El viejo político

Nunca fue la edad estorbo para la autoridad. Al contrario, siempre fue un requisito suyo. Las canas eran ornamento y decoro de la cabeza del jefe político para los griegos antiguos. Son estos tiempos nuestros, cuando los relojes han acelerado su velocidad, los que han cambiado esta actitud.

Antes el joven imitaba al viejo por el convencimiento de que los años habían acrecentado su saber. Ahora el viejo imita al joven porque incluso él se ha convencido de que no ha aprendido nada y pretende retener la vida que se le escapa. Ambos están en lo cierto en algún sentido, sobre todo si se dedican al poder y al mando, para lo cual importa poco el saber, pues hay ciencias y técnicas que ponen a disposición del aspirante al poder medios eficientes para un formación más rápida.

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Elecciones y oligarquía

Ante los ojos de quienes aprendan a mirar se está desplegando el drama del poder de nuestro tiempo. Los actores no desempeñan el papel que la gente les atribuye. No representan sus intereses y afanes. No oyen al pueblo, como dicen ellos. Los dramatis personae son de muy distinta índole.

En su plena juventud y vigor, que es el momento mejor para el ejercicio enérgico del poder político, el Rey Sol enunció a la perfección los rasgos que definen la oligarquía: “Las resoluciones deben ser rápidas, la disciplina exacta, las órdenes absolutas y la obediencia puntual”. Rapidez en la toma de decisiones, órdenes tajantes y ejecución de las mismas al instante, he aquí la tríada de conceptos que muestran la esencia de un partido político (R. Michels). Las otras esencias, como la democracia interna -según manda la Constitución Española-, la representación de la voluntad popular, el bien común, la justicia social y otras semejantes son ambiguas e incluso carentes de contenido. En la mayoría de los casos, no son más que anzuelos ideológicos.

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Gustavo Petro

“Y si habla mal de España, es español”. No falla. Pocas verdades hay tan seguras como ésta desde hace varios siglos, desde que España fue un Imperio Generador. La profieren de vez en vez ciertos individuos cuyos antepasados biológicos de hace cinco siglos marcharon a las Américas y las civilizaron, dándoles lengua, religión (la religión verdadera), arte, derecho, arquitectura, universidades y moral. Individuos cuyos antepasados biológicos de hace dos siglos decidieron que era conveniente separarse de la Madre Patria y fundar sus predios propios y exclusivos, unas veces para no tener que aceptar la Constitución liberal de Cádiz, como fue el caso de Méjico, otras para entregarse al Imperio Inglés, como fue el de Colombia y los demás.

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El revolucionario

Frisaría los veintitantos o treinta cuando, abandonados ya los libros religiosos, había tomado otros. Él estaba seguro de pertenecer a una época de hierro, desgraciada, pero una época de parto. Los dioses, o Dios, habíanse esfumado y estaba próxima la Verdad del Hombre, que caminaba con paso quedo en la oscuridad, cada vez más cerca. Sólo era preciso apresurar su paso.

El nuevo Dios llegaría al rayar el alba y, lo mismo que la luz del Sol difumina las candelas particulares, privadas, con que cada cual creer iluminar su vida y promover su felicidad, apagaría todas las esperanzas ilusorias, subjetivas, y resplandecería la Verdad Universal. Era el nuevo Dios, el definitivo. Su evangelista lo había anticipado ya con el saber propio de la ciencia. Creyó en Él, creyó en la Revolución, en el nuevo Sol que venía a iluminar a todos después de la muerte del viejo Dios.

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Los hombres puros no pecan

Viajero, si vas alguna vez a Münster no dejes de visitar la plaza de san Lamberto, que acoge una bella iglesia-catedral consagrada al santo. Te deseo una mañana luminosa, con una temperatura suave y un cielo azul, para que puedas tomar tranquilamente un café con alguno de los buenos dulces que un camarero cortés te servirá, al aire libre, en una de esas terrazas que te recordarán las de Madrid, Sevilla o Málaga. Te aseguro que no te será fácil hallar un paisaje urbano más grato a los sentidos.

Desde tu mesa, con la taza en la mano, podrás examinar el magnífico templo gótico que tendrás enfrente, con su hermosa torre enhiesta, que se alza por encima de todos los demás edificios. Recorre con tu mirada esa torre, que algo llamará inevitablemente tu atención: encima del reloj, prendidas del campanario, hay tres jaulas de hierro; cada una tiene el tamaño de un ataúd. En esas jaulas se expusieron un tiempo los cadáveres de Juan de Leyden, llamado Jan Bockelson, Bernt Kniperdollink y otro dirigente anabaptista cuyo nombre no ha guardado la historia. Fijaron esas jaulas al campanario el mes de enero de 1536. Ese mes fue el final de una pesadilla que había asolado la ciudad desde febrero de 1534, cuando Bockelson y sus apóstoles comenzaron a proclamar por las ciudad la inminente destrucción del mundo y la salvación exclusiva de Münster, que se había de convertir en la Nueva Jerusalén. En ella, que entonces contaba con unos 10.000 habitantes, habrían de vivir solamente los Santos de Dios durante los mil años que iban a comenzar de inmediato, mil años previos a la entrada definitiva en la eternidad. El poder de la oratoria de Bockelson, su magnífica presencia física y la fuerza de su fe arrastraron a las gentes a arrepentirse de sus pecados y hacer penitencia con el fin de entrar puros y santos en el Nuevo Reino, del que Bockelson era el profeta. Hubo algunos que tenían visiones apocalípticas, otros que se arrojaban al suelo exhalando gritos y espumarajos por la boca, otros que entraban en éxtasis, etc., y casi todos se declararon fieles seguidores de aquel profeta de la Nueva Edad.

