La flor del tulipán

Unas décadas después del boom y el crac de la deuda española y francesa hubo otro boom y otro crac en Holanda. Fue un terremoto en las finanzas de este país provocado por la delicada flor del tulipán. El tulipán es una planta bulbosa de la familia de las liliáceas. Cuenta en la actualidad con unas ciento cincuenta especies, entre las naturales y las obtenidas por medio de los cambios genéticos introducidos en su cultivo por los floricultores y botánicos desde el siglo XVI. Es una planta poco resistente. Una helada o un exceso de sol hacen que se marchite.
El nombre se lo puso Herr Busbeck embajador de su Majestad Imperial de Austria en la corte de Soleimán el Magnífico. Haciendo el camino de Viena a Constantinopla, este diplomático no se cansaba de admirar una flor que los turcos llamaban turbán, procedente de un vocablo persa que significa turbante. Él tradujo la palabra turca por “tulipán”. Desde su puesto en la corte del rey turco escribió a su señor ensalzando la belleza de la flor. En pocas semanas el tulipán viajaba desde el reino de la Sublime Puerta en dirección a Europa. El bulbo recaló en los invernaderos imperiales y en los jardines de los Fugger. Merced a las buenas labores del botánico Closius se aclimató pronto a los fríos del Mar del Norte. Pero tuvieron que transcurrir más de cincuenta años hasta que los holandeses enloquecieron por él.

¡El rey no paga!

Un boom es un globo que se hincha poco a poco hasta hacerse tan grande que el más leve roce le hace explotar. Entonces sucede el crac. Krack en alemán, o crash en inglés, es el sonido de un cristal que se rompe. En un cielo azul sin nubes estalla de pronto un trueno, se desata el vendaval y las ventanas del salón saltan en añicos. Un boom y un crac.
Dice Kostolany en Así es la bolsa (Vergara, Barcelona, 1962, pág. 85 y stes.) que el primer boom y el primer crac sucedieron en las monarquías española y francesa en 1557. Eran los tiempos de Carlos V y Felipe II en España y Enrique II en Francia. La cantidad de dinero que entonces disponía un rey era infinitamente menor que la que ahora pueden manejar Zapatero o Rajoy. Téngase en cuenta que ni el Imperio Español ni el Reino de Francia eran estados asistenciales como los actuales. No tenían que pagar las televisiones públicas, la sanidad, la educación, las pensiones, las subvenciones a las ONGs, el cine y los sueldos de casi medio millón de profesionales de la política.

La mentira en política

El octavo mandamiento ordena decir la verdad (“No levantarás falsos testimonios ni mentirás”). Hay varias clases y grados de mentira. Una, por ejemplo, es la mentira oficiosa, que se dice a alguien con el fin de agradarle, otra la piadosa, para que no se entristezca, etc. Es de suponer que hay varias clases y grados en el vicio, también debe haberlos en la virtud, y, por tanto, en la verdad, que es la virtud opuesta a la mentira. En ella, en efecto, hay dos clases principales. Una es la referida a la vida individual, que es la rectitud de quien vive conforme con la ley moral, y otra la referida a la justicia, que guarda relación con las otras personas. Sobre esta última pido que se preste atención un momento.
Puesto que no nos resulta posible vivir si no es en sociedad, no tenemos más remedio que obligarnos a aquellos actos que sostienen y fortalecen los lazos sociales. Es decir, estamos obligados unos con otros, y no por solidaridad, amor, etc., sino por nuestra naturaleza. Con esa naturaleza nuestra tiene que ver la virtud de la justicia, que consiste en dar a cada uno lo suyo.

Socialismo o libertad

Agresión institucional contra la libre iniciativa, que puede tomar la forma de expropiación, de protección estatal de un sector frente a otros, de monopolio en la venta de bienes y servicios, de organización estatal de la producción económica, etc. Eso dice Huerta de Soto que es el socialismo. Teniendo en cuenta que una nota esencial del hombre es su capacidad de actuar de forma libre y creativa, el socialismo es entonces una agresión contra la naturaleza humana misma. La historia del socialismo es muy antigua. Ya los valdenses del siglo XII, que adoptaron el nombre de insabattatos, negaban todo tipo de propiedad. En su forma moderna es un tipo de coacción de la libertad que se presenta y justifica a sí misma con un intento pretendidamente científico y contrastado y ya no religioso como el de los valdenses de mejorar la sociedad humana, de hacer que su desarrollo sea más eficaz y de lograr fines justos.
Los seguidores de la idea socialista fustigan la libertad que la puesta en práctica de su doctrina tendría que aplastar como algo negativo e injusto, como la mera libertad empresarial de abusar de trabajadores indefensos. En esto hay que admitir que su éxito ha sido grande. Una vez eliminada la atención al medio, trocado en maldad por la doctrina, queda el fin como algo fastuoso. Así no es extraño que la doctrina sea vista de hecho como una de las creaciones más sencillas, grandes y ambiciosas que ha producido el espíritu humano. Tampco es extraño que sean muy pocos los que han podido librarse de su embrujo. Entre estos pocos habría que contar a Juan Pablo II, que en su Centessimus annus, 48, dice así sobre los excesos del estado asistencial:

