Placer y política

Ciro el Grande

La flecha que ha dejado el arco tiene que partir. Si digo que tiene que hacerlo no es porque piense que está bien o que sea conveniente que lo haga. Me refiero al impulso de la flecha una vez que se suelta la cuerda. Tiene que seguir su trayectoria, excepto si la flecha se quiebra o da contra una fuerza mayor capaz de detenerla. Valga esta advertencia como mi último comentario, por ahora, sobre Ayuso y el sentido de su flecha, que no es otro que la Moncloa.

Yo ahora vuelvo a mis cavilaciones. Cavilaciones que pretendo convertir en sondas para detectar las corrientes del fondo, dejando para otros momentos las olas y los días.

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Mascotas sintientes

La ley 17/2021 de 15 de diciembre, artículo 333 bis, reconoce que los animales son seres vivos dotados de sensibilidad. Algún periódico cuyo nombre no recordaré aquí se pregunta qué sucederá ahora que las mascotas serán miembros de la familia una vez que España ha dado ese gran paso en el reconocimiento de los derechos de los animales. A esas dos notas nada más me atengo. Nuestro parlamento reconocerá algún día que es azul el cielo y salada el agua del mar, y cuando algunos diputados bajen a la playa comprobarán, con el orgullo de quien cree mandar sobre los elementos, que el agua y el cielo les obedecen.

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Sayas y Adanero: dos diputados dignos

Ponciano: león del Palacio de las Cortes

El gobierno del pueblo por sí mismo, o democracia, es más real cuanto más pequeña sea una comunidad política, porque los individuos pueden elegir a sus magistrados entre quienes conocen bien. Es casi imposible que el pueblo se equivoque en tales condiciones. Como dice Montesquieu, conoce los hechos en la plaza pública mejor que el rey en su palacio.

Pero es precisamente una plaza pública lo que no hay en comunidades políticas grandes. Hay, sí, municipios y provincias y regiones. Mas las regiones son ya demasiado grandes como para que un candidato sea de todos conocido. También son demasiado grandes las provincias y los municipios. Para que la democracia fuera real los grandes municipios deberían dividirse en distritos menores, de donde saldrían elegidos sus representantes, que elegirían a los provinciales, que a su vez elegirían a los regionales, y éstos a los nacionales. Lo sería más aún si los magistrados superiores estuvieran sujetos al mandato imperativo y pudieran ser destituidos en cualquier momento por sus mandantes.

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¿Qué es Rusia?

A mediados del siglo XVII hicieron esta pregunta a un ministro del zar Alejandro. Respondió que es un Estado que se expande hacia los cuatro puntos cardinales. Es una figura que no conoce límites, una figura sin contornos cuya misión es no detenerse nunca. Es su razón de ser. Su única frontera natural es el Ártico. Comenzó en el Rus de Kiev, actual capital de Ucrania, como una federación de tribus eslavas que perduró entre los siglos IX y XIII, llegando ya entonces hasta el Báltico, el mar Negro, las fuentes del Vístula y la península de Tamán. De aquel Rus procede el nombre de Rusia.

Se extendió durante siglos. Llegó a la frontera china y allí se detuvo. Llegó al Pacífico y lo sobrepasó, hasta Alaska, deteniéndose también en la frontera japonesa. Entre mediados del siglo XVI y principios del XX incorporó cada año un territorio superior al de algunos Estados europeos. Chaadaev, un crítico ruso, dijo que para que se les tomara en serio habían tenido que extenderse desde el estrecho de Behring hasta el río Odra.

Rusia es Europa, pero no lo es como el resto de las naciones europeas. No tiene fundamento étnico alguno, ni lingüístico. Uno de sus zares más importantes, Catalina la Grande, era alemana, uno de sus más importantes poetas, Pushkin, era negro, Estalin era georgiano y en la Federación Rusa actual se hablan más de cuarenta idiomas.

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Ucrania

Los pueblos de la península europea de Eurasia se convirtieron en potencias estatales y dominaron todas las regiones del planeta después de que las exploraciones y conquistas de España y Portugal transmitieran por primera vez al mundo las ideas, técnicas, formas de gobierno, religión, lengua, etc., propias del subcontinente.