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La guerra de Ucrania

Las naciones europeas han puesto todo su empeño en liquidarse unas a otras durante demasiado tiempo. Un ejemplo: después de más de cien años de guerra entre mediados del siglo XVI y mediados del XVII, una vez que comprobaron que no podían destruirse, acordaron la Paz de Westfalia, de donde surgió un orden que consistía en vigilarse unas a otras para evitar que ninguna se alzara con la hegemonía sobre las demás. En realidad, seguían estando en guerra, si, como advirtió Hobbes, guerra no es batalla, sino disposición a batallar cuando no hay garantía de paz. Tampoco un día nublado tiene que ser un día de lluvia, sino de amenaza de lluvia.

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El relato

“Relato” es la palabra clave. Roland Barthes, que la extrajo de las obras estrictamente literarias, la puso en circulación y la aplicó a todas las formas de comunicación. Hay innumerables formas de relatar algo, decía, tanto en el lenguaje oral como en el escrito.

Están las imágenes, los mitos, las fábulas, los cuentos, las ficciones, las narraciones, las leyendas, las historias. Los relatos se hallan en la comedia, la tragedia, el cine, las noticias del telediario (donde suele contarse una historia que empieza mal y acaba bien; observen con atención), los cuadros, etc. Están por todas partes y en todas las sociedades. Todo grupo tiene su historia, que sus componentes usan como señal de identidad. El relato está siempre ahí, por encima de naciones y culturas.

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Esclavos: ¿indios y negros?

Suele ligarse la esclavitud a la ejercida sobre indios y negros, pero hay motivos para poner en duda esa generalización. La esclavitud ha sido una práctica mucho más extensa e intensa de lo que se suele creer. Casi nunca tuvo que ver con el racismo, sino con necesidades económicas y militares. Un buen ejemplo de esto fueron las antiguas Grecia y Roma, cuyos esclavos no lo eran por ser de otra raza. Otro ejemplo es el de los pueblos del territorio de los actuales Estados Unidos antes de la llegada de los europeos, cuando unas poblaciones indígenas esclavizaban a otras. Muchos pueblos africanos esclavizaron también a otros africanos. Los musulmanes y los árabes hicieron lo mismo durante muchos siglos. 

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Nación y ley

Ningún hombre tiene derecho de dominio sobre otro hombre. En el orden natural nadie viene obligado a estar a disposición de otro, dice san Agustín en De civitate Dei. Con todo, es necesario vivir en comunidad, porque el estado de anarquía lleva a la más extremada dependencia y esclavitud.

En un estado así hay que pertenecer a alguno de los grupos que se forman de manera espontánea, pero las normas de los grupos son mucho más crueles que las de una comunidad política. En la banda de los cuarenta ladrones se castigaba con la muerte la simple sospecha de delación y algunos grupos religiosos prometen penas eternas por delitos que la ley civil deja al arbitrio del sujeto. Para no ser matados o esclavizados por cosas de poca monta, pese a lo que cree el anarquista, es conveniente y bueno pertenecer a una comunidad política.

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Ayatolás, mujeres y Satán

Vas paseando a tu cita diaria con el periódico y el café. La gran luminaria brilla en lo alto, prometiendo una jornada gozosa. La brisa matinal colabora en esa promesa. Ves a cierta distancia una silueta de mujer bella; al aproximarte compruebas que sus ojos son verdes, que son grises, que son zarcos; te sonríe cuando te acercas porque le has cedido el paso. Te preguntas si puede haber una mujer de ojos verdes, de ojos grises, de ojos zarcos, que no sea bella. Te respondes tú mismo que no. Que no hay mujer alguna que carezca de toda gracia, que sin ellas no habría dicha en este mundo. ¿Qué sería de nosotros sin nuestras madres, esposas, hermanas, hijas…?

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Sobre la selección nacional de fútbol

La sed de identidad es universal y profunda. El deseo de pertenencia hunde sus raíces muy adentro. A nadie debe extrañar este hecho. Siempre fue así y siempre será así. Esta sed y este deseo no pueden borrarse, porque son parte imprescindible de las comunidades políticas. Lo que cambia son las cosas en que, a modo de fetiches totémicos, se objetivan.