Argumentos en espiral

“¿Dónde está el dinero? Tiene que estar en algún sitio”, se preguntan y se responden algunos, creyendo haber dado con la clave del asunto. Incluso D. Luis Martínez Sistach, cardenal de Barcelona, ha dicho: "antes había mucho dinero y ahora me pregunto: ¿dónde está el dinero?, ¿se ha quemado?, ¿se ha perdido?".
La respuesta no puede ser más fácil. El dinero que hay en España se debe. Todo o casi todo. Se debe incluso más de lo que hay. Más del que España produce, así que si hay aquí algún dinero es que no debería estar aquí, porque hay que devolverlo.

Thomas Hobbes

Thomas Hobbes of Malmesbury vino al mundo un día cinco de abril de 1588. Fue el primero que confeccionó una teoría política no inferior a la de Aristóteles, siendo su polo opuesto. Se desligó de la teología y consiguió apoyarse solamente en el poder de la razón, siguiendo el camino trazado antes que él por Maquiavelo. No debe extrañar ese intento, que estaba presente también en hombres de religión como el P. Suárez, para quien el poder se asienta sobre los gobernados.
La filosofía política de Hobbes ve al hombre como un compuesto de dos contrarios, la pasión y la razón. Por la primera se halla en posesión de un apetito natural que le empuja a apoderarse del máximo de cosas para sí mismo. De ahí deriva, por un lado, el hecho de que la naturaleza nos ha hecho tan semejantes que incluso el más débil puede matar al más fuerte si se alía con otros o actúa con astucia. Todos los hombres son iguales, pues, en esto: en que uno puede matar a otro. Del mismo apetito deriva, por otro lado, que, deseando todos los mismos bienes, es inevitable que choquen entre sí, lo que viene agravado por la igualdad existente entre todos, pues si fueran unos inferiores y otros superiores no abrigarían los primeros esperanzas de vencer a los segundos y no pensarían en rebelarse, como no se rebelan las gacelas contra los leones.

Sobre la huelga general en España y Rusia

La primera república española
De “ignominiosa insurrección” fue calificada la sucesión de actos que condujo a la proclamación de la primera república española, según Engels. Una proclamación que se produjo el día 8 de junio de 1873, después de que el “primer rey huelguista de la historia, Amadeo de Saboya, harto de la corona de España, abdicara de ella y abandonara el país”.

Las elecciones andaluzas

¡Ahora las elecciones andaluzas! Unos, los del PP, preconizan “El Cambio Andaluz”, así, con mayúsculas iniciales, obviando la escasa ortografía y el escaso sentido del lema. Un cambio puede ser a peor, pero no, ellos no lo creen así; cambiar es bueno, el cambio es guay del Paraguay. También dicen que va a haber una educación de calidad. No sé cómo. Y que van a salvar las pensiones de los mayores… ¡Si arrasaran la estructura autonómica de España, tal vez!
¿Y los del PSOE? De risa. Dicen que “Por el camino seguro”. ¿Más camino todavía? ¡Pero si ya llevan treinta años o más! El camino derecho y torcido son uno y el mismo camino ¿Es una burla o se lo creen? Debe ser lo segundo. Añaden además que “Para seguir avanzando en Andalucía necesitamos tu voto. El 25 de marzo, vota Pepe Griñán.” Avanzar, siempre avanzar, siempre adelante y siempre hacia arriba, sin que sepamos qué es subir y qué es andar hacia adelante.

División territorial de España

El artículo 11 de la constitución de 1812 ordenaba “una división más conveniente del territorio español por una ley constitucional, luego que las circunstancias políticas de la Nación lo permitan”
Ese artículo ordenaba en realidad que se eliminaran las divisiones políticas y administrativas del Antiguo Régimen con el fin de garantizar la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos españoles. Como es sabido, las Cortes de Cádiz y la  Constitución promulgada por ellas fueron declaradas ilegales por Fernando VII el 4 de mayo de 1814, por lo que el imperativo del artículo 11 no pudo cumplirse. Hubo que esperar al trienio liberal, iniciado el 1 de enero de 1820, tras el levantamiento del coronel Rafael de Riego en las Cabezas de San Juan. Entonces pudo hacerse.

