ha habido desde hace más de cien años un sistema de normas claro para nombrar al gobernante una vez que cesa el anterior. La revolución de 1917, un cambio de dinastía en realidad que aumentó hasta el límite el dominio sobre la población y ensanchó las fronteras, no produjo normas sucesorias. Como lo suyo era la generación del hombre nuevo, no se preocupó de estas minucias. Ello explica, por ejemplo, que Estalin tardara seis años en afianzar su poder y que tuviera que hacerlo por medio del la violencia.

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