El mes de marzo pasado la Comisión Europea dio a conocer el informe Hybrid threats. A comprehensive resilience ecosystem (Amenazas híbridas. Un ecosistema integral de resiliencia), un estudio de las amenazas híbridas que suponen el Nord Stream, el Covid-19, Cataluña, etc. Lo referente a Cataluña se centra en el año 2017 y los sucesos en torno a la declaración de independencia por Puigdemont posterior al referéndum ilegal. El núcleo del estudio versa sobre la relevancia que tiene en Europa y en España la guerra híbrida librada por el Kremlin.
Filosofías de (genitivas)
Tratan de las actividades humanas en general
De la maternidad subrogada y algún otro grave asunto
Lo primero que llegó a mis oídos fue que la madre había concebido un niño en el vientre de otra mujer con un óvulo propio y esperma de su propio hijo. Yo pensé en Edipo -esposo de su madre, hermano de sus hijos, etc.- y el aviso de Tiresias, el adivino ciego que veía mejor que él: “no quieras saber quién eres”.
La biotecnología, sin embargo, puede haber superado a Sófocles y haber hecho del parentesco algo más intrincado y terrible. Cuando supe que en este caso no había sido así, pues la madre no había puesto su propio material genético para engendrar a la criatura, no dejé de sentir cierta inquietud, porque estoy seguro de que han sucedido muchos casos de los que no tenemos noticia, de aquellos que ponían espanto en el ánimo de los atenienses antiguos.
Ratzinger: creyentes y ateos
Se piensa que hay dos clases nítidamente separadas: a un lado los que tienen fe y al otro los que no, a los que se suman los agnósticos.
Pero Ratzinger piensa que esa no es la realidad de nuestro tiempo. En su Introducción al cristianismo, cap. 1., “La fe en el mundo de hoy”, presenta al creyente como un náufrago sujeto a un madero flotando en la nada, a punto de hundirse en cualquier momento, intuyendo que la cruz es más fuerte, pero que el vacío amenaza su ser. En un mar de inseguridad se mantiene a duras penas el creyente, diana de todas las impugnaciones y negaciones de su fe. Podría pensarse que el que no tiene fe vive en su increencia sin problemas. Es verdad que él no suele estar cuestionado por los demás, por las ideologías del presente, porque hoy es su posición la que recibe aprobaciones y parabienes, porque él no necesita dar razones de su ateísmo o agnosticismo y goza de la aquiescencia general.
La bandera andaluza
El viajero está mirando una foto antigua, de Jean Laurent, hecha alrededor del año 1870. Hay bajeles en el puerto y otros veleros de menor tamaño. Algunos, varios siglos antes, habrían venido desde la Nueva España o desde el Perú, y sería otros: galeones, naos o carabelas. Imagina el trajín del puerto en aquel tiempo por el tráfico de mercancías. A ese tráfico acudían gentes de lugares lejanos, que se asentaban en la ciudad. Al fondo destaca la figura de la catedral, con su enhiesta torre, antes alminar, coronada por un campanario renacentista. Todo ha cambiado, pero la catedral sigue ahí.
El viajero está mirando una foto antigua, de Jean Laurent, hecha alrededor del año 1870. Hay bajeles en el puerto y otros veleros de menor tamaño. Algunos, varios siglos antes, habrían venido desde la Nueva España o desde el Perú, y sería otros: galeones, naos o carabelas. Imagina el trajín del puerto en aquel tiempo por el tráfico de mercancías. A ese tráfico acudían gentes de lugares lejanos, que se asentaban en la ciudad. Al fondo destaca la figura de la catedral, con su enhiesta torre, antes alminar, coronada por un campanario renacentista. Todo ha cambiado, pero la catedral sigue ahí.
San Ambrosio y la lectura en soledad
Yo doy mi paseo cotidiano apenas despunta el alba. El horizonte es amplio, el cielo alto y azul. Algunas nubes blancas pasan por él. Siempre miro un instante una gran encina, sólida en su suelo. Paso por un pequeño parque donde las hojas de las acacias emiten un destello verde por la luz sobre el rocío de las hojas. Vuelvo luego a casa y a mi estudio. Me esperan el café y su aroma. Después viene la lectura a solas, durante dos o tres horas.
Abro el libro donde lo dejé: la Confesiones, de san Agustín, capítulo III. Su espíritu, continúa diciendo la página que leo ahora, vivía inquieto en la discusión y la investigación y tenía a Ambrosio como hombre feliz –“sólo su celibato me parecía trabajoso”-; sigue hablando de su maestro y se sorprende de algo. Su sorpresa me desconcierta: el gran predicador que fue el Obispo de Milán, quieta la voz, leía llevando su vista por el texto y penetrando su sentido, pero sin mover siquiera los labios. ¡Leía sólo con los ojos! Intenta san Agustín hallar la causa y dice que lo hace así porque se le tomaba la garganta con facilidad y él tenía que reservarla para la predicación.
El ecologista
El ecologista sería un ser entrañable y cálido, por ingenuo, si no fuera tan peligroso. Tiene el ecologista una visión beatífica de la naturaleza. Es para él tan perfecta y pura que no debe cambiar lo más mínimo. Hay que dejarla sola en su desenvolvimiento, que la lleva a la perfección. Nada puede completarla. Reside en su plenitud divina y solo cabe guardarle respeto, sumisión, admiración y tal vez adoración. El ecologista es un hombre muy piadoso. Cuando se va al extremo, sobre todo si se declara ateo, es un hombre muy religioso. Adora una única divinidad, la naturaleza, de la que, como buen creyente, no sabe nada.
¡Hay molinos en La Mancha!
Veinte o treinta gigantes desaforados vio de pronto don Quijote sobre una colina cuando deambulaba por la extensa llanada. Los brazos de algunos alcanzaban las dos leguas, le dijo a su escudero Sancho, el cual, aun creyendo en la existencia de los gigantes, le hizo saber a su amo que él estaba seguro de que aquéllos no lo eran.
Razones no faltaban al buen hidalgo para sentir pasmo ante lo que veía, porque ni en La Mancha ni en ningún otro lugar de España había habido antes molinos de viento. Muchos siguen creyendo que siempre estuvieron ahí, girando sus aspas para moler el grano. Pero no. Años antes de echarse a los caminos con sus arreos de caballero andante, Alonso Quijano el Bueno pasó por El Campo de Criptana en dirección a El Toboso, donde había conocido a Dulcinea, y allí no había molinos de viento.
Hitler: la raza y la cultura
Para la defensa de la cultura alemana, sobre todo en Austria, la Iglesia Católica representaba un obstáculo porque su cabeza estaba fuera de Alemania, en Roma. Para salvar la suerte del pueblo alemán en Austria, superar la “infeliz división religiosa” existente en toda Alemania y fortalecer la nacionalidad alemana general era preciso, por tanto, atacar a Roma.
Bismarck libró su lucha por la cultura contra el catolicismo. Hitler libró la suya, descrita en su libro Mein Kampf, Mi lucha, por la raza, según suele decirse, pero también fue por la cultura, sea lo que sea lo que significa este vocablo en boca de ellos y de muchos y de muchos otros. Pero es necesario advertir que, si se la cultura se entiende como una entidad más o menos espiritual que se cierne por encima de los individuos, transmitiéndoles su identidad, de manera que al margen de ella ellos no son lo que son, entonces es algo que no existe, un producto mental vacío que no se refiere a nada real.
Nacionalsocialismo y cultura
La SD (Sicherheitsdienst, Servicio de Seguridad nazi) interceptó en 1935 una carta que permitía a las misiones católicas existentes fuera de Alemania enviar dinero a Roma. Se las ingenió a continuación para condenar a muchos años prisión y grandes multas a algunos miembros de órdenes religiosas bajo la acusación de transferir dinero ilegal. Luego pudo publicitarse que la Iglesia de Roma era una gigantesca máquina de acumular riquezas con la intención de que la gente no hiciera donaciones a las obras de caridad católicas.
Las investigaciones sobre estas infracciones monetarias, que en realidad no lo eran, decidieron a los jerarcas nazis a ampliar las acusaciones a otras de homosexualidad y pedofilia. Como consecuencia de ello hubo en 1936 270 procesos por estos supuestos delitos. Los juicios se interrumpieron por la celebración de los Juegos Olímpicos de Berlín, pero cuando éstos finalizaron se reanudaron con mayor intensidad, sobre todo una vez que fue promulgada la encíclica Mit brennender Sorge (Con ardiente preocupación. Sobre la situación de la Iglesia Católica en el Reich alemán), de Pío XI, pues entonces Hitler dio órdenes a su ministro de justicia para que los “juicios de moralidad” tuvieran prioridad y el ministro de propaganda manifestó a la prensa que esos juicios debían presentarse como prueba de la perversidad de la Iglesia Católica.
Totemismo y ciencia
I. Presentación de la teoría: mito y razón en la Grecia Antigua [1]
Un símbolo es un cierto tipo de signo que se esfuerza por hacer que lo inefable encarne en seres concretos. De ahí que los mitos, rituales, poesía, iconografías, el arte en general…. sean agrupaciones de símbolos, pues procuran mostrar lo que no puede ser mostrado. Todos ellos conjuntamente conforman un orden de conocimiento que, pese a haber sido incesantemente fustigado por la objetividad científica y filosófica, ha logrado sobrevivir transmutándose en una paradoja: la de ser fuente inagotable de inspiración filosófica y científica.
El ataque de la iconoclastia contra el simbolismo ha sido especialmente demoledor en dos frentes. El primero es sociológico. Tiene que ver con la ruptura del mundo humano que por todas partes han ocasionado las grandes religiones. Ellas definen y separan —y así crean— al pagano, al sacrílego, al hereje… De este modo producen una escisión capaz de multiplicarse interminablemente. Las grandes religiones suelen ser efecto de alguna revolucionaria libertad de inspiración, pero, una vez trocadas en instituciones sociales sólidas, tienden a negarla, si bien, por las mismas causas que, según se dice, algunos libros se han salvado del paso del tiempo —el haber sido condenados a la hoguera—, los desviacionismos y herejías brotan siempre y permanecen en el seno de las religiones, no a pesar de las persecuciones, sino gracias a ellas. El segundo frente es el del concepto, la claridad y la cordura, de donde siempre han surgido clamores escandalizados contra la insurgencia de la inspiración simbólica. El adalid más destacado en este frente tal vez sea Descartes, quien guiado por su afán de distinguir nítidamente lo mental de lo mecánico, se opuso a que la conciencia pudiera ser afectada por la imagen, que es una acción del cerebro del hombre, un ser confuso de utilidad más confusa todavía: alertar las ideas innatas.
Esencia y realidad de la técnica
Capítulo primero. Naturaleza y técnica.
(& 1.º) Historia de la técnica.
1) Se puede hacer historia de escala menor e historia de escala mayor. La primera no abarca más allá de 5.000 ó 6.000 años. Solamente desde el siglo pasado se hace historia de escala mayor, contando con que el mundo tiene varios miles de millones de años y el hombre varios millones.
2) Han sucedido estas dos formas de hacer historia para la técnica. Aristóteles hizo historia de escala menor. La naturaleza, decía, llega las más de las veces a su perfección por sí misma. El pino llega a pino, el niño a hombre, el potro a caballo, etc. El hombre llegaría a su perfección si fuera filósofo, decía también. Cuando una cosa llega a su fin llega también a su final, pese a que alguno llega a lo segundo antes que a lo primero.
(& 2.º) Qué es naturaleza.
Filosofía, Internet, AAF…
1.- IDEOLOGÍA Y TÉCNICA.
El sentimiento de temor por la técnica, dice Heusch (1), se halla ya en el hombre prehistórico, un cazador-recolector que no puede menos que mirar con cierta inquietud el humo, los ruidos, los objetos nuevos… que salen del taller del primer herrero. Es la inquietud por el secreto que Prometeo había robado a los dioses, el uso del fuego, primer brote y origen de las artes de la civilización… No obstante, el cazador usó las herramientas y armas del herrero, trocando con ello la Edad de la Piedra en la Edad de los Metales. Dejó de ser cazador y se hizo habitante de la ciudad, súbdito del Estado, agricultor, pastor…
El caso del totemismo
Las teorías fundamentales acerca del origen y naturaleza de la religión han sido quizá las primeras interpretaciones rigurosas con que la sociología se ha enfrentado a la psicología. Tachadas frecuentemente de sociologistas, lo que da idea de la línea que las guía, han solido coincidir en pensar la religión, no por lo que ésta tenga … Leer más
Mística y utopía
San Bernardo de Claraval (1091 – 1153), llamado doctor melifluus por su elocuencia, que predicó la segunda cruzada, fue el máximo exponente del misticismo de la abadía de San Víctor, movimiento cuyo iniciador fue Guillermo de Champeaux. Se opuso fervientemente a Abelardo.
San Bernardo utilizó la mística como un arma contra la herejía, en la cual le pareció que desemboca todo movimiento filosófico. De ahí que negara el valor de la razón y del hombre mismo, que solamente puede alzarse sobre sí en la mística y la ascesis que la precede. Inspirado en De amicitia, de Cicerón, y en el Cantar de los Cantares, pensó que la mística es el abandono total del alma en la voluntad de Dios después de haberse liberado de los vínculos corporales. El alma que llega al éxtasis, el supremo estado del proceso ascético, se disuelve en Dios como una gota de agua en el vino.
La clave de Galileo
En un pasaje de La física, aventura del pensamiento, de Einstein, A. y Ehfeld, L., editado el 5 de marzo de 1.958 en la ciudad de Buenos Aires por Losada y traducido por el Dr. D. Rafael Grinfeld, dice lo siguiente un pasaje del primer capítulo, de nombre “Génesis y ascensión del punto de vista … Leer más