El dominio del planeta por las potencias europeas acabó a mediados del siglo XX, cuando los Estados Unidos de Norteamérica se alzaron como primera potencia mundial y como árbitro de las relaciones políticas euroasiáticas después de la Segunda Guerra Mundial, con la rivalidad de la la Unión Soviética. El Imperio de Roma había desempeñado antes una función igual, pero en una escala reducida. La escala es ahora el globo terráqueo. Pero el terreno de juego del poder mundial sigue estando en Eurasia, no sólo porque en Europa se concentra todavía una parte importante del poder económico y político mundial, sino porque en la parte oriental del continente está surgiendo una potencia dominante: China.

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Cayetana y el mandato imperativo

El Grupo Parlamentario Popular ha sancionado a Cayetana Álvarez de Toledo por no obedecer a sus jefes en la elección de candidatos para el Tribunal Constitucional. Más que el hecho mismo me interesa su significado, que tiene que ver con la prohibición del mandato imperativo en el artículo 67.2 de la Constitución. Ésta dice además (Preámbulo y art. 1.2) que todos los poderes del Estado proceden del pueblo español. Aquí creo que hay una incongruencia que trataré de exponer.

La tesis según la cual el poder de legislar es propiedad del pueblo se halla en una escueta fórmula de Tomás de Aquino: “Sólo el pueblo o su mandatario pueden legislar” (ST I-II, q. 90, art. 3, ad-2). Según es sabido, el poder de legislar es el supremo poder, al que los demás están sujetos. El pueblo es su propietario único. No es preciso aclarar ahora qué es el pueblo. El otro término, «mandatario», procede del derecho privado, donde se entiende que es mandatario aquella persona que “en virtud del contrato consensual llamado mandato, acepta del demandante representarlo personalmente, o la gestión o desempeño de uno o más negocios” (DRAE) No es preciso decir que el mandatario viene obligado a responder ante el demandante.

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El tiempo que pasa

Vayan estas palabras a modo de salutación al tiempo que llega, que es también el tiempo que se va. No hay un año nuevo ni un año viejo. Ambos son convenciones arbitrarias. La cifra del que ahora ha llegado, 2022, se debe a un fraile medieval que, buscando el año exacto del nacimiento de Jesús, erró el cómputo. Las palabras de este artículo puede que sean inusuales, por mencionar la ontología, que, como todo el mundo sabe, trata de averiguar qué son las cosas y cuáles existen, y provocadoras, por llevar a la fe en Dios. La argumentación que sigue va del ser del tiempo a la divinidad.

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Ni reyes, ni tres, ni magos

No abrigo intención alguna de quitar brillo a la festividad de la Epifanía del Señor, llamada también de los Reyes Magos. No haría nada que pudiera borrar la sonrisa de los labios de un niño o atenuar el brillo de su mirada. Mi intención es mostrar otro aspecto de la tradición católica.

La noticia que tenemos sobre los tres Reyes Magos visitando al Niño Jesús en Belén viene sólo en Mateo 2, 1-12, donde no se dice que fueran reyes ni que fueran tres, sino solamente que “unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén”. Averiguar que tampoco eran magos requiere detenerse un tanto.

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El amor cristiano

 

Tintoretto: Magdalena penitente

Dice Nietzsche que el amor cristiano es la más fina flor del resentimiento, una flor que habría germinado en suelo judío, en un pueblo siempre vencido y oprimido por sus vecinos y que, no pudiéndose vengar de ellos por causa de su debilidad, proyectó en el cielo un “Jehová vengador”, trocando así su frustración en desquite imaginado. Es un ejemplo de vida descendente heredado por el cristianismo, cuya “fina flor del resentimiento” es una máscara de amor con que disimular el odio real de quien no puede actuar contra una realidad que le supera y domina.

La tesis de Nietzsche es profunda y digna de ser tenida en consideración por haber traído a debate una idea fértil. De ahí que, al estudiarla se comprenda que es falsa, como afirma Max Scheler.

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Inflación: el impuesto escondido

Un tirano se distingue de un rey, según el P. Juan de Mariana, en que el primero “todo lo atropella y todo lo tiene por suyo”, mientras el segundo sabe que nadie, ni siquiera él, es dueño de los bienes de sus vasallos. Dado que los impuestos son una apropiación de dichos bienes, deben contar por este motivo con el consentimiento de sus propietarios.

