Cámara legislativa


De las leyes, las que sean necesarias no tienen que ser numerosas. Deben además ser claras y, sobre todo, duraderas, lo que sucederá con toda seguridad si son buenas. No hay, en consecuencia, motivo para que los componentes del poder legislativo lo sean mucho tiempo después de haberlas promulgado y, por tanto, la cámara debe disolverse y cada uno de ellos tiene que volver a sus ocupacones convertido en un súbdito más de esas leyes.
Esto pensaba Locke, uno de los padres de la democracia liberal. Pero no es así como parece pensar hoy esa gran cantidad de individuos que han hecho de la dedicación a la vida política una profesión.


 

143. El poder legislativo es aquel que tiene el derecho de determinar cómo habrá de ser empleada la fuerza del Estado, a fin de preservar a la comunidad y a los miembros de ésta. Pero como esas leyes (que han de ejecutarse constantemente y han de estar siempre en vigor) pueden ser hechas en muy poco tiempo, no es necesario que la legislatura haya de estar permanentemente en activo, ni que tenga siempre algo que hacer. Y como, debido a la fragilidad de los hombres (los cuales tienden a acumular poder), éstos podrían ser tentados a tener en sus manos el poder de hacer leyes y el de ejecutarlas para así eximirse de obedecer las leyes que ellos mismos hacen; y como podrían también tener tentaciones de hacer las leyes a su medida y de ejecutarlas para beneficio propio, llegando así a crearse intereses distintos de los del resto de la comunidad y contrarios a los fines de la sociedad y del gobierno, es práctica común en los Estados bien organizados (donde el bien de todos es debidamente considerado) que el poder legislativo sea puesto en manos de diversas personas, las cuales, en formal asamblea, tiene cada una, o en unión con las otras, el poder de hacer leyes; y una vez que las leyes han sido hechas, la asamblea vuelve a disolverse, y sus miembros son entonces simples súbditos, sujetos a las leyes que ellos mismos han hecho; lo cual es un nuevo y seguro modo de garantizar que tengan cuidado de hacerlas con la mira puesta en el bien común. (Locke, J.: Tratado sobre el Gobierno Civil. Alianza Editorial, Madrid 1990)


 

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