El ente en la filosofía de Aristóteles

Aristóteles, nacido en Estagira el año 384 antes de la venida de Cristo, de profesión médico por ascendencia paterna y por formación filósofo, floreció en la escuela del divino Platón, de quien fue discípulo aventajado y, no obstante, renovador audaz. Criado entre las ciencias naturales y los cuerpos vivientes, no tardó en inclinar su ingenio … Leer más

Del ser y del no ser, y de cómo Parménides impugnó a Heráclito y a la común opinión de los hombres

Parménides, varón de agudo ingenio y no menor severidad en el juzgar, contradijo a los sabios que le precedieron, y entre todos a Heráclito, que afirmaba que todo cuanto es, muda y se transforma. Mas Parménides, buscando asentarse sobre principios firmes e inconcusos, no consintió tal sentencia, pues vio que en ella se encerraba contradicción … Leer más

Sobre metafísica

Un hombre piensa, siente, imagina, y como pensar, sentir e imaginar son acciones que acontecen en lo que él llama su interior, cree que proceden enteramente de ahí. Se concibe a sí mismo como el manantial de donde emanan pensamientos amores, creencias y proyectos. Cuesta convencerse de lo contrario, pero lo contrario es lo cierto. … Leer más

El big bang

Este vasto mundo, tal vez infinito, que otrora llamaron “la creación” los que creyeron en un propósito trascendente, se inició por virtud de un acontecimiento colosal ocurrido hace entre diez mil y veinte mil millones de años. La narración que desentraña su origen no palidece en magnificencia frente a las antiguas cosmogonías: los estoicos, por … Leer más

La cultura, sucedáneo de la gracia

Se hace necesario estudiar teología para saber qué lugar ocupa la religión y no confundirla con otros sectores de la vida, como es el caso del concepto de cultura que a continuación pretendo analizar, siquiera sea de modo escueto y simple. El actual concepto de cultura es un sustituto de la idea de gracia. No es el único que ha adquirido carácter religioso. También están el de progreso, el de utopía y otros.

Soy deudor de Gustavo Bueno en las consideraciones que siguen.

1. La fuerza expansiva del concepto

Algo muy digno debe hallarse en la idea de cultura cuando son tantos los que se inclinan ante ella y le rinden veneración. Tal vez sea que “la cultura hace al hombre”, como dicen muchos. O que, como dicen otros de manera redundante, sin ella seríamos como las bestias del campo, libradas a su mero instinto. ¿Cómo no inclinarse ante lo que nos eleva sobre nosotros mismos al liberarnos de nuestra animalidad? La cultura es lo supremo, la diferencia específica que separa al hombre de la naturaleza. Hay que mostrarle entonces el máximo respeto. El animal cultural, como define Carlos París[1] al homo sapiens, debe su ser a esa totalidad compleja que incluye elementos tan variados como herramientas y máquinas, normas morales, económicas o religiosas, instituciones sociales, realizaciones artísticas, etc.

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La libertad

¿Dependen de un hombre sus propias acciones o más bien le van llegando sin mandar él sobre ellas y siendo zarandeado de acá para allá por el azar? Si es lo primero, si cada uno puede hacer lo que el buen escultor con la piedra, que “saca todo lo superfluo y reduce el material a la forma que existe dentro de la mente del artista”[1], entonces es posible lograr con los talentos propios una personalidad bien trabada, capaz de afrontar todos los sucesos, y puede cada uno ser obra de sus propias acciones. Pero si lo cierto es lo segundo, si cada decisión depende de una necesidad impuesta, entonces la vida sin rumbo es obra de los vientos y las corrientes y uno mismo es siervo de todo y dueño de nada; podrá parece que lo hecho por cada cual es obra de cada cual, pero eso será una apariencia, porque el hombre, un ser más entre los seres, estará sujeto a las causas que rigen el conjunto y la ilusión de la libertad no será distinta de la que pudiera sentir la hoja llevada por el viento que pensara que está volando por propio impulso.

Dos son, pues, las opciones: ser libre y ser dueño de sí o ser esclavo de todo por estar siempre obligado en todo cuanto se hace. Sobre uno de estos dos presupuestos se sustentan cosas tales como la moral, la religión, la ciencia o la administración de justicia: si no hay libertad entonces ha de suprimirse la moral, la religión, al menos la católica, etc., y sin no hay determinismo causal entonces es imposible que exista ciencia alguna. Libertad y determinismo parecen, pues, contrarios entre sí. Es preciso examinar ambos aparentes opuestos.

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El caso del totemismo

Las teorías fundamentales acerca del origen y naturaleza de la religión han sido quizá las primeras interpretaciones rigurosas con que la sociología se ha enfrentado a la psicología. Tachadas frecuentemente de sociologistas, lo que da idea de la línea que las guía, han solido coincidir en pensar la religión, no por lo que ésta tenga … Leer más

Conocimiento y realidad en Platón

1. La percepción sensible

De las varias clases de conocimiento, el más fiable, el auténtico, tendrá que ser aquél que no pueda ser puesto en duda razonablemente por nadie. Para ello deberá ser infalible. Pero no sería suficiente: podría tratarse de un conocimiento infalible pero vacío, lo que le impediría ser auténtico. Luego el conocimiento debe ser infalible y tener por objeto lo que es, no lo que no es.

¿Puede la percepción sensible ser esta clase de conocimiento? Para contestar es preciso ver antes si cumple las dos condiciones mencionadas. En primer lugar, si fueran lo mismo la percepción y el conocimiento, de tal manera que no hubiera ningún conocimiento que no fuera percepción, habría otras actividades mentales que no podrían ser utilizadas para conocer. Tal la memoria: debería admitirse que quien ha conocido y recuerda, pero sin percibir en ese instante, no conoce de verdad. Si, por el contrario, se defiende que recordar algo es conocerlo, será porque percepción sensible y conocimiento no son exactamente equivalentes. Luego parece claro que la percepción no es todo el conocimiento.

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Sobre el socialismo

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El materialismo filosófico

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