Los sellos invisibles

La necesidad de sentirse distinto

Desde algún país europeo. Primer tercio del siglo XX. Bajo las luces gastadas de los bulevares de París, mientras los cafés vierten vino y sospechas, se murmura aún hoy sobre la “Federico Barbarroja”, esa supuesta sociedad militar secreta alemana con tres millones de miembros. ¿Fantasía política? Tal vez. ¿Miedo disfrazado de fábula? Más seguro aún. Pero los alemanes conocen bien ese cuento y, en lugar de desmentirlo del todo, prefieren inventar otros.

No los inventan en las novelas, sino en las cervecerías, entre jarros de espuma y colillas, entre manos callosas y miradas serias. Hablan con gravedad de medios misteriosos capaces de hacer caer del cielo a los aviones enemigos, y del “Dingemittel”, esa palabra absurda y mística, ese polvillo secreto que multiplicará las cosechas como lo haría un profeta del Antiguo Testamento.

Leer más

Las sombras que rezan

Sobre el lugar de los sacerdotes de la sospecha

Hace ya más de un siglo, en una biblioteca alemana donde el polvo era una capa de siglos y no de días, apareció un libro grueso, pesado como un oráculo y frío como un bisturí. Su autor, Alfred Lehmann, director de un laboratorio donde se diseccionaba la mente humana, se propuso la inusual tarea de atrapar, catalogar y aniquilar el murmullo que vive entre las grietas de la historia. Superstición y Hechicería se llamó la criatura. Y con ella, Lehmann creyó haber cercado el jardín secreto de las religiones encubiertas.

Pero ese jardín profundo, húmedo y resbaladizo no se deja cartografiar tan fácilmente. Porque quien llame “superstición” al fervor que se arrastra por las rendijas de las catedrales caídas no ha entendido nada. El mundo del espíritu, incluso disfrazado con máscaras de sangre y misterio, está más emparentado con la razón que con la necedad. Es su hermano indómito, su sombra luminosa. La verdadera superstición, en cambio, no argumenta, no deduce, no construye, sino que se agazapa. No quiere saber, sino sólo creer.

Leer más

Sobre lo importante de las religiones encubiertas

No debe atenderse al delirio, el fraude, el engaño o la mistificación, sino a la fe del creyente.

Antes de examinar las formas concretas que adoptan hoy las religiones encubiertas, formas tales como sectas, cultos, movimientos de apariencia espiritual, ideologías transfiguradas, etc., conviene detenerse en una dificultad preliminar que, sin ser nueva, tiende a empañar el juicio con un velo de simplificación: el problema del fraude.

Carl Christian Bry lo expresa con meridiana claridad: se suele comenzar el estudio de estas religiones preguntando si son auténticas o falsas, si sus líderes son visionarios sinceros o meros estafadores. Esta pregunta, que parece la principal, y que acaso sea la única para muchos, encierra el riesgo de subestimar la cuestión misma por reducirla a una pesquisa moral o penal, con lo que se niega, sin desearlo, la posibilidad de comprender lo que se juzga. Y eso, en el fondo, es un modo de inmunizarse contra la inquietud y el estudio objetivo de este asunto.

Leer más

El salero invisible

Antes de ser símbolo, fue cosa, y antes de ser condena, fue recipiente de sal

En cada calle, detrás de cada ventana, junto a cada lámpara de noche que vela los sueños de los hombres, vive un pensamiento único, un filamento incandescente que se ha tragado el mundo. Así empiezan las religiones encubiertas: con una sola vela ardiendo en la oscuridad, convencida de que basta su llama para iluminar el universo entero.

Son monomanías necesitadas de tratamiento, sin duda, pero vestidas con la túnica del profeta, el disfraz de lo absoluto. Cogen una verdad, una sola, una chispa de certeza, y la inflan como un globo aerostático hasta que cubre el firmamento entero, y todo lo demás se vuelve sombra, o alimento para la llama. Su magia no está en su mentira, sino en su media verdad. Eso las hace funcionar. Y eso las hace peligrosas.

Leer más

Conclusión sobre los orígenes de la religión en la Prehistoria

En el estudio de los siglos pretéritos, no sin causa se ha convenido entre los sabios que la historia comienza donde comienza la escritura, pues sin ésta, instrumento fiel de la memoria racional, la humana posteridad carece de testimonio cierto que le afiance lo acaecido. De aquí que cuanto hay antes del trazo primero del … Leer más

Leroi-Gourhan sobre los inciertos indicios del alma en la Prehistoria

De que pueden reconstruirse algunos estratos materiales, pero casi ninguno espiritual No sin razón advierte el sabio francés que, mientras los signos del tiempo, como los estratos, los utensilios o los pólenes, pueden recogerse con diligencia y método, los indicios del alma, del pensamiento y de la religión primitivas, requieren una fatiga exquisita y una … Leer más

De la propagación de la especie humana y del misterio de la prehistoria

De cómo la atracción de la pregunta por los orígenes nos sume en la más completa oscuridad. En edades que exceden toda medida y en tiempos cuya duración se disuelve en la bruma de lo incalculable, tuvo lugar la expansión de la especie humana sobre la redondez del orbe. Esta propagación, sin embargo, no fue … Leer más

De los orígenes ignorados y de los signos esenciales de la humanidad

Los momentos originales más importantes del espíritu humano nos son desconocidos. Ninguna noticia cierta poseemos de los momentos primigenios en que el espíritu humano comenzó su andadura histórica. Aquellos instantes en que lo humano se elevó sobre la pura vida natural están envueltos en sombras tan espesas que apenas si podemos aventurar conjetura. El curso … Leer más

Vestigios humanos primitivos y la formación cultural de la humanidad

O sobre qué puede hallarse en la edad primitiva del hombre para hacerse una idea sobre la religión original Entre los datos más significativos que ofrece la paleontología humana, deben destacarse dos hechos de notoria relevancia. El primero se refiere a la dispersión geográfica de los hallazgos de restos óseos humanos: en efecto, en regiones … Leer más