Las lenguas son algunos de esos seres en que identidad y pertenencia cobran cuerpo, pero desde hace muy poco tiempo. En los siglos medios podía encontrarse en el Camino de Santiago alguien que venía de Alsacia con alguien que venía de Milán. No hablaban la misma lengua, pero se reconocían como miembros de la misma comunidad en la misa, oficiada en una lengua sagrada, el latín, que ambos desconocían. Cuando las sociedades del continente europeo dejaron de ser religiosas, tuvieron necesidad de otros signos de identidad y pertenencia.

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La bandera andaluza

El viajero está mirando una foto antigua, de Jean Laurent, hecha alrededor del año 1870. Hay bajeles en el puerto y otros veleros de menor tamaño. Algunos, varios siglos antes, habrían venido desde la Nueva España o desde el Perú, y sería otros: galeones, naos o carabelas. Imagina el trajín del puerto en aquel tiempo por el tráfico de mercancías. A ese tráfico acudían gentes de lugares lejanos, que se asentaban en la ciudad. Al fondo destaca la figura de la catedral, con su enhiesta torre, antes alminar, coronada por un campanario renacentista. Todo ha cambiado, pero la catedral sigue ahí.

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El viajero está mirando una foto antigua, de Jean Laurent, hecha alrededor del año 1870. Hay bajeles en el puerto y otros veleros de menor tamaño. Algunos, varios siglos antes, habrían venido desde la Nueva España o desde el Perú, y sería otros: galeones, naos o carabelas. Imagina el trajín del puerto en aquel tiempo por el tráfico de mercancías. A ese tráfico acudían gentes de lugares lejanos, que se asentaban en la ciudad. Al fondo destaca la figura de la catedral, con su enhiesta torre, antes alminar, coronada por un campanario renacentista. Todo ha cambiado, pero la catedral sigue ahí.

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Volverán otra vez las lluvias

Yo me empeño a menudo en que los credos actuales, que castigan el ser más que la acción, no hagan mella en mí. A veces lo consigo y a veces no. He abandonado hace mucho la intención y la necesidad de incluirme en el marxismo y sus especies: el comunismo, el socialismo, el progresismo, el feminismo y otras. También me veo ajeno al ecologismo, al animalismo, al homosexualismo, etc. ¿Soy acaso un conservador? No, pues hay cosas que creo que no se deben conservar, pero otras sí. ¿Soy un retrógrado? Imposible. Eso es algo que puede ser un planeta en su ecuante, pero las sociedades no retroceden ni avanzan. Sólo están en el tiempo.

Soy más bien un reaccionario, porque a veces reacciono ante algunos hechos. El penúltimo ha sido un sello que, por orden del gobierno, quiere festejar el comunismo. Me pregunto: ¿qué es el comunismo? ¿Pronunciaré dictámenes sesudos e intrincados para expresarlo? No. Atenderé sólo a un rasgo. Juzgue el lector si es importante.

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Sobre España

La historia de España se parece a las fases alta y baja de las mareas, a la bajamar y la pleamar, como si no atinara a reposar en el intermedio. Unas veces sufre convulsiones que le hacen retraerse, hasta casi desaparecer; su problema en esos momentos no es ser de una u otra manera, sino ser o no ser. Otras, por el contrario, concentra todas sus fuerzas en un punto y se expande, incontenible, hasta alcanzar una plenitud desconocida para otros pueblos. Otros pueblos han soportado también movimientos telúricos, pero su devenir es en general más suave y apacible. Ejemplo de lo primero, de la contracción, fue el colapso de la monarquía de los godos, un hecho que determinó una nueva edad, el Medievo, la cual no comienza con la deposición de Rómulo Augústulo por Odoacro el año 476, sino con el desembarco de Táriq ben Ziyad en la Roca de Calpe el 711. Hoy vemos que la Edad Media no estuvo definida por la invasión de los bárbaros del Norte, sino por la de los bárbaros del Sur, que originaron una espléndida civilización. España, occidental y católica, casi se extinguió en esa colosal confrontación del islam y el cristianismo.

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Pedofilia

Uno se extraña siempre al comprobar que algunas ideas, por grotescas y atrabiliarias que sean, se hacen reales. Hoy sigo el hilo de una de ellas, la que conduce a la pedofilia. El hilo empieza en una sesión de la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados. La ministra del ramo dijo allí con voz un tanto destemplada que es un derecho de los niños tener relaciones sexuales con quien les dé la gana, “basadas, eso sí, en el consentimiento”. No sé si debo suponer que es el propio Gobierno de la Nación quien habló por boca de la señora ministra, puesto que se trataba de un acto oficial. Pero dejemos eso, que es otra cosa lo que hoy me trae aquí.

El derecho a las relaciones sexuales de los niños defendido por la ministra se entiende que se aplica a las relaciones entre niños y entre niños y adultos. Y esto último es pedofilia. Ella, tratando quizá de evitar esta acusación, añadió la necesidad del consentimiento. Y aquí hay una clave importante del asunto. Dejo de lado lo que dice el Código Penal Español y sigo solamente la deriva de las ideas hasta la realidad.

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