La constitución de Bayona

Bien está conmemorar la Constitución de 1812, pensada, redactada, defendida y también combatida por españoles a los que movía ante todo su patriotismo. Pero vale la pena recordar que, según algunos, no fue la primera Constitución española. Ese mérito, que es en realidad una vergüenza, le corresponde a la de Bayona, denominada a veces Carta o Estatuto de Bayona. En la historiografía francesa recibe el nombre de Acta Constitucional de España. Fue promulgada el 7 de julio de 1808.
Después de los sucesos del 2 de mayo en Madrid, los indignos Carlos IV y su hijo Fernando habían entregado la corona española a Napoleón, que la dio a su vez a su hermano José, no sin procurar darle un aire de legitimidad a lo que era un robo. Ordenó a Murat que se las ingeniara para que la Junta Suprema pidiera al tal José Bonaparte que accediera a recibir la corona de España, cosa que Murat hizo, si bien de mala gana, pues aspiraba él mismo a ser rey de España. Preguntó a la corporación qué miembro de la familia Bonaparte sería mejor visto en el trono español. La respuesta fue digna, dadas las circunstancias: que no eran válidas las renuncias de Carlos y Fernando y que, en consecuencia, no existía el derecho de transferir a otro el cetro.

El monopolio sindical

La exención de responsabilidad civil a los sindicatos viene de lejos. La Trade Dispute Act inglesa, de 1906, les otorgaba la irresponsabilidad por las faltas más graves, permitiéndoles gozar de un privilegio que no se concedía a ninguna persona física o jurídica.
Con ello no se ha estimulado nunca la lucha por la igualdad, sino por el privilegio. Schumpeter se quejaba ya en 1942 de que al no aplicar la ley a los piquetes se estaba dando cobertura legal a la amenaza de fuerza y exoneración de responsabilidad por los daños causados, lo que no era, en su opinión, otra cosa que admitir que los sindicatos pueden delinquir.

La legitimidad sindical

Durante la etapa franquista el Estado español fue hostil a las asociaciones horizontales de clase y protegió a las verticales. En la etapa parlamentaria prohibe las verticales y protege y financia a las de clase hasta el punto de haberlas convertido en monopolios laborales que caen fuera de su control y es casi imposible destruirlos sin que el propio Estado democrático corra un grave riesgo.
Antes eran ilegales. Ahora no solo son legales sino que el prestigio que les otorgó la prohibición anterior les ha dado un aura tal de legitimidad que se han convertido en instituciones privilegiadas a las que se exime de la obligación de responder ante la ley como cualquier otra institución privada. Esto es un fracaso de la democracia.

Ni ricos ni pobres

Dado que los potentados y los desheredados de la fortuna se temen unos a otros, es muy difícil, si no imposible, que tramen algo conjuntamente. Unos temen el yugo de los otros y desconfían entre sí. Por eso solo pueden estar de acuerdo en que gobierne la gente de en medio. Es lo que sucede cuando luchan dos partidos contrarios, que necesitan un árbitro que no pertenezca a uno ni al otro.
Muchos gobernantes han cometido el mismo error: dar demasiado poder a los ricos y engañar luego a los inferiores. Con ello solo han logrado un mal de un bien que no era verdadero. La ambición de los ricos es inagotable y es causa más corriente de la ruina de los Estados que la de los pobres.

La mediana fortuna

Las razones mencionadas en las fichas dedicadas a las clases medias explican por qué en naciones donde está extendida la pobreza extrema en un lado y en el otro la extrema riqueza, escaseando la fortuna mediana, como sucede en algunas de Sudamérica, del mundo árabe, etc., se apodera del mando para sí sola la demagogia oligárquica.
La demagogia y la oligarquía eran dos gobiernos opuestos en la Antigüedad, pero en nuestros días parecen formar una sola unidad. Se debe esto o bien a que los demagogos toman el poder gracias a sus artimañas y luego se enriquecen con él o bien porque son los oligarcas quienes lo hacen y luego aprenden a ser demagogos. A nadie se le escapa que lo más frecuente es lo primero, aunque no faltan ejemplos de lo segundo. En todo caso, logran ser más duraderos de lo que había concedido Aristóteles a estos regímenes, pero, pese a todo, están amenazados de inestabilidad.

Las correciones paternas

Hace unos días arrestó la Guardia Civil a los padres de una chica de 16 años por haberla castigado a no salir de casa un fin de semana. El cuerpo armado actuó cumpliendo alguna norma promulgada por la Administración de Andalucía y la propia Junta de esta región aprobó el hecho.
No habiéndose tratado de un castigo brutal ni humillante, sino de una corrección paterna usual, se pregunta uno qué es lo que persiguen la ley y la Junta de Andalucía para justificar tales cosas.