Mariana padeció un año y medio de cárcel por orden del Duque de Lerma (“el mayor ladrón de España para no morir ahorcado se vistió de colorado”), por las alusiones que hizo a varios ministros que habían cambiado el peso de la moneda. Es sabido que la inflación hace que disminuya el patrimonio de que uno es dueño, porque hay que comprar las cosas más caras. ¿Dónde ha ido la diferencia entre lo que se tenía antes y lo que se tiene después? Al Ministerio de Hacienda, porque es un impuesto. Su nombre antiguo es “señoreaje”, pues consistía en la ganancia que obtenía el señor de la manipulación de la moneda, rebajando su contenido metálico. Después fue práctica extendida la de recurrir a la máquina de imprimir billetes. Pero hay otros procedimientos más sutiles y no menos efectivos. Uno es el referido por Bernanke y Abel –Macroeconomics– y se aplica como sigue.

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¿España vaciada?

Es cierto que una parte del territorio español está poco poblada en la actualidad, pero no que se trate de una “España vaciada”, porque el participio indica una intención perversa de algo o alguien. ¿Del capitalismo acaso? ¿De la especulación?

En España, como en otros países, aumentaron la producción y la reproducción durante muchos años de un modo sostenido y firme. Pero la población no creció en todas partes por igual, porque mucha gente emigró hacia las grandes ciudades.

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Socialismo

Idea grandiosa y a la vez sencilla, una de las más ambiciosas creaciones del espíritu humano, dice Mises del socialismo en un libro dedicado precisamente a probar que el socialismo es imposible; añádase que es idea, solamente idea, fantasía que arraiga en profundas raíces de nuestra tradición. En sus varias vertientes, pero sobre todo en la marxista, ha dado respuestas seductoras a preguntas sobre el sentido de la vida y el destino de los hombres, otorgando a éstos una identidad que sobrepasa su efímera existencia. Ahí reside su enorme fuerza de atracción sobre masas tan grandes de individuos. El éxito del marxismo se extendió a todo el planeta, algo que originó los gobiernos más brutales que hayan existido y no cumplió una sola de sus deslumbrantes profecías y promesas.

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Víctimas fingidas

Son muchos los que, acaso por la conjunción de su carácter, la fuerza de las circunstancias y su fortaleza, han acordado su vida a la directriz recomendada por Marco Aurelio: si puedes soportar tu infortunio no te lamentes, y tampoco si no puedes, porque a tu infortunio agregarás tus lamentos.

La glosa es mía. El contenido del emperador filósofo.

Muchos otros, por el contrario, han hallado el modo de extraer ganancias de sus males, reales o supuestos. Más de los supuestos que de los reales, lo cual es gran vileza. Pero no puede negarse que es un logro admirable, una filigrana inmoral, fingirse víctima, creerlo y, sobre todo, hacer que otros lo crean hasta el punto de hacer recaer sobre ellos la culpa, la hagan suya y quieran repararla. La víctima fingida se transfigura así en verdugo y los supuestos verdugos en víctimas a las que oprimir. No es una perversidad inusual.

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Conspiraciones

Conspiración: dícese de cualquier número de individuos que se agavillan para lograr un fin, sea de la conquista del poder mundial, del dominio sobre un Estado, la destrucción de su soberanía, de rebelión contra un superior u otros semejantes.

Cuando se habla de la “teoría conspirativa de la sociedad” se menciona algo inadmisible, porque es lo opuesto a una explicación que merezca tal nombre. Es la negación de una explicación propia de una ciencia social. Esa gran teoría conspirativa defiende que para entender los hechos sociales hay que descubrir primero a los hombres o grupos que tienen el interés de que tales hechos sucedan. Suele añadirse que tal interés es oculto y tiene que ser descubierto. La teoría es falsa por apoyarse en la suposición de que los fenómenos sociales resultan de los planes de individuos o grupos con poder. Los hechos sociales que la alimentan son casi siempre hechos detestables para casi todos, como el paro, la pobreza, la guerra, la opresión, etc.

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