Ley eterna y ley natural

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Santo Tomás de Aquino

Las obras de Aristóteles no fueron bien recibidas por la cristiandad medieval. Transmitidas a través de árabes y judíos, traían el sello de la infidelidad religiosa. De hecho la Universidad de París prohibió su lectura en 1210. Más tarde hubo algunas otras prohibiciones, si bien apenas tuvieron seguimiento.
Pese a todo, el extraordinario vigor filosófico y teológico del cristianismo medieval se mostró menos en la superación de esos obstáculos que en la admirable reinterpretación de Aristóteles, una empresa que corrió a cargo de dos dominicos: San Alberto Magno y su alumno Santo Tomás de Aquino.

Claudio Adrián Helvecio

Claudio Adrián Helvecio, nacido el 26 de enero de 1715, un ilustrado francés que estudió en un colegio de jesuitas, siguió luego la doctrina de Locke y pasa por ser, junto a Condillac, uno de los máximo promotores del materialismo en Francia, escribió De l’Esprit, una obra precursora de la actual educación para la ciudadanía.
Los hombres solo se hacen buenos si tienen buenas leyes, dice Helvecio. El arte del legislador consiste en hacer que sean justos unos con otros por el amor a sí mismos. Éste es el sentimiento principal, único, que anida en su corazón y mueve sus acciones. La naturaleza ha grabado en ellos de forma indeleble la preferencia por sí mismos, de donde deriva que aborrezcan el dolor y amen el placer. De ahí vienen todas sus virtudes y todos sus vicios.

La memoria histórica

A nadie debería ocultársele ya que la locución “memoria histórica” es un señuelo ideológico, una parte del conjunto de imágenes y conceptos que un sector de la sociedad elabora con el fin de combatir a otros sectores. Ese fue el sentido que Marx dio a la palabra “ideología”.
Que la historia tiene que ver con la memoria fue una ocurrencia banal de Francis Bacon en el siglo XVII. Bacon clasificó las ciencias por las facultades psicológicas de las que, según él, dependen: la filosofía y las matemáticas de la razón, la literatura de la imaginación y la historia de la memoria. Esta clasificación fue seguida en el siglo XVIII por D’Alembert en su Discurso preliminar de la Enciclopedia y hoy puede decirse que es un rasgo esencial del progresismo español.

Edmund Burke

Edmund Burke, nacido en Dublín el 12 de enero de 1729, aceptó la demolición del derecho natural llevada a cabo por David Hume. La naturaleza del hombre es el artificio para él. Las instituciones políticas de una sociedad no proceden de un pacto entre individuos, lo que no sería más que una ficción histórica, sino que se han ido formando en la historia y la historia las ha santificado.
La constitución, la monarquía, los jueces, la nación en suma, son algo que no se entiende como una asociación voluntaria de individuos ni como una decisión de todos ellos, sino como el resultado de circunstancias, hábitos civiles y morales, etc., que tienen continuidad en el tiempo. El individuo y la multitud son estúpidos, pero no la especie, que es prudente y obra siempre bien cuando se le da tiempo.

El impuesto destructor

Los impuestos pueden tener un fin recaudatorio, pero también pueden tener otros fines y en muchas ocasiones no es fácil distinguirlos. El anterior gobierno del PSOE gravó las bebidas alcohólicas y el tabaco buscando incrementar la recaudación. Si en lugar de ello hubiera buscado la supresión de ese consumo, lo que habría seguido más de cerca su intención de cuidar nuestra salud más incluso que nosotros mismos, tendría que haber elevado la imposición mucho más, hasta lograr disuadir a la gente.
Si lo hubiera hecho habrían disminuido las ventas, se habría paralizado la producción y al final el consumo de alcohol y tabaco habría dejado de generar impuestos. El final habría sido el mismo si los consumidores hubieran decidido obtenerlos por medio de la producción ilegal y el contrabando. Todo el mundo sabe lo que sucedió en Chicago a principios del siglo pasado.

El impuesto progresivo

Dicen Marx y Engels en El manifiesto del partido comunista que una vez que la revolución obrera haya tomado el poder para el proletariado habrá que ir despojando poco a poco a la burguesía "de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado”, cosa que solo podrá hacerse al principio “mediante una acción despótica sobre la propiedad y el régimen burgués de producción”. 
Las medidas que habrá que tomar, agregan, serán un resorte propulsor imprescindible para transformar el régimen económico de mercado en una economía comunista. De las diez que enuncian, aplicables con mayor o menor intensidad según el país de que se trate, la segunda es “un fuerte impuesto progresivo”. Otras que vale la pena mencionar son la expropiación de la propiedad inmueble, la supresión del derecho de herencia, la centralización del crédito en el Estado y la nacionalización de los transportes. Todas ellas se enderezan a la liquidación de la propiedad privada.

