Archivo de la categoría: Moral

Ética de Aristóteles

Tres son los temas principales de la ética aristotélica: el bien, la felicidad y la virtud, que conviene precisar en cuanto sea posible para evitar equívocos, pues se trata de tres nombres tan comunes que, como suele suceder, creamos saber todo y en realidad no sepamos nada.

1. El bien

Aristóteles en “Crónica de Nuremberg”.

El primero, el bien, es aquello a que cada cosa tiende, sea en el orden de la naturaleza, sea en el de la acción humana. En aquél es, en general, el Dios-razón, en éste los fines que los hombres persiguen. Éstos no buscan nunca el mal a sabiendas, aunque muchas veces dan con él sin quererlo. Como son una gran muchedumbre de individuos tan distintos entre sí, unos buscarán un fin y otros otro, de manera que habrá muchas clases de bien, tantas como clases de hombres haya: la riqueza para el pobre, la salud para el enfermo, el placer para el voluptuoso, la libertad para el preso, la victoria para el estratega, etc.… Leer más

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Cualquiera, particular, individuo, persona

Ser un cualquiera

De la misma manera que en los árboles del bosque no brotan dos hojas iguales así tampoco nacen dos individuos iguales en el género humano. Cada uno es un yo único e irrepetible, un individuo sin copia exacta posible, un ser vivo que no puede clonarse.

Nadie piense sin embargo que ese yo tan íntimo y tan suyo es siempre íntimo y propio de la misma manera, pues le sucede lo mismo que al agua, que sin dejar de ser agua, puede hallarse en tres estados diferentes: sólido, líquido y gaseoso. Si fuera cierto lo que dijo Tales de Mileto, el agua podría hallarse en muchos más estados todavía, porque podría encontrarse como piedra, diamante, matorral o leopardo.… Leer más

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Ciudadanía

Puesto que todos somos miembros de la pólis, del Estado, todos somos políticos. Lo somos además en un sentido más real y auténtico que los que pertenecen a la “clase política”, aquellos que han hecho un oficio de su dedicación a la conquista del poder. Los verdaderos políticos, o, como les gusta decir a ellos para halagarnos, los ciudadanos, estamos interesados en el buen orden de la pólis por encima de cualquier otra cosa para podernos entregar con tranquilidad y seguridad a nuestras actividades económicas, familiares, religiosas, sociales, deportivas, etc. Para entregarnos a ellas con la tranquilidad de quien sabe que no será importunado en ninguna y con la seguridad de quien tiene a su favor la fuerza del Estado para protegerle de quien trate de impedírselo.… Leer más

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La filosofía

En sus Disputaciones tusculanas, V, 3, 8-9, guardó memoria Cicerón de un hecho que había recogido Heráclides Póntico, discípulo de Platón y hombre de grandes conocimientos: que Pitágoras llegó en cierta ocasión a Fleunte y habló allí tan bien y con tanta elocuencia ante León, el príncipe de los fliasios, que éste, admirado de ello, quiso saber qué oficio profesaba, a lo que respondió Pitágoras que él no profesaba oficio alguno, sino que era filósofo.

Extrañado León de aquel nombre, que se pronunciaba entonces por vez primera, preguntó de nuevo que a qué se dedicaban los filósofos y en qué se diferenciaban del resto de los hombres. Pitágoras contestó que él veía la vida de los mortales muy semejante a lo que pasa en una olimpíada, a la que unos concurren para alcanzar gloria y celebridad después de un duro entrenamiento, otros por ver si ganan algún dinero comprando y vendiendo mercadería, pues aprovechan así la gran cantidad de gente que se congrega con ocasión de una feria semejante, y otros, por último van allí solo para observar y ver lo que sucede y cómo sucede, porque es lo único que les importa, dándoles igual el dinero y la gloria.… Leer más

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Manuel J. Castellano

Ayer tarde me visitó Manuel J. Castellano, que, como todos saben, es un joven bachiller inteligente, algo descuidado y poseedor de un amor al estudio no mayor que su descuido. Venía a contarme lo que había tenido ocasión de oír aquella misma mañana, una mañana jerezana fría, lenta y luminosa como pocas. La rutina diaria le había llevado hasta una de las aulas de la Escuela de Arte, casi esquina entre la Ponce y la Porvera, justo a lado de la Iglesia de la Victoria. Aquel día quería que le vieran por allí. El programa había prefijado que se examinara el concepto de libertad y alguna otra idea aneja a éste, como la de educación o la de moral, uno de tantos asuntos estériles y vacíos que los planes gubernamentales reservan a los jóvenes encomendándolos a la desidia de algún funcionario de enseñanza.… Leer más

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La impostura de Agamenón

¿Habrá que llamar libre al que solamente tiene una oportunidad de obrar? ¿No merece esto más bien el nombre de fatalismo? De ninguna manera. Es más bien su negación. La coartada fatalista está presente por doquier en la poesía y en el mito, donde no ha carecido de una gran belleza. No es otra cosa que creer que las cadenas del hado sujetan de tal manera la acción de un hombre que no puede evitar lo que hace por más que lo intente. No otra fue la justificación de Agamenón cuando en la asamblea de los aqueos admitió haberse apoderado injustamente de Briseida, la bella esclava que pertenecía a Aquiles. Estas fueron sus palabras:

