Sobre la selección nacional de fútbol

Recibimiento de la selección española-Madrid

La sed de identidad es universal y profunda. El deseo de pertenencia hunde sus raíces muy adentro. A nadie debe extrañar este hecho. Siempre fue así y siempre será así. Esta sed y este deseo no pueden borrarse, porque son parte imprescindible de las comunidades políticas. Lo que cambia son las cosas en que, a modo de fetiches totémicos, se objetivan.

Las lenguas son algunos de esos seres en que identidad y pertenencia cobran cuerpo, pero desde hace muy poco tiempo. En los siglos medios podía encontrarse en el Camino de Santiago alguien que venía de Alsacia con alguien que venía de Milán. No hablaban la misma lengua, pero se reconocían como miembros de la misma comunidad en la misa, oficiada en una lengua sagrada, el latín, que ambos desconocían. Cuando las sociedades del continente europeo dejaron de ser religiosas, tuvieron necesidad de otros signos de identidad y pertenencia.

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Igual que lo saco lo quemo

Pedro Sáncez

Fue un exponente castizo de dualidad moral, lo que es igual que inmoralidad que hace ostentación de sí misma. Uno de tantos, a decir verdad. Era un individuo de Huelva, aunque alguien me ha dicho que de Málaga. Eso no importa mucho, porque pertenece a una especie muy extendida y pudo ser de cualquier sitio.

El sujeto había cobrado afición a la quema de imágenes religiosas durante la Guerra Civil, mas hete aquí que, al finalizar ésta, un correligionario suyo pudo ver que era uno de los porteadores de las andas de un santo cuya imagen había reducido a cenizas un año o dos antes. El compadre, extrañado, se lo recriminó, y él respondió: “No te confundas conmigo, que igual que lo saco lo quemo”.

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Cataluña y Putin

Rusia es seguramente el país más activo en el ciberespacio. Resulta casi imposible saber el éxito que obtiene con ello, pero el hecho de que su presencia en el quinto dominio en forma de guerra de información sea tan persistente tiene que deberse a grandes ganancias políticas que se irán descubriendo con el paso del tiempo. Esta clase de guerra es negada cuando hay indicios de ella, lo que no es otra cosa que tratar de poner una valla a una posible escalada que pudiera desembocar en enfrentamientos armados. Biden ya advirtió de esta posibilidad, pero parece que sus adversarios del Kremlin no lo han creído.

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