Samuel von Pufendorf

El barón Samuel von Pufendorf, nacido el 8 de enero de 1632, fue jurista, economista, hombre de estado, historiador y filósofo político. En esta última faceta de su personalidad contribuyó a la gestación y desarrollo del derecho natural en la Edad Moderna.
La filosofía política empezó a separarse de la teología a principios del siglo XVII. Con ello tuvo que ver el que las disputas religiosas pasaran a un segundo plano, el que las ciencias geométrico-materialistas estuvieran alcanzando un notable éxito en la explicación de la naturaleza física y, sobre todo, el que la vuelta al estoicismo, al platonismo y al aristotelismo, propiciada esta última por la gran obra de Santo Tomás de Aquin en el siglo XIII, inculcaran en las mentes una gran dosis de racionalismo y naturalismo. Como consecuencia de todo ello, las organizaciones políticas se empezaron a ver también como fenómenos naturales accesibles a la observación y al razonamiento lógico.

El Padre Francisco Suárez

Francisco Suárez, el Doctor Eximio, nació en Granada el día 5 de enero de 1548. Además de una gran obra de metafísica y teología, escribió un libro monumental de filosofía política titulado De legibus y otro menor, pero imprescindible para completar las ideas de aquél y para comprender la cólera que las doctrinas de su autor provocaron en Jacobo I, rey de Inglaterra, que ordenó que se quemaran ambos en la plaza pública.
Suárez define la ley como “un precepto común, justo y estable, suficientemente promulgado”. ¿En qué clase de sociedad es posible cumplir la ley? No en una familiar, que es imperfecta, sino en una que tenga como fin no que los hombres sean buenos, pues esto pertenece a la libertad de cada cual, sino que sean buenos ciudadanos, lo cual no es lo mismo.

Dos clases de ignorancia

De las especies de tonto, la suprema es una cierta clase de ignorancia sobre la que ha pensado la filosofía desde su nacimiento en las obras de Platón. Su figura se encuentra bien dibujada en El banquete, donde se relaciona con el amor al saber.
Sócrates dice en este diálogo que el dios Amor es hijo de Poros, el Recurso, y de Penía, por lo que no puede ser otra cosa que privación, miseria, carencia de hogar, rudeza y terquedad. El amor, en suma, es feo. Por eso ama la belleza, pues nadie ama lo que tiene ya.

Solidaridad humana

Por resolución número 60/209 de fecha 22 de diciembre de 2005, la Asamblea General de la ONU, decidió “proclamar el 20 de diciembre de cada año Día Internacional de la Solidaridad Humana” por ser la “la solidaridad … uno de los valores fundamentales y universales” en que deben basarse “las relaciones entre los pueblos en el siglo XXI”.
El nombre “solidaridad” parece nuevo y solo a duras penas consigue disfrazar el viejo concepto significado por él. Se trata de un nombre que no debía existir en el idioma español del Siglo de Oro, pues no aparece en autores como Cervantes o Quevedo. Ni siquiera se encuentra en filósofos como Kant o Hegel. Sí se halla, aunque una sola vez en el Diccionario filosófico de Voltaire, bajo el rubro de “Médicos”. Aparece con profusión solo a principios del siglo XX. Mises dedica muchas páginas a hablar de los solidaristas, refiriéndose a los socialistas.

Tolerancia

Ser tolerante hoy es ser moralmente bueno y, sobre todo, un demócrata. El intolerante, por el contrario, es malo y antidemócrata. La tolerancia es la virtud moral y politica suprema. Se relaciona con la libertad de opinión, de palabra, prensa, etc., entendida como la obligación de respetar la opinión de toda persona, sea quien sea.
Pero esto es indefendible, pues equivale a creer que todos los individuos tienen pleno uso de su razón y por tanto tienen el derecho a ser oídos.

Cortes generales

El artículo 66, párrafo primero, de nuestra Constitución establece que “las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado”. El párrafo segundo del 67 añade que “los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo”.
Representar al pueblo español significa que por muy ligado a sus amigos, a sus familiares y a su tierra que se hallen un diputado o un senador, por muy grande que sea el amor que tengan a su gente y a su lugar de procedencia, su juicio debe ser sereno y su conciencia clara, y ambos deben mirar por el pueblo de cuyas Cortes son miembros y no por los intereses locales hacia los que se inclinen sus sentimientos, porque ellos representan al pueblo español y no a una parte de él y no están ligados por mandato imperativo de dicha parte.

Socialdemocracia nihilista

Ante la euforia de que pueden quizá participar algunos de los que se han alegrado del triunfo del Partido Popular español puede venir bien tomar una cierta distancia para volver a las líneas generales de actuación de los partidos políticos.
No debe olvidarse, por ejemplo, que los instrumentos principales utilizados por la oligarquía para mantenerse en el poder son la coacción y el consenso. Las castas políticas nacidas para dominar el estado-nación surgido del derrumbamiento de las anteriores monarquías han aprendido a utilizarlos con una gran maestría. El consenso se construye sobre el miedo, la propaganda, cuyo poder es hoy mayor que en pasado gracias a los medios de comunicación de masas, y el monopolio del poder que, según se dice, es propiedad del pueblo, de la llamada ciudadanía, pero que en la práctica pertenece en exclusiva a los que se dicen representantes suyos, por más que no existe un solo significado del término “representación” que lo permita.