No fui yo, dijo, la causa de aquella acción, sino Zeus, y mi destino y la Erinnia que anda en la oscuridad: ellos fueron los que en la asamblea pusieron en mi entendimiento fiera ate (locura) el día que arbitrariamente arrebaté a Aquiles su premio.… Leer más

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Fuentes de la voluntad

Al tratar de las fuentes generales de la motivación humana es necesario aceptar la antigua distinción entre actos humanos y actos del hombre. Los primeros son los específicos de un ser humano cualquiera, o sea, aquellos por los que se distingue de cualquier otro ser natural, sea un animal, una planta o una piedra. Los segundos son aquellos en que no se distingue de otros seres naturales. Sentir hambre o dolor, oír o ver, dormir, adquirir velocidad tras haberse caído por una ventana y muchos otros sucesos de esta misma índole no pertenecen a la primera clase, sino a la segunda, porque no son voluntarios. Tampoco son voluntarios los llamados actos espontáneos, aquellos que se ejecutan maquinalmente y sin deliberación, como toser, parpadear, etc.… Leer más

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La motivación

Si el aire pensara podría decir: puedo soplar desde el Oeste y entonces ser el Céfiro, o desde el Este y ser el Euro, desde el Sur y ser el Noto, o desde el Norte y ser el Bóreas, puedo aborrascar el mar y hacer que la tormenta se desate sobre el marino, o inspirar una suave y fresca brisa sobre la playa para que disfruten los bañistas. Todo esto está en mi poder. Lo cual es cierto, pero para que se dé una cualquiera de esas posibilidades debe darse antes un cambio, como una diferencia de presión, que la provoque y, una vez producido dicho cambio, lo que viene después tiene que ocurrir.

A un hombre también le resulta posible decir: puedo seguir viviendo con mi familia o irme de casa y abandonarla, o dejar el trabajo que tengo y vivir como un vagabundo, etc.… Leer más

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El asno y el galgo

Luego tampoco merece el nombre de libertad el hecho de que haya o deje de haber varias posibilidades entre las cuales poder elegir, porque la existencia de varias posibilidades se parece más a un impedimento que a una ayuda para la voluntad y la acción. Quienes creen esto añaden a veces que las oportunidades deben ser iguales en atractivo, pero tanto en una forma como en la otra, esta noción no puede mantenerse.

Para empezar, la noción de atractivo es engañosa. Contra lo que suele pensarse, la fuerza de atracción no reside únicamente en el objeto. El motivo principal por el que alguien se siente atraído por algo está en él mismo y no en la cosa. Siendo ya un anciano, el rey David dormía con una muchacha de 16 años, pero no para disfrutar de ella, sino para sentir el calor que su cuerpo no podía ya darle.… Leer más

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Sobre el arrepentimiento

La buena disposición que alguien mantiene con los amigos parece derivar ante todo de la que tiene consigo mismo. Quien desea que los amigos sigan viviendo y siendo como son es porque está conforme con su propia manera de ser y, como le parece buena y nadie quiere lo malo, quiere seguir viviendo y siendo como es e incluso mejor si puede. Queriendo lo bueno para sí, lo quiere también para el amigo. Así parece que son las cosas en la amistad.

A un hombre que haya llegado a tener un carácter acomodado de esta manera nunca le pesa estar a solas y pasar mucho tiempo en su propia compañía, porque le produce placer recordar las cosas buenas que ha hecho y la malas que ha evitado, así como también esperar las que han de venir.… Leer más

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La mentira en política

El octavo mandamiento ordena decir la verdad (“No levantarás falsos testimonios ni mentirás”). Hay varias clases y grados de mentira. Una, por ejemplo, es la mentira oficiosa, que se dice a alguien con el fin de agradarle, otra la piadosa, para que no se entristezca, etc. Es de suponer que hay varias clases y grados en el vicio, también debe haberlos en la virtud, y, por tanto, en la verdad, que es la virtud opuesta a la mentira. En ella, en efecto, hay dos clases principales. Una es la referida a la vida individual, que es la rectitud de quien vive conforme con la ley moral, y otra la referida a la justicia, que guarda relación con las otras personas. Sobre esta última pido que se preste atención un momento.Leer más

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Las correciones paternas

Hace unos días arrestó la Guardia Civil a los padres de una chica de 16 años por haberla castigado a no salir de casa un fin de semana. El cuerpo armado actuó cumpliendo alguna norma promulgada por la Administración de Andalucía y la propia Junta de esta región aprobó el hecho.

No habiéndose tratado de un castigo brutal ni humillante, sino de una corrección paterna usual, se pregunta uno qué es lo que persiguen la ley y la Junta de Andalucía para justificar tales cosas.

Lo que persiguen las correcciones paternas es algo bien conocido: la libertad del joven por medio del control de los impulsos. Al joven le resulta arduo y difícil encauzarlos y como el ser hombre libre y con capacidad de decidir por sí mismo pasa por el dominio de la propia animalidad, la cual impone la satisfacción inmediata de los deseos sin contar con el riesgo que ello acarrea para su portador, los padres tienen el deber de hacerlo en su lugar para que se vaya acostumbrando a interponer una barrera diacrítica entre su deseo y su acción.… Leer más

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