El ente en la filosofía de Aristóteles

Aristóteles, nacido en Estagira el año 384 antes de la venida de Cristo, de profesión médico por ascendencia paterna y por formación filósofo, floreció en la escuela del divino Platón, de quien fue discípulo aventajado y, no obstante, renovador audaz. Criado entre las ciencias naturales y los cuerpos vivientes, no tardó en inclinar su ingenio … Leer más

Del ser y del no ser, y de cómo Parménides impugnó a Heráclito y a la común opinión de los hombres

Parménides, varón de agudo ingenio y no menor severidad en el juzgar, contradijo a los sabios que le precedieron, y entre todos a Heráclito, que afirmaba que todo cuanto es, muda y se transforma. Mas Parménides, buscando asentarse sobre principios firmes e inconcusos, no consintió tal sentencia, pues vio que en ella se encerraba contradicción … Leer más

Sobre metafísica

Un hombre piensa, siente, imagina, y como pensar, sentir e imaginar son acciones que acontecen en lo que él llama su interior, cree que proceden enteramente de ahí. Se concibe a sí mismo como el manantial de donde emanan pensamientos amores, creencias y proyectos. Cuesta convencerse de lo contrario, pero lo contrario es lo cierto. … Leer más

El big bang

Este vasto mundo, tal vez infinito, que otrora llamaron “la creación” los que creyeron en un propósito trascendente, se inició por virtud de un acontecimiento colosal ocurrido hace entre diez mil y veinte mil millones de años. La narración que desentraña su origen no palidece en magnificencia frente a las antiguas cosmogonías: los estoicos, por … Leer más

Epaminondas y la izquierda

Han pasado dos siglos y los políticos, artistas, intelectuales, filósofos y gentes del común están convencidos de que lo honorable es ser de izquierdas, un simbolismo que al comienzo carecía de interés, pero que se ha convertido en el mejor exponente del enorme atractivo que sigue ejerciendo la Revolución Francesa, alterando un valor arraigado en lo más profundo del género humano.

Gustavo Petro

“Y si habla mal de España, es español”. No falla. Pocas verdades hay tan seguras como ésta desde hace varios siglos, desde que España fue un Imperio Generador. La profieren de vez en vez ciertos individuos cuyos antepasados biológicos de hace cinco siglos marcharon a las Américas y las civilizaron, dándoles lengua, religión (la religión verdadera), arte, derecho, arquitectura, universidades y moral. Individuos cuyos antepasados biológicos de hace dos siglos decidieron que era conveniente separarse de la Madre Patria y fundar sus predios propios y exclusivos, unas veces para no tener que aceptar la Constitución liberal de Cádiz, como fue el caso de Méjico, otras para entregarse al Imperio Inglés, como fue el de Colombia y los demás.

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El diablo, la mentira y Putin

Una vez que Adán paseaba por el Jardín del Edén poniendo nombre a las cosas -desde entonces llamamos lobo al lobo y hiena a la hiena- dio con un extraño ser con porte de fauno: cuernos, patas de cabra, olor a azufre. Lo que hablaron, según cuenta Sánchez Espeso en Paraíso, fue del siguiente tenor: “¿Tú quién eres?”, preguntó Adán; “Soy el diablo”, respondió; pero Adán objetó: “Imposible; el diablo es el padre de la mentira; si tú fueras el diablo, me habrías dicho que no lo eres; pero has dicho que lo eres; luego no eres el diablo”; “Tienes razón; no soy el diablo”, dijo el extraño ser, y se marchó. ¡Lo había engañado diciéndole la verdad!

Si Adán hubiera podido contemplar la puesta de Sol fuera del Edén, habría visto que la gran luminaria estaba siendo oscurecida por un cúmulo de nubes densas, casi negras. Habría contemplado un atardecer triste, porque se había pronunciado la primera mentira en un idioma humano.

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Un hidalgo de Castilla

Un hidalgo de Castilla es un hombre nacido en un reino que no vio el mar. Pudo quizá contemplarlo por vez primera en la mirada de doña Jimena, la gentil esposa del Cid Campeador, cuando fue conducida al reino moro de Valencia. Lo cual sucedió mucho antes de que Castilla se asomara a la Mar Océana en unas carabelas gobernadas por un marino genovés.

Nació y vivió su primera edad en un amplio caserón de amplias estancias y pocos muebles robustos -la ropa olía a jabón en los arcones- de uno de esos pueblos que salpican la inmensa llanada, donde el confín a que llegan los ojos se extiende hasta las colinas azuladas. Siempre habría de recordar los campos ocres en invierno, dorados en otoño, verdes en primavera.

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¡Fuera la historia!

Se dice que el estudio de la Historia de España en bachillerato partirá del año 1812, la fecha que suele ponerse como comienzo de las conciencias nacionales en la Dinastía Imperial que fueron las Españas.

Esa norma no tiene la menor importancia, porque lo que ordena es algo que ya se venía haciendo hace mucho tiempo. Lo que se degrada no es la enseñanza de la historia, que ya está degradada, sino la legislación, que desciende un peldaño más en la degeneración de la enseñanza española, una degeneración que comenzó en 1970.

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¡Fuera la filosofía!

Y fuera también la Ciencia, entrada en la Filosofía según el frontispicio de la Academia de Platón: “Nadie entre que no sepa geometría” o que no conozca cómo se hace una ciencia, un sistema de verdades demostradas.

Una ciencia es un despliegue irreal de la razón y en la razón. Las verdades demostradas hallan en ella y por ella una unidad entre elementos mentales por ella producidos, un entramado de entes de razón que, una vez logrado, no deja de modificarse. No obstante, reproducirá la estructura de la realidad fuera de la mente. Si tal realidad es la salud, será la ciencia de la medicina, si la energía, será la de la física, si el número, será la de la matemática. Así, una parcela detrás de otra, la mente va tejiendo una red que es un calco perfecto, ordenado, de lo que existe fuera de ella.

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La democracia gestionada de Putin

La sucesión en el poder es uno de los más graves problemas que tienen todos los sistemas políticos. Ha recibido el nombre de morbo gótico por causa de la ausencia de reglas sucesorias aceptadas entre los nobles godos. De los treinta que accedieron al trono, doce fueron asesinados para ocupar su lugar. Las monarquías aceptadas por la población no suelen padecer este mal. Tampoco las modernas democracias. El poder pasa en éstas de un partido a otro sin violencia. En alguna ocasión, se hace uso de propaganda perversa para demonizar al adversario, como en España el PSOE cuando el PP contaba con todas las posibilidades de ganar unas elecciones, pero no se llega a más, al menos de momento.

En Rusia no ha habido desde hace más de cien años un sistema de normas claro para nombrar al gobernante una vez que cesa el anterior. La revolución de 1917, un cambio de dinastía en realidad que aumentó hasta el límite el dominio sobre la población y ensanchó las fronteras, no produjo normas sucesorias. Como lo suyo era la generación del hombre nuevo, no se preocupó de estas minucias. Ello explica, por ejemplo, que Estalin tardara seis años en afianzar su poder y que tuviera que hacerlo por medio del la